Edulcorantes y sexismo

Escrito por | Alimentación, Personal

Hoy en el supermercado me ha parado una chica que promocionaba un nuevo edulcorante. Sobre el mostrador había porciones de fresa endulzadas con ese producto. Como me gusta ser agradable con la gente que hace esos trabajos, he aceptado coger una fresita de ésas, y la he escuchado cuando me ha explicado las propiedades y beneficios del producto en cuestión.

Como en ese momento no tenía intención de llevarme un tarro de ese brebaje, le he dicho a la chica, por decir algo: “A ver, ¿cómo se llama esto…? Vale, pues se lo comentaré a mi madre y a mi hermana, puede que les interese”. Y me ha respondido con cierto sarcasmo: “¡Claro, estos edulcorantes son cosa de mujeres! ¿verdad? A usted le da igual”. Y yo pensando para mis adentros: “¡Tierra, trágame! Le está sacando punta sexista a mi comentario”. Y a todo esto, hablándome de usted todo el tiempo. Estos millennials, cuando tengan algo más de edad y les hablen de usted, ya verán lo bien que sienta.

Para quitar hierro al asunto, le he respondido en tono jocoso: “¡No, si es que en mi caso ya no tiene remedio…!”. A ver, a mi madre y a mi hermana obviamente las conozco bien, y sé que les pueden interesar los productos dietéticos, pero no por el mero hecho de que sean mujeres. Habrá gente que crea o no en esos productos, independientemente de que sean hombres, mujeres o extraterrestres. Habrá hombres que usen sacarina, y habrá mujeres que pasen del tema.

En cualquier caso, qué pereza me dan los ofendiditos y las ofendiditas… Eso me pasa por querer ser simpático. Si lo llego a saber, cuando me ha ofrecido la fresa rociada con edulcorante, le habría dicho simplemente: “¡Ahora no, muchas gracias!”, y habría seguido mi camino.

Última modificación: 1 octubre, 2018

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