El efecto Bretón

Escrito por | Actualidad, Sucesos

Desde que José Bretón asesinara a sus hijos, quemándolos vivos, el 8 de octubre de 2011; se ha venido sucediendo un preocupante efecto contagio en nuestra sociedad.

Y es que desde esa fecha, nada menos que 25 niños han muerto a manos de su padre con el mismo objetivo: hacerle daño a la madre.

Este martes, tuvo lugar el crimen de las dos últimas: Martina y Nerea, de 6 y 2 años, perdieron la vida en Castellón a manos de su padre. Ese buen padre, en boca de sus vecinos y amigos, las cosió a puñaladas. Ese buen padre, dice su amigote, se desesperó POR CULPA DE LA MADRE, y también POR CULPA SUYA lo último que vieron esas criaturas fue a su padre asesinándolas. Una de ellas, además, pudo presenciar cómo la persona que debía velar por ellas, mataba a su hermana. Pero era un buen padre.

¿Qué es un buen padre en nuestra sociedad? ¿Un señor que lleva a sus hijos al parque? Un maltratador, nunca, jamás de los jamases, puede ser un buen padre. Y esta suerte de hijos de puta, son tan maltratadores que no les importa hacerles daño a sus propios hijos, con tal de destrozarle la vida a su madre.

Hace tiempo, leí en un foro de machirulos donde se trataba el tema de la custodia compartida (ojo, aunque no soy partidaria de la misma, no me refiero a los hombres que están a favor. Esto era un foro de machirulos donde se trataba ocasionalmente ese tema), que era muy injusto que a un maltratador se le quitase el derecho a disfrutar de sus hijos, porque podía ser un gran padre. Y no. Para ser buen padre, o madre, primero tienes que ser buena persona. Un monstruo capaz de infligir sufrimiento no está capacitado ni para cuidar de un ficus.

¿Cuál debería ser la primera medida ante esta ola innegable de parricidios? Endurecer las penas no, desde luego. Además de ya estar endurecidas al máximo (al hijo de puta que mató a sus hijas con la radial le cayó la prisión permanente revisable), no tienen efecto disuasorio. Todos conocemos la altísima criminalidad de Estados Unidos, y en muchos de sus estados existe la pena de muerte. Pero a un tío que a continuación se suicida, la posibilidad de pasar 40 años entre rejas se la trae flojísima.

Aunque a mucha gente le sorprenda y no le parezca justo no ser conocedora de dichos sucesos, la primera medida que se debería tomar, tendría que ser no darles publicidad. Que los parricidios no apareciesen en los medios. Exactamente igual que los suicidios, especialmente de jóvenes (os sorprendería saber el número de personas que se suelen tirar al metro, por ejemplo). ¿Y por qué? Por el efecto contagio. Cuando Marilyn Monroe se suicidó, el índice de suicidios en Estados Unidos tuvo un repunte más que significativo. En mi pueblo, meses atrás se suicidó un vecino, ahorcándose con una soga. En el medio rural, el método más usado es la soga y el segundo por excelencia es la escopeta de caza. Al día siguiente, otro vecino que acababa de quedarse viudo, lo imitó ahorcándose también.

Desde el tema Bretón, con toda la publicidad que se le dio, primero porque los niños no aparecían y posteriormente por el error al confundir sus restos con los de pequeños animales y por la crudeza con la que los mató su padre, esta calaña tuvo un escalofriante ejemplo a seguir. José Bretón destrozó la vida de Ruth Ortiz, viva imagen de una mujer hundida. A Ruth Ortiz ya no le queda nada por lo que luchar, perdió a lo que más quería. Y para quien quiere ver a su mujer o ex mujer así de rota, es la forma perfecta.

Que posteriormente se encierre de por vida, se mate o se torture a estos asquerosos no sirve de mucho porque el mal ya lo hicieron. Como decía un profesor mío, director de una cárcel, el que mató a sus hijos, el nivel de reincidencia es nulo porque ya no le quedan más hijos. Lo que hay que tratar de evitar es que estos casos sucedan.

En primer lugar, los jueces no se deben pasar por el forro la denuncia de una madre que teme por sus hijos, como pasó en este último caso.

Los maltratadores no pueden tener contacto con sus hijos, se ponga la gente como se ponga.

Y los parricidios no deben aparecer en los medios de comunicación.

Última modificación: 27 septiembre, 2018

2 Responses to :
El efecto Bretón

  1. Aida Trujillo dice:

    Estoy totalmente de acuerdo… ¿Cómo se puede ser buen padre o buena madre si se es una mala, no, malísima persona que llega a asesinar a sus propios hijos con tal de ver sufrir a su conyuge?
    Cuando lo vi en las noticias no me lo podía creer… ¿Prisión “revisable”? ¿Qué es lo que se supone que hay que revisar?
    En mis propias carnes he sufrido el dolor de la pérdida de un hijo y, aunque mi vida no ha sido fácil, ese hecho ha sido lo más doloroso que me ha sucedido, sin punto de comparación con ningún otro…
    Y, por mucho que quisiera vengarme de alguien, cosa que no concibo pero que, en un momento dado podría entender en otra persona más rencorosa que yo, el tema de matar a tus propios hijos no me entra en la cabeza. ¿Matar a un hijo tuyo? ¡Madre mía! ¡Sin palabras que puedan, no ya justificarlos, sino simplemente explicarlo!

    1. Eva dice:

      Es que es eso, Aidita, no están matando al hijo de otr@ (que obviamente tampoco es justificable). ¡Están matando a sus propios hijos! Se escapa de todo entendimiento humano, y menos mal, porque una mente sana no entiende semejante cosa.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: