Carta a Julio Basulto: Mi primera ensalada

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Querido Julio:

No se si con esta misiva vas a infartar o a alegrarte enormemente. Pero teniendo noticias buenas y noticias malas, voy a empezar a darte las malas.

Tengo 32 para 33 años y no he comido una ensalada en mi vida.

Lo bueno es que hace poco eso ya ha cambiado. Hace cosa de una semana me comí mi primera ensalada. Llevaba meses comentándolo, rumiando sobre ello. Pero no era capaz. Hubo momentos en los que me armé de valor y la lechuga llegó a entrar en mi boca, pero no había manera. Casi vomitaba. Era plenamente consciente de que tenía un problema.

El caso, es que se pueden pasar los 30 años sin casi comer vegetales y estar sano. Yo lo estaba. Aquí he de decir que jamás en mi vida he comido una chuchería, ni bollería industrial, fruta sí que comía y las legumbres tampoco me eran extrañas. Así que el cuadro tampoco era tan horrible. Era joven y estaba sano… estaba.

Te casas, la vida sedentaria y el mundo moderno te llega. Pones peso… es normal, ya no eres un chaval y el matrimonio permite disfrutar de peli, sofá y aperitivo más de lo recomendable, pero sigues engordando…

Cuando te das cuenta estás a muy poquito de los 100 kilos midiendo 1.73 cms, apenas puedes subir escaleras sin notar el esfuerzo y tu armario está lleno de ropa que no puedes usar. ¿Cómo demonios ha pasado esto?

Comiendo mucho. No comiendo exageradamente mal. Sino comiendo mucho y teniendo unas hábitos sedentarios apabullantes. Y aquí viene una crítica constructiva, Julio. Olvídate de tratar de enseñar a la gente a “comer bien” y centrate en que no coman mal. Yo he perdido casi 30 kilos sin probar un vegetal en mi dieta. Sólo por abandonar ciertos alimentos del todo normales en la dieta de cualquiera.

La gente se come “sólo” un “yogurcito” para cenar cuando se ponen a dieta sin saber que están metiéndose entre pecho y espalda 15 gramos de hidratos de carbono.

Que no te pierda el veganismo. Es tan respetable como cualquier otra opción, no me entiendas mal, pero a mí jamás me hubieras ganado con ello. En cambio, del cerdo pasé a la ternera, de la ternera al pollo, y entre el pollo y el pavo me muevo mientras aumento el consumo de pescado. Y ahora he dado el salto a la lechuga. Pero lo he dado tras más de un año con esa idea metida en la cabeza, sabiendo que jamás llegaría a ella sin pasar por todas las estaciones del camino.

Te alegrará saber que en mi casa hay desabastecimiento de lechuga, tomate y fruta. Y que soy la prueba viviente de que un plato de lechuga, tomate, atún y huevo duro con su aliño, sacia muchísimo más que tres o cuatro hamburguesas o la pizza más grande que haya en el mercado. Te lo dice un converso que aún se mete de vez en cuando una hamburguesa o le da un bocado a una pizza y se descubre a sí mismo pensando: “Joder, con lo que tú has sido y ahora te cuesta hasta masticarlo”.

Julio, hazme caso, nadie escarmienta por boca ajena y moverse a los límites del espectro ahuyenta a muchos como yo.

Al resto, comer ensalda y fruta regularmente me ha costado casi 33 años. ¿De verdad llegasteis a pensar que iba a ser cosa de coser y cantar? Nuestro desconocimiento como sociedad sobre alimentación es atronador. Dejáos de tonterías sobre soja, alimentos ecológicos, etiquetas bio y tonterías de 0% grasa. La grasa es necesaria, en su justa medida. Lo que os hace engordar es vuestro desconocimiento. No hace falta ser nutricionista para comer medianamente bien. Pero nos hacen falta los nutricionistas para no comer mal.

Última modificación: 11 Mayo, 2017

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