Disfuncionarios y deducciones por maternidad

Escrito por | Mapaternidad

Fijaos si soy pardilla, que hasta hace pocos días no tenía ni idea de la existencia de la deducción por maternidad AEAT.

Esto viene consistiendo en 100 euros mensuales para madre trabajadora por hijo menor de tres años. Total, pensé, que si me correspondía, para que los políticos sigan robando lo que pago en impuestos; lo voy a pedir y con 1200 euros al año le pago a mi hijo la siguiente silla a contramarcha, el último Bexero -que le toca para el verano- y encima me lo llevo a Port Aventura porque él lo vale.

Total, que llamé por teléfono datos en mano para tal menester y una señora bastante desagradable contestó al otro lado, emitiendo una especie de gruñido.

En la empresa privada, te suelen hacer mucho hincapié en la excelencia telefónica y, ¡oh mísera de mí!, di por hecho que en todas partes sería más o menos igual.

Ni buenos días, ni qué desea, ni hostias en vinagre. A esta individua le importaba un carajo si estaba trabajando y acababa de ser madre, si teniendo un bebé me acababa de incorporar al mercado laboral o si llamaba porque se me había roto una tubería.

Todo eran contestaciones del palo “¿y?”, “¿sí, qué?” y otras borderías.

Y ya, para rematar que no me estaba escuchando, me preguntó de muy mala gana una información de 2015.

PERO SEÑORA, ¿NO LE HE REPETIDO TRES VECES, EN CLARO TONO DE VOZ, QUE DURANTE ESE AÑO NO TRABAJÉ PORQUE ME QUEDÉ CUIDANDO DE MI HIJO, PUES FUE PRECISAMENTE EN EL QUE NACIÓ?

-Pues entonces yo no te gestiono nada por teléfono, rellenas el modelo 140 y lo entregas en la administración.

Todo esto, reforzando la teoría de un compañero mío de que la gente que se comporta así con los demás refleja una clarísima falta de sexo. Es la forma más fina en la que puedo expresarlo…Ni tratarme de usted, ni gracias por su llamada, ni pase buen día, ni hasta luego.

Y yo, como soy una pedazo de señora, pese a todo me despedí correctamente sin obtener más respuesta que me colgara el teléfono sin mediar palabra.

No vengo a meterme con el grueso de los funcionarios. De hecho, y aunque últimamente no haya tenido tiempo, yo llevo desde octubre preparándome para serlo también. Y el sábado tuve el primer examen. Y no es por presumir, pero han publicado la plantilla y he aprobado bastante sobrada.

A mi profesora de la academia le molestan mucho este tipo de historias, porque dice que por un puñado de maleducados y vagos la mala fama se la llevan todos los funcionarios, cuando la inmensa mayoría trabaja y es agradable.

No voy a quitarle razón, pero este artículo trata sobre esa gente que, por aprobar una oposición y tener la certeza de que haga lo que haga no la van a mandar a casa, se duerme en los laureles y parece que todo lo que no sea rascarse los genitales, les provoca una grandísima molestia.

He trabajado en un ayuntamiento donde he visto a gente salir al café y tirarse dos horas en una terraza, utilizar la jornada laboral para ir al súper a hacer la compra, extender el descanso a más de una hora, no atender aunque haya gente porque estoy de charla y de aquí no me pueden echar y, sobre todo, ser muy desagradable porque ya soy funcionaria y el público me importa una mierda.

Es muy bonito sacarse una oposición. De hecho, si llega a ser hoy, a lo mejor me hubiera dejado de tanta carrera y con veintipocos habría preparado alguna. Lo que pasa es que no debemos olvidar que, por mucho que tengamos el pan asegurado, nos debemos un respeto como personas y nos hemos de comernos las lentejas sabiendo que venimos de ganárnoslas con nuestro esfuerzo. No mantener la teoría de “aprobé un examen, me la pela todo y ya estoy por encima del bien y del mal”.

Ojalá llegue este escrito a quién corresponda, aunque no creo que se pueda hacer mucho porque ni siquiera sé quién me atendió. No me dijo hola, como para saber su nombre. Y al que no cumpla con su trabajo y un mínimo de educación, ni plaza ni leches, lo manden a la cola del paro, que es donde se merece estar.

O como dice mi madre, de un burro sólo puedes esperar que te de una coz. Explicado de otra manera, que con menos delito se mataron cerdos en cada de mi abuela.

Y, a lo mejor, la perla que me atendió era de los que odian a los niños, o le indigna no haberla cobrado ella en su momento, o los All-Brans seguían sin hacerle efecto a las 12 del mediodía.

¡Quién sabe!

Última modificación: 27 Abril, 2017

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