El Arropiero

Escrito por | Sucesos

Por: La López

Siempre hablamos de Estados Unidos y de sus casos rocambolescos y pensamos que aquí esas cosas no pasan, pero no es así, nada más lejos de la realidad. En este país también hemos tenido casos de auténticos sanguinarios que han tenido en vilo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad durante mucho tiempo, porque son muy difícil de atrapar. Y ya no digamos si encima son organizados (psicópatas) que se encargan de planear a la perfección el crimen para que no quede ni una prueba que apunte hacia ellos, lo que puede derivar en meses de matanzas hasta que consigan algo que pueda dar con él. Recuerdo que aquí en España no existe la serie Criminal Minds, que aquí eso de la perfilación criminal no está tan desarrollado, y que el asesino normalmente no se deja un pelo o una colilla como en el CSI, la cosa no funciona así. Es una rama muy concreta de la Criminología y requiere de un grado de preparación y formación altísimo que no tiene mucha gente.

En España seguro que muchos recuerdan el caso del Matamendigos, el celador de Olot, el Asesino de la Baraja, el Sacamantecas… vamos que ha habido numerosos casos de asesinos en serie. Aquí es cierto que por suerte para nosotros no hay muchos (o al menos aunque los haya no les da por delinquir y matar a gente), pero os voy a dar un dato. Se calcula que solamente en la ciudad de Nueva York hay 100.000 psicópatas (recordemos que dentro de los asesinos en serie puede haber de éstos, que son ORGANIZADOS y lo planean todo perfectamente bien y de manera consciente, y los DESORGANIZADOS, que son aquellos que tienen alguna patología mental y matan porque creen que una fuerza extraña se lo pide y normalmente suelen dejar alguna pista o algo que facilite su detención, porque suelen hacer por arranque e inesperadamente, no suele haber preparación previa).

Como siempre, advierto que puede haber detalles que resulten demasiado desagradables (aunque evitaré entrar en más de lo que resulte necesario para ver qué clase de persona era), por ello no deberíais seguir leyendo si sois fácilmente impresionables con según qué cosas. Una vez dicho esto, vamos allá.

Podemos empezar por el mayor asesino en serie de la historia de nuestro país: Manuel Delgado Villegas, más conocido como “El arropiero”. Sus crímenes ascendieron a un total de 48, pero solamente se pudieron comprobar parte de ellos. Nació en 1943 y se dedicaba a vender dulces, tenía un gran parecido con el cómico Mario “Cantinflas” y se enfadaba cuando le salía el bigote y su parecido de él se alejaba. Era un violador bisexual, se probaron 8 muertes, catorce más se investigaron y otras veintiséis fueron confesadas por él mismo con gran cantidad de escabrosos detalles sobre cómo terminaba con todas su víctimas.

Su carrera delictiva terminó en el año 1971 cuando la Policía encontró a su novia muerta en el puerto de Santa María con las medias anudadas en el cuello: la había estrangulado. Se descubrió además que era necrófilo, porque él mismo confesó haber mantenido relaciones sexuales con el cadáver en varias ocasiones. A partir de entonces confesó toda la historia de sus crímenes, un total de 48.

Manuel Delgado Villegas perdió a su madre en el parto, y su padre, un joven trabajador que se dedicaba a hacer dulces caseros con arrope (de ahí el mote de “El arropiero”) lo dejó al cuidado de su abuela y se fue a vivir al puerto de Santa María donde se volvería a casar años después. Fue criado por varios familiares que lo maltrataban frecuentemente, por eso se dice que se le endureció el corazón y no sentía. A pesar de que fue al colegio no consiguió aprender a leer y escribir, y era famoso entre los homosexuales y las prostitutas por la promiscuidad en sus relaciones sexuales, ya que según algunas fuentes, padecía anaspermia y podía ser capaz de tener varias relaciones seguidas en busca de un orgasmo que no llegaba a conseguir.

Se escabulló de ir a los servicios militares por padecer ataques epilépticos (no se sabe si eran reales o fingidos), así que después de dedicó a viajar por la costa mediterránea delinquiendo allá por donde iba y dedicándose a la prostitución. Fue detenido pero nunca enviado a prisión, otro de sus ataques sobrevenía e ingresaba en un psiquiátrico que abandonaba poco tiempo después.

Su vida transcurrió así hasta los veinte años, cuando empezó su carrera delictiva sangrienta. Era 1964 y lo cometió en la ciudad de Barcelona, cuando vio a un hombre durmiendo al lado de la playa, apoyado en un muero. Confesó que se acercó a él lentamente, cogió una piedra enorme que estaba allí y lo mató para robarle sus cartera y el reloj, quejándose de su escaso valor. El cadáver apareció diecinueve días después, se trataba de un cocinero que había ido en busca de un par de sacos de area para su negocio y se echó una sieta de la que nunca despertó por culpa del Arropiero. Su autoría tardó en demostrarse siete años.

Tres años después de aquello volvió a sus fechorías, esta vez en Ibiza. Merodeaba por una localidad de la isla cuando vió a un joven salir de una casa, dejando éste la puerta abierta. El chico era un neoyorkino que había intentado mantener relaciones sexuales con una joven que ese día cumplía 21 años. Habían ingerido varias dosis de LSD y ella se negó a tener sexo, así que él se fue dejando la puerta abierta, que aprovechó el Arropiero y se la encontró dormida. Aquella sería su segunda víctima.

Pero Manuel Delgado no se detuvo allí. En un viaje efectuado a Madrid mató a un hombre que tiró luego al río Tajuña y que apareció sin pantalones y calcetines, alegando que le había matado porque estaba con una niña a la que pretendía violar, aunque no quedó demostrado. Su cuarta víctima fue un millonario con el que mantenía relaciones asiduamente por el precio de trescientas pesetas de entonces. En una ocasión, estando reunidos en la mueblería propiedad del millonario, el arropiero le pidió mil pesetas por una necesidad urgente. El millonario se las prometió para dárselas al final, pero no ocurrió, así que el asesino le dió un golpe con el canto de la mano y cayó al suelo. Trató de quitarle la cartera pero se despertó y comenzó a insultarle. El Arropiero cogió una silla, arrancó una pata y la emprendió a golpes con él, furibundo. Terminó por estrangularlo rompiéndole el cuello.

En 1969 llevaría a cabo el peor de sus hechos delictivos: asaltó a una mujer de 68 años, la tiró desde una altura de 10 metros y luego ecogió el cadáver para llevarlo a un túnel, donde tendría relaciones sexuales necrófilas con él durante tres noches seguidas.

Al año siguiente decidió emigrar al Puerto de Santa María ara ayudar a su padre en la fabricación y venta de sus golosinas con un carrito por las calles, pero conoció a un joven homosexual con el que tuvo relaciones secretas y que se convirtió en otras de sus víctimas. Contó el Arropiero lo siguiente sobre su asesinato: “Fuimos a dar un paseo en moto y cuando íbamos a salir a la carretera general, me acarició. Le dije que se estuviera quieto, pero no me hizo caso. Enfadado, paré y le di un golpe en el cuello, despacio, pero era tan flojo que se cayó y se rompió las gafas. No respiraba bien y me dijo que lo llevara al fresco, junto al río. Allí intentó otra vez tocarme y, sin pensarlo, le solté un golpe más fuerte y cayó al fango, boca abajo e inmóvil”. El cadáver aparecería flotando en el agua a doce kilómetros de donde se produjo el crimen.

En el año 1971 se terminaron sus fechorías con el asesinato de la que se consideró su novia, e incluso llegó a presentarle a su padre como tal. Tenía un retraso mental considerable y era conocida por su afición a los hombres. El arropiero contaba que todos los días iban a dar un paseo por una zona boscosa donde mantenían relaciones sin ser vistos por lo demás. Un día ella le pidió una práctica sexual que según él le daba asco, y ella comenzó a insultarle alegando que otros hombres habían accedido. Él la golpeó en el cuello, pero los insultos no cesaban, así que le quitó las medias que llevaba puestas, se las ató alrededor del cuello y apretó hasta que murió. Al igual que con las otras víctimas matuvo relaciones sexuales con el cadáver, y lo ratificó al ser detenido “Volví a estar con ella el lunes, el martes y el miércoles, y hubiera vuelto hoy si no me hubieran detenido. ¡Estaba tan guapa! ¡La quería tanto! ¿No era mi novia? ¿Entonces no podía hacer el amor con ella lo mismo que antes?”

Asesinó a cuarenta y ocho personas pero solamente pudieron probarse unos pocos efectuados en España por la complejidad de los hechos, efectuó otros en Francia e Italia pero hubiera requerido de colaboración de la Interpol, a parte de no haber suficientes testigos ni acusaciones particulares, así que se dictó un auto de sobreseimiento e ingresó en el psiquiátrico de Carabanchel hasta que se cerró. Allí fue sometido a diversos estudios psiquiátricos que determinaron que era el portador del cromosoma XYY, también conocido como criminal nato de Lombroso. Se trataba de un peligrosísimo psicópata que  no podía ser puesto nunca en libertad porque era un criminal que podía hacer mucho daño allá por donde fuera mientras estuviera vivo.

Contó con una frialdad pasmosa como mató a gente en París, en Italia y en la Costa Azul. No sentía culpabilidad ni remordimientos por lo que había hecho, mataba de manera completamente consciente, no se ponía nervioso, ni se le aceleraba el corazón, ni sudaba.

Pasó veinte años en el psiquiátrico recibiendo varios tratamientos psiquiátricos que hicieron que su violencia cesara, incluso contra los otros internos. El director del centro reconoció que cuando los demás le llamaban “violador y asesino”; con mucha tranquilidad acudí a él para poner la queja correspondiente.

Con los años, aquel despiadado de ojos profundos azules y una fuerza sobrecogedora se tornó en alguien débil, con aspecto de anciano de pelo enmarañado, que poco a poco defendía su inocencia diciendo que él no había matado a nadie a pesar de tener la capacidad de relatar todos y cada uno de sus asesinatos en los interrogatorios que se le llevaban a cabo. Le decía a todo aquel que quisiera escucharle que “quería que se acordasen de él”.

Permaneció en el centro de Carabanchel hasta que se cerró, y de allí fue trasladado al psiquiátrico de Fontcalent (Alicante), pero con la entrada en vigor del nuevo Código Penal de 1995 abandonó el centro y recuperó la libertad, aunque moriría poco tiempo después debido a una enfermedad pulmonar (EPOC) que le provocó su adicción al tabaco.

Aquí tenéis la historia del mayor asesino en serie de nuestra historia. Con estos datos ya podéis haceros a la idea de lo peligroso que era, y más teniendo en cuenta que en aquella época la polícia no tenía medios de investigación tan precisos como ahora, por eso costó tanto capturarle y demostrar todos sus delitos, a pesar de que confesó muchos más cuando le interrogaron.

Última modificación: 19 Mayo, 2017

2 Responses to :
El Arropiero

  1. chema dice:

    es algo genético, que por una cuestión de estadística a algunos les toca. desde niños se les notan sus inclinaciones. gran artículo de nuestra amiga la lópez.

    1. Lady Cat dice:

      La López es una grande de España. A ver si se anima con más.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: