El crimen de La Peñona

Escrito por | Sucesos

El 26 de noviembre de 1991, saltó a los medios la escalofriante noticia de una madre que había arrojado aquella noche a sus cuatro hijos por el acantilado asturiano de La Peñona, en Salinas. Todos el mundo pensó en la parricida; pocos en María Jesús.

Nacida en un barrio chabolista, María Jesús Jiménez (29) pertenecía a una numerosa familia gitana. Padecía retraso mental con CI de 63, aunque en aquellos tiempos y rodeada de gente de escaso nivel cultural, nadie lo había visto así. Los que la conocían admitían que siempre había sido un tanto rara, pero nada más.

Contrajo matrimonio con un payo oriundo de Jaén, albañil en paro, de nombre José Antonio Leiva (46) y apodado El Rata, con quien vivía en una chabola y había procreado a Jesús (8), Joaquín (7), Azucena (5) y María Elena (11 meses). Las palizas eran un continuo en su vida, marcada por la violencia y la pobreza. Presa de una enajenación mental transitoria que le sirvió como atenuante en el juicio, María Jesús empujó por La Peñona a sus tres hijos mayores, uno detrás de otro, lanzando a continuación abajo a María Elena, a quien llevaba en brazos. Después de los hechos, la joven madre estuvo a punto de lanzarse a la vía del tren, opción que finalmente desechó. Sin embargo, nunca reconoció los crímenes. Desde la cárcel acusó en un primer momento a El Rata, quien no se ocupaba nunca de los niños, de haberlos apedreado hasta que se despeñaron por la pendiente.

María Jesús fue condenada a 25 años que finalmente quedaron en 18, de los que únicamente cumplió 10. En la prisión comenzó a interesarse por las manualidades, labor en la que se destacó, aunque nunca nadie le sacó una sola palabra sobre las muertes de sus hijos. Cuando alcanzó la libertad, en 2001, fue incapacitada y su tutela quedó en manos de unas monjas, que la han cuidado hasta la actualidad. María Jesús, quien debió haber estado interna en un psiquiátrico y no en una cárcel, se encontraba tan a gusto en el recinto penitenciario que cuando fue puesta en libertad, se resistió a abandonar el que había sido su hogar durante los últimos diez años, lejos de las palizas y rodeada de gente que se interesaba por su aprendizaje. Al juez García Lagares, quien le tomó declaración y a quien aseguró no recordar nada de lo sucedido, María Jesús le cogió gran cariño y durante varios años le envió postales dibujadas por ella misma por Navidades y su santo. Lagares acudió en alguna ocasión a visitar a la reclusa, quien se sentía muy bien en la cárcel.

José Antonio Leiva, “el Rata”

En su momento hubo rumores de que la familia de María Jesús le aplicaría la ley gitana como represalia por los cuatro parricidios, pero la verdad es que jamás han querido hacerle nada e incluso ella llegó a visitar el poblado donde en su día residió. Sus hermanos y sobrinos la han visitado en ocasiones aisladas, porque les duelen las muertes de los pequeños, aunque no la condenan porque son conscientes de que está enajenada. Un sobrino de María Jesús, gran amigo de quien escribe, se quedó muy impresionado cuando acudió con su padre a verla y se la encontró sentada con una muñeca en los brazos y la mirada perdida, “igual que una niña”. De la misma edad de Joaquín, este joven no ha podido volver a la playa de Salinas por el tremendo recuerdo de sus primos, a quienes nunca ha olvidado. Tanto es el respeto que sus parientes sienten por ella, que en una ocasión un hermano de María Jesús se enteró de que un familiar político había criticado duramente a la mujer y montó en cólera, advirtiéndole que no se le volviera a ocurrir realizar otro comentario de esa índole.

Si bien en su momento los Jiménez Jiménez fueron una familia humilde, todos ellos se superaron y a día de hoy trabajan y viven como cualquier otro hijo de vecino, perfectamente integrados en la sociedad. Se destacan por ser una familia generosa de buenos sentimientos, muy religiosos y no suelen seguir las costumbres ni leyes gitanas. A El Rata, divorciado de María Jesús desde las muertes de sus cuatro hijos, no era difícil encontrarlo en cualquier bar a lo largo del día, hasta que en 2014 su compañero de chabola terminó con su vida clavándole un palo. Nunca rehizo su vida ni tuvo más hijos y según los parientes de su ex mujer, tampoco se le notó nunca doliente por lo acontecido con los pequeños. En su día se paseó por los platós de televisión, impecablemente vestido, contándole a quien lo quisiera escuchar su versión de los hechos y las causas que los precedieron. Siempre se le olvidó añadir los comentarios reprobatorios que, al dictar la sentencia que condenó a María Jesús, realizó el tribunal hacia los culpables de empujar a la joven madre hasta la situación que desencadenó la tragedia.

Última modificación: 4 noviembre, 2017

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