El autobús escolar: Ese campo de concentración con ruedas

Escrito por | Mapaternidad, Personal

Cuando era pequeña, durante todos los años que duró la E.G.B , íbamos en autobús escolar, puesto que el colegio nos quedaba en otro municipio. Decir que para colmo teníamos horario partido (Saludos a la esclavitud. Nunca te lo perdonaré, T*ja-madre), con lo que el bus era nuestra segunda aula, cuatro viajes al día que nos metíamos.

Hubiera podido ser divertido, y de hecho a veces lo era, si no hubiera sido por el monitor que nos tocó desde tercero a séptimo (en octavo me mudé y ya me tocó otro bus), que también era nuestro profe de inglés y tutor durante dos años seguidos. Este personaje, que merece hilo propio, se dedicaba a hacernos la vida imposible, controlando absolutamente todo lo que hacíamos, hasta el punto de ponernos asientos fijos. Con lo cual, siempre teníamos que viajar rodeados de los mismos compañeros, con los que inevitablemente acababa habiendo roces (insultos y peleas, para que nos entendamos).

Por si esto fuera poco, íbamos en un autobús más viejo que la tana, de acordeón, con unos asientos enanos y con un tapiz asqueroso que era un nido de ácaros, polillas y con más vida ahí dentro que el metro de Madrid en hora punta. Todavía recuerdo el olor que desprendía, normal que en mi generación seamos pocos los alérgicos, si aquello te inmunizaba sólo acercarte.

Aquellos asientos eran de dos, pero como eran unos avaros más agarrados que una pelea de pulpos, nos hacían ir de tres en tres, y por supuesto sin cinturones, que ni siquiera había.

Pero volvamos al monitor, no nos descentremos. El Fangoso, como lo llamábamos nosotras, nos tenía controlados cual campo de concentración judío. Se aliaba con el conductor Sandiós, apodado así por su fea costumbre de blasfemar, y nos hacía una auténtica caza de brujas. Si pillaba a alguno comiendo chicle, nos mandaba coger un klinex y pegarlo ahí y luego guardarlo en la mochila. Teníamos terminantemente prohibido ponernos de pie o alzar la voz para llamar a nadie. Pero lo peor es que mezclaba los líos que teníamos en clase, que todo sea dicho, no eran pocos, con el viaje en bus, y venía a abroncarnos delante del resto de compañeros del bus. A mi un día vino y me dijo que “No estaba en la lista negra, pero sí en la gris”, debido a un follón que liamos Eva y yo, y del que hablaremos en otro post. Ni que decir tiene que tuve que contener la risa, so pena de que me aumentaran el castigo impuesto (que por cierto, era un chiste más que un castigo).

Si por ejemplo un día teníamos examen de inglés al día siguiente, y me veía leyendo un libro en el bus de algo no relacionado con el colegio, venía a darme la charla y a decirme que mejor estaba estudiando que leyendo cuentos de hadas. En otra ocasión vino y me dijo que si era verdad que yo iba haciendo por la clase propaganda de mi religión. Todavía me estoy preguntando qué se había fumado ese día este hombre.

Que conste que no sólo lo hacía conmigo, era algo general. Los que estábamos bajo su tutoría éramos acosados constantemente. Claro, estábamos tan reprimidos, que el día que no venía nos desbocábamos cual yegua en ferias y liábamos la del copón. Nos poníamos en la parte del acordeón que era blandito y nos tirabamos como kamikazes en todas las curvas. Lo más gordo fue un día que en un momento que el conductor salió a no sé qué, a un crío no se le ocurrió nada mejor que subirse al volante y no nos matamos todos de chorra pilera. Aquel día los gritos del Fangoso se oyeron en pernambuco.

En fin, yo tengo un trauma con los monitores de autobuses escolares, y que hubiera dado un brazo por ir en el mismo autobús que Eva, aunque no sé si hubiera sido todavía peor… casi mejor así.

Última modificación: 9 abril, 2018

3 Responses to :
El autobús escolar: Ese campo de concentración con ruedas

  1. chema dice:

    jo, a mí en cambio algunos profesores me reñían por estudiar cuando no debía, porque era muy empollón y muy agonías, y en época de exámenes me quedaba dentro del edificio durante el recreo con los apuntes de alguna asignatura… y creo que era lo correcto por su parte, me regañaban justamente. el estudio tiene su lugar y su momento, y desde luego el autobús no lo es.

    1. Virginia dice:

      Chema, yo además estudiaba bien, no era empollona ni un cerebrito, pero en concreto inglés siempre lo aprobé porque se me da bien. La cuestión era molestar 😂

    2. LadyCat dice:

      Para el Fangoso no había más vida que el colegio. Era un escándalo tener amigos fuera del mismo o hacer cualquier actividad fuera. En definitiva, toda nuestra vida debía girar en torno al colegio. A mi madre la tenía frita a llamadas porque todos los putos días cuando llegaba a su casa se ponía a llamar padres a discreción para dar quejas. No debía de tener vida.
      También utilizaba el recreo para telefonear y en una ocasión mi progenitora se presentó en el colegio visiblemente enfadada solo para decirle que tenía bajo su cargo a 200 personas a las que no podía dejar porque él no pudiera con dos niñas de once años.
      Era pesadillesco.
      El primer día de 8° fue uno de los días más felices de mi vida, al comprobar que no seguía siendo nuestro tutor y ni siquiera nos daba inglés.

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