El chapeo de Euclides

Escrito por | Actualidad

No sé si ustedes tienen el disgusto de saber quién es Euclides Gutiérrez Félix.

Si la respuesta es sí, no les voy a contar nada nuevo; y si lo desconocían, siento hacerlo aterrizar en sus vidas.

Hace algunos años, un señor involucrado en el crimen del que trata el libro La verdad de la sangre, como respuesta firmó un texto lleno de insultos, plagios, mentiras, difamaciones y declaraciones machistas, misóginas y homófobas contra servidora y otras tres señoras.

Como, personalmente, no había tema por el que atacarme ya que ni soy puta, ni delincuente ni tampoco nadie de mi familia ha sido detenido por delitos diversos, el autor de ese amasijo de hojas decidió meterse con mi gato, tratando de desacreditarme como criminóloga por tener un blog de gatos. Coherente y totalmente relacionado, como pueden comprobar. Blog del que, por cierto, el último post aparece plagiado en dicho texto y hecho suyo por el hipotético autor. No sé qué harán con su vida las autoras de otros blogs gatunos como Plagiando a mi Alter Ego, Cartas a un Umpa Lumpa o Minino y Ary; periodista, médico e ingeniera respectivamente, porque por esta regla de tres habría que quitarles las carreras.

Detrás de este señor, siempre ha estado su gran amigo Euclides, Euclidito, cuyos libros tienen un estilo literario asombrosamente parecido al firmado por este individuo. El autor demuestra claramente en su muro de Facebook que no domina ni la redacción, ni la ortografía.

Para más INRI, en la puesta en circulación de su obra, apenas era capaz de articular palabra, debido a su avanzada edad y delicado estado de salud; pero no pasaba nada, porque ya estaba Euclides llevando la voz cantante, dirigiéndolo todo y atacando con sus artes de machirulo.

¿Se centran ya en la catadura moral del personaje?

Pues resulta que este caballero, con tanto brío para atacar a todo el mundo y gran defensor de la tiranía de Trujillo, ha saltado a la primera plana, pues una joven de 25 años, de nombre Venus Mariel Almonte, reclama que le pase la pensión a un hijo común de cuatro años, con microcefalia y autismo. Euclides se desentendió de la criatura desde el primer momento y no fue hasta hace año y medio cuando, tras prueba de ADN y sentencia judicial, se vio obligado a reconocerlo.

Que vale más que no se involucre en la crianza del niño, porque con el ejemplo de su hijo más famoso, delincuente habitual, ya sabemos que educar no es lo suyo.

Pero no pasarle la pensión a un hijo, además en un situación tan delicada como habiendo sido operado con cuatro meses, deja claro el tipo de persona que es este ser, que actualmente cuenta con 81 años y se halla casado con la abogada Flavia García.


No hay que ser muy inteligentes para saber que Venus no se acercó a Euclides con 20 años por amor, de acuerdo. De hecho, hay que comer perros y tener el estómago a prueba de bombas para poder meterse en la cama con semejante especímen.

Muy bien, quizá si no existiera tanta desigualdad social en República Dominicana, ella no se vería obligada a frecuentar y acostarse con este elemento para poder tener una vida más o menos digna.

¿Y el niño? ¿Qué culpa tiene? Porque desde que este caso se ha hecho público, solo he leído burlas e insultos hacia Venus, llamándola chapeadora (prostituta). Inclusive, corre por las redes sociales una burla hacia la mujer de Euclides, que yo no sé si es buena o mala, pero considero asqueroso reírse y denostar a una señora por su edad, porque a viejos llegamos todos y pobre del que no llegue.

¿Alguien le encuentra la gracia a esta imagen? Porque a mí tanto machismo me altera.

Él es un machote por haber estado -cartera en mano- con una veinteañera, dejándola en estado -no hay embarazo si uno no quiere-, merecedor de alabanzas aunque haya abandonado a un niño enfermo y engañado a su esposa de toda la vida, siendo ÉL quien estaba casado, no Venus.

Y, sin embargo, a su esposa se la trata de vieja susceptible de burlas y a Venus de prostituta. Ya si eso, a que haya criado a una criatura enferma en solitario siendo casi una niña, le quitamos importancia.

Euclides, limpia tu casa antes de meterte en la vida de los demás. Que no sé cómo te atreves siquiera a insultar a nadie siendo infiel, padre de un delincuente y abandonando a un niño que necesita cuidados especiales que, si bien le has podido costear, ha tenido que ser un juez el que te obligue.

No quiero, TE PROHIBO, que te vuelvas a dirigir directa o indirectamente -sí, hablo de marionetas- a mí, a mi entorno o a hacer referencia a mi trabajo, perfectamente documentado, con tus mentiras e insultos.

Eres el último escalafón moral de la humanidad.

No eres más hombre, superintendente, eres más miserable. Tú, y todos los machotes que te ríen las gracias, pisando a las mujeres para ocultar así su propio complejo de inferioridad.

El día que me veas pegar cuernos, criar delincuentes o desatender a mis hijos, podrás abrir la boca.

Y cuando te diga perrito, meneas el rabito.

¡Vergüenza de tus hijos!

Última modificación: 26 enero, 2018

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