Cataluña no puede independizarse

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Entre los meses de agosto de 1997 y 1998, el ministro canadiense Stéphane Dion dirigió 3 cartas abiertas a líderes del soberanismo Quebequés.
En la primera, al 1er ministro de Quebec Lucien Bouchard, Dion ponía en duda las reglas en q éste basaba sus argumentos para defender la DUI.
a) La DUI se basa en el dcho internacional
b) El 50%+1 basta para la secesión
c) Las fronteras del ente que se separa son intocables

“La mayor parte de los países no permiten bajo ningún concepto a sus elementos constituyentes llevar a cabo la secesión”, escribe Dion. “La mayoría de expertos en dcho internacional coinciden en que las partes constituyentes de un país democrático no tienen derecho a declararla”

Con respecto al 50+1:

“Es necesario, en democracia, un consenso para cambios graves, casi irreversibles, que afectarán nuestras vidas y las de generaciones futuras. No es casualidad que todas las secesiones realizadas por vía referendaria hayan ido precedidas de un consenso claro. Sería peligroso intentar semejante operación en la división, sobre la base de una mayoría corta que podría esfumarse ante las dificultades.”

Integridad territorial:

“No hay un solo párrafo, ni siquiera una línea en el derecho internacional, que proteja el territorio de Quebec y no el de Canadá. Las fronteras de la entidad que pretende la independencia pueden ser cuestionadas, a veces por razones que sobrepasan la democracia.
Congeniar secesión y democracia es una empresa tan difícil que ninguna democracia consolidada lo ha experimentado hasta hoy.
Nuestros ciudadanos esperan de sus cargos electos que debatan con calma y serenidad”.

En su 2ª carta, dirigida al ministro Jacques Brassard, Dion analiza los problemas que plantea el trazado de fronteras derivado de la secesión.

“Utiliza usted un razonamiento contradictorio: el territorio canadiense sería divisible, pero no así el de Quebec. En derecho internacional, Canadá no es más divisible de lo que pueda ser Francia. El derecho internacional no otorga a un “pueblo” el derecho a la secesión unilateral. Excepto en el caso de las colonias y quizá en el de la violación extrema de los derechos de la persona. En los demás casos, las leyes internacionales no otorgan ningún derecho a una parte de un Estado para separarse de él sin su consentimiento. El “control efectivo” del territorio por un gobierno secesionista no lleva al reconocimiento internacional.
¿Cómo llegarían ustedes a ejercer tal control después de una DUI que no sería aceptada por el gobierno de Canadá? ¿Y qué harían con los numerosos ciudadanos que reclamarían su derecho a no perder Canadá por semejante procedimiento?
Si éstos eligiesen respetar las leyes existentes y desobedecer las leyes inconstitucionales, no podrían acusarlos de desobediencia civil. No podrían hacerlo porque su propio gobierno se hallaría fuera del marco jurídico. La perspectiva de una separación incluso acorde a derecho es ya bastante difícil y angustiosa para la sociedad quebequesa. Su gobierno no puede añadir a ello la amenaza de comportarse de forma tan irresponsable.
Alude usted al ejemplo de Yugoslavia como precedente. Pero, al hacerlo, confunde usted secesión y desintegración total de un Estado.”

Dion aborda a continuación la cuestión de las fronteras.

“Un proyecto de partición de un Estado plantea problemas morales, pues invita a los ciudadanos a romper sus lazos de solidaridad. Si retener contra su voluntad a los pueblos de Canadá sería algo muy difícil, también lo sería obligarlos a renunciar a Canadá a la fuerza. Por esto no se puede considerar el territorio quebequés como sagrado desde el momento que se acepta la divisibilidad del canadiense. Dice usted que Quebec es indivisible porque está habitado por un solo pueblo. Más vale rechazar las definiciones excluyentes de nosotros mismos y ver en nuestra pluriidentidad una riqueza colectiva incomparable.
Es muy peligroso conceder a representaciones colectivas como “pueblo” y “nación” más importancia que a ciudadanos de carne y hueso.”

“El medio más seguro de dividir a los quebequeses entre ellos es pedirles que renuncien a Canadá. Nadie sabe muy bien qué habría que hacer para superar esas divisiones en caso de una secesión, ni si tendríamos q modificar las fronteras. Es usted quien propone retirar de Canadá la única provincia de mayoría francófona.
En el propio Quebec, la separación es rechazada masivamente por los no francófonos y divide profundamente a los francófonos. Su proyecto de secesión es ahora el único envite que abre una brecha lingüística en Quebec.
Priva a nuestra sociedad de toda la fuerza de cohesión que de otro modo tendría”.

La 3ª carta, dirigida también a Lucien Bouchard, sigue al dictamen del TS canadiense sobre el carácter jurídico d la secesión unilateral.

“Algunas decisiones superiores en sociedad exigen mayorías cualificadas. No hay ejemplo de secesión exitosa triunfante sobre la base de una corta mayoría obtenida por referéndum. Haría falta una mayoría clara que no se hundiese bajo la presión de dificultades económicas, sociales y de otro tipo que la secesión provocaría.
Además, la mayoría debería, por su amplitud, justificar un cambio tan radical que compromete a generaciones futuras. Hay que prevenirse contra las mayorías de circunstancias.

Una secesión unilateral sería impracticable.
Si, pese a la ley, Uds. deciden autoproclamarse independientes, ciudadanos y gobiernos estarían en su derecho de no considerarlos como tal. Los ciudadanos podrían continuar, pacíficamente, actuando en función del orden jurídico canadiense.
Ustedes no podrían, por una decisión contraria a derecho, sacar de Canadá a millones de quebequeses que seguirían considerándose canadienses. La negociación sobre la secesión debe llevarse a cabo en el seno del marco constitucional canadiense, y no entre dos Estados independientes.

La secesión no sería proclamada más que después de un acuerdo de separación acompañado de una modificación constitucional”.

Haga el trabajo que le corresponde”, exige Dion en su conclusión.

“Explíquenos a los quebequeses por qué seríamos más felices si dejásemos de ser canadienses. Aclárenos por qué nos conviene más un país pequeño que un país más grande que podemos compartir con los demás. Si usted nos convence, la pregunta y la mayoría caerían por su propio peso. El acto referendario no sería entonces sino la confirmación de un consenso evidente. Firmemente decididos a separarse, los quebequeses podrían pasar por las dificultades de la negociación”.

Última modificación: 30 septiembre, 2017

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