Cuando la motivación no es mala pero la ejecución falla: Dulceida y su insultante defensor

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Queridx lector/a,

Ayer escribí un post sobre un polémico tweet de Dulceida y la respuesta de lo que yo denominé, probablemente con mal criterio, un influencer.


Rápidamente todo se nos fue de las manos: casi nadie entendió que, en mi post, mi intención no era infravalorar o desmerecer el trabajo de Dulceida sino criticar al chico que dio una mala contestación a una usuaria de Twitter.

Veréis, en ocasiones hay gente sobre la que escribo pero a la que no menciono, por distintos motivos: sea porque lo que he hablado con esa persona ha sido por privado y considero que no ha de transcribirse ninguna conversación privada, sea porque no quiero vincular a determinadas personas con esta revista… o porque no quiero darle visibilidad a una persona en concreto. No me da la gana, hablando claro, de facilitarle visitas a ciertos individuos (especialmente, no para mal, no para que nadie vaya a atacar a alguien a sus perfiles en redes sociales).

Es por esto por lo que no mencioné al chico del tweet ofensivo en ningún momento, no quería que nadie fuese a visitar su perfil, ni para darle la razón ni para llamarle la atención.
Pero imagino que cometí el error de denominarlo a él también influencer, igual que a Dulceida, aunque las cifras de sus seguidores los separan. Pero él también tiene su carterita de followers y sus buenas interacciones en Twitter. Perdonad que no sepa a partir de qué cifra exacta de seguidores e interacciones se considera a una persona influencer, tweetstar, cyberstar o digno de salir en el Sálvame.

¿Por qué sí nombré a Dulceida? Porque es ella es súper conocida, aunque no la hubiese nombrado, todo el mundo estaba al tanto de ese tweet que subió y habría sabido que todo el follón se originó a partir de él. No había mucha forma de preservar su identidad.

 

Así fue como, la mayoría de gente que no había leído mi tweet advirtiendo de que iba a escribir sobre el chico, interpretó que mi voluntad era desvirtuar por completo el trabajo de Dulceida y arrastrarla por el fango.

Esto no es así por dos motivos fundamentales:

  1. La chiquilla no dijo nada como para que nadie quisiera pegarle cinco tiros en el entrecejo.
  2. En base a esto y teniendo en cuenta que, a mí personalmente, ella me cae bien por muchas razones, no tendría sentido que intentase dejarla más bajo que tierra por decir que estaba cansada.

Lo único que a ella atañía, fue una parte. La parte en la cual le decía oye, ¿te has parado a pensar en cómo sería tu vida si no te dedicases a lo que te dedicas? Mira, hay gente que está mucho peor que tú y te lee y comprendo que se moleste un poco. Fin.

El resto, iba para un chico al que, como ya os he explicado, no quiero nombrar ni exponer, así que lo llamaremos Pedrito.

Os lo explico en capturas de pantalla (con lo poco que me gusta sacar capturas de cosas serias y menos aún publicarlas, pero bueno, es lo que hay):

 


Perfil de Twitter de Pedrito.

 

Mirad a qué se dedica y su número de seguidores. Eso, para mí y aunque pequeño, es un influencer. O un tweetstar. O cualquiera de las mil doscientas denominaciones que hay para estxs chicxs hoy en día: le sigue mucha gente. Es consciente del poder de sus palabras (quicir, escribe. Libros -no la lista de la compra en post-its). Y debería, por ende, ser cuidadoso con lo que publica.

 

Pero no lo fue. Aquí, el tweet de la verdadera discordia:

 

Palabra clave: escoria.
Si lo hubiese formulado de cualquier otro modo, se lo habría comprado, de verdad. Pero si llega ofendiendo, no.
ESTE fue el tweet que me indignó, no el de Dulceida.

 

Tanto es así que lo dejé ver, de inmediato, en mi perfil:

 

 

Tweet apuntando a Pedrito, no a Dulceida. De hecho, si hacéis uso de vuestra comprensión lectora, que sé que la tenéis muy desarrollada, si no no estaríais aquí, veréis que tampoco comulgo mucho con quien CRITICA a Dulceida.
Decirle, de buena manera nena, ¿no deberías dejar este tipo de comentarios para la vida analógica, donde no te lea gente que se agota a diario trabajando limpiando suelos?, sí. Ponerla a parir, no.

Hubo gente que lo hizo, de hecho, aún esta mañana leía en un medio digital que el público se queja de lo que gana Dulceida y en eso, queridxs míxs, os equivocáis.
Dulceida cobra lo que la gente está dispuesta a pagar por sus servicios. Como hacemos todos.
Si a mí, en mi trabajo, mi jefe me dice que en lugar de pagarme 1€ por hora me va a pagar 1000€, no le voy a decir oiga caballero, me está Ud. pagando de más, es mi deber moral rechazar su oferta y cobrarle menos.
Somos buenos, no santos, reconozcamoslo. Si Dulceida tiene la suerte de tener un árbol cuyas hojas son billetes de 500€ en su casa porque se lo ha plantado el Genio Mágico De La Lámpara, olé sus tacones.

 

Mi intención con el artículo anterior: explicarle a Pedrito los motivos por los cuales su tweet (para mí, escrito como influencer, tweetstar, llámalo equis) es ofensivo.
Oye Pedrito, que vuestra vida tampoco es tan cruel. Y que si encima desde toda tu comodidad coges y llamas a quienes no están de acuerdo contigo <<escoria>>, perdóname que te diga pero aquí el que tiene un poco de mala leche eres tú. Que mira lo que te digo: cada vez más gente acudiendo a ONG’s para poder subsistir e igual entrar a evadirse de lo dura que es su vida y leen que los llamas <<escoria>>, macho, córtate un poco.

 

El grueso de mi post era por y para él, no para Dulceida. Dulceida nunca ha insultado a nadie (que yo sepa), nunca se ha quejado de algo que le hayan escrito de malos modos, ofendiendo. Y ojo, que en justicia, tendría mucho más derecho (si es que existe de facto el legítimo derecho a insultar) a hacerlo que este chico, Pedrito.

No voy a subiros todos los fragmentos del post que eran para la una y para el otro. Espero que con esto, haya quedado claro.

Mi intención nunca fue mala para con Dulceida (aunque utilizase una imagen con un tinte irónico claramente ácido y luego la imitase a pie de foto. Si soléis leerme, sabéis que esas cosas las hago siempre, hable de quien hable; que me gusta reírme, hacer reír e intentar aligerar un poco el ambiente siempre con alguna tontería, especialmente cuando trato un tema que es susceptible de ser calentito).

 

Espero que con esto comprendáis un poco lo sucedido. Y que pongáis la atención en quien yo quería ponerla: el chico, no la chica. Aunque era de esperar que nombrándola a ella, todo el resto se perdiese en una nube de humo. Eso y que, seguro, no me expresé con la suficiente claridad.

 

 

 

Dulceida, querida, dudo que llegues a leer esto pero si lo haces, de verdad te pido disculpas si pensabas que todo lo que escribí ayer era por ti y te sentiste atacada. Nada más lejos de mi intención. Yo entiendo tu tweet aunque no comparta que digas esas cosas en público porque nunca se sabe quién te está leyendo.
Y aunque no lo hubiese entendido, no pretendía juzgarte a ti porque tú no hiciste nada malo, no insultaste, no ofendiste. Hubiera sido injusto por mi parte atacarte sin que hubieras hecho nada de nada.
Tú no eras mi blanco y lamento profundamente si sentiste lo contrario en algún momento.
A decir verdad, todo esto nunca fue sobre ti y tu tweet, eso para mí fue lo de menos. Esto iba sobre la respuesta del chico que, de mala manera, intentó defenderte.

 

Ojalá ahora, de una vez, haya quedado claro.

 

* Un aplauso, por favor, para mis aptitudes en lo que a edición de imagen estática se refiere.
Si alguien se ofrece a patrocinarme un curso de Photoshop, sería muy beneficioso para mí y para los sufridores de mis ediciones de niña de tres años.

Última modificación: 13 noviembre, 2017

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