El viaje definitivo

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Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostálgico…

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

(El viaje definitivo, Juan Ramón Jiménez)

Hoy hace once años que murió mi padre.

Once. No doy crédito.

Un cáncer fulminante. Un manotazo duro. Un golpe helado. Un hachazo invisible y homicida…

La noche anterior nos fuimos para casa. Lo habían operado por tercera vez en diecinueve días y no nos podíamos quedar en la UCI. Ya nos llamarían cuando…

En mi mente no dejaba de agradecer a todos los donantes de sangre que, sin conocer al receptor, le regalan altruistamente algo tan preciado. Mi padre recibió mucha sangre para nada. Y dio igual, porque ahí la tuvo.

Esa noche llegamos a casa y vi a mi madre tirar a la basura un jersey bastante usado.

-¿Y cuándo vuelva Papá? -se me ocurrió preguntar, aferrándome a una mentira.

-Tiene jerseys de sobra -acertó a responder- y siempre se los puede comprar nuevos.

Qué cojones, Eva, si tú sabías que a tu padre le quedaban horas. ¿Eres tonta y en tu casa no lo saben? No iba a volver y punto. Cáncer de páncreas, tres operaciones, fallo multiorgánico, perdiendo sangre sin parar. ¿Cuándo Papá vuelva? Que tienes 22 años, no dos.

Esa noche me dormí de puro cansancio. Después del absurdo episodio del jersey. Había pasado la media noche y sonó el teléfono. “Venid, está muy mal…”

Antes de irnos del hospital, mi madre les había repetido a las enfermeras: “Por favor, no lo dejéis morir solo”. Tenía la espina de no haber presenciado el final de sus padres ni el de sus hermanos y no quería que mi padre se fuera con la única compañía de un equipo médico, humano, pero desconocido.

En el viaje de ida no dijimos una sola palabra. Avisé a mi tía… Era su único hermano, trece años menor.

Entramos a la UCI y le supliqué, le lloré… “Papá, por favor, no te vayas. No me dejes sola…”. Tengo la teoría de que ya estaba muerto, pero que no lo desconectaron por nuestras súplicas…

Un cura quiso darle la extrema unción. “Déjenos en paz, por favor. Respete esto”. Habiendo recibido los santos sacramentos y la bendición apostólica, rezaba la esquela…

Al rato, los números comenzaron a descender y la línea de la vida se quedó sin altibajos. Ese pitido me confirmaba que mi padre ya estaba muerto. Así, como la hostia en la cara que me merecía por no asimilar lo que estaba ocurriendo.

Tardé meses en llegar a casa y procesar que no había nadie más.

Nunca pude dar su ropa. La metí en cajas y la guardé. Injusto, muy injusto. Ropa nueva y cara, condenada a pudrirse. No sé si mi madre la regaló a mis espaldas, probablemente lo haya hecho sin decirme ni palabra. Yo no pude… A él, sin duda, le hubiera gustado. Pero el corazón tiene razones que la razón desconoce.

Y la vida siguió… Y nadie se murió por nadie… Y aquí seguimos todos.

Y ahora, Papá, tienes un nieto que es tu vivo retrato y al que, cuando le pregunto por ti, te señala en las fotos. “Es el abuelo G., el papá de mamá y el marido de la Tata”.

Siempre dije que cuando tuviera un hijo le pondría tu nombre… Y luego no fui capaz. Quería librar a mi hijo del yugo de llevar el nombre de un difunto, de ser, de alguna manera, una proyección de alguien. A la hora de la verdad, comprendí que él se merecía uno propio, fuera de historias familiares y de homenajes con los que no tenía que cargar. Y no me arrepiento.

Pero tiene tu cara, todo el mundo lo dice. Y yo solo espero que sea tan buena persona como tú.

Hoy, nuevamente, es 1 de abril. El peor día del año. El único en que todo vuelve a mi mente y maldigo por qué te tuvo que tocar a ti.

Te quiero.

Siempre.

Última modificación: 31 Marzo, 2017

5 Responses to :
El viaje definitivo

  1. María (mimamaesunloro) dice:

    Lo siento tanto Eva!! Yo aún hoy no puedo llorar a mi padre las lágrimas no caen, va un año y tres meses de ese día. En qué me miró con su mano entre las mías, y me dijo así sin más. -no crees que ahora si- ya habíamos hablado antes y le dije sin decir nada que no se podía morir y dejarme y ese dia, solo con esa frase me lo dijo todo. Él ya no aguantaba más.y le dije que no, así sin más NO! Pero se fue igual y no sufrió más y lo ví así como tú, en su último suspiro y escuché el silencio, ese maldito silencio. Le había dicho que lo quería y las lágrimas corrieron por sus mejillas frías. Y supe que me escuchó y supo que lo dejaba ir aunque no quería y se fué. Y aquí quedamos y el mundo sigue y mientras todos lloraban a mares yo solo miraba, pensaba, y consolaba. Y al día de hoy al llegar a casa de mi madre espero encontrarlo sentado en la cabecera de la mesa, esperando a sus palomilla con una sonrisa de oreja a oreja.
    Un beso gigante Eva

    1. Lady Cat dice:

      Y en cien años, nadie se acordará de nosotros.
      Un beso enorme, cielo.

  2. marigem dice:

    Ufffff, he tenido que parar de leer en varias ocasiones, en cuanto leí el primer verso de Juan Ramón Jiménez supe lo que ibas a decir.
    Yo lo de mi padre no lo asumo, ingresó en Nochebuena, al día siguiente estaba mejor y al siguiente nos mandaron para casa a las tres de la madrugada diciendo que le quedaban horas y a las 5:22 me llamaron diciendo que había muerto. Así, sin más.

    En mi caso disfrutó a sus nietos y los vio ir ala universidad, pero no es consuelo, y veo a mi madre, que lo pasa tan mal y disimula por nosotros…
    No es justo.

    Por cierto, yo no he podido dar la ropa, seré egoísta pero no pude.
    Besos.

    1. Lady Cat dice:

      Yo imposible. Ya te digo, la versión oficial es que está guardada. Yo no la he vuelto a ver más salvo algún abrigo que está colgado.
      No me sale de dentro…
      Besos.

  3. Conchi dice:

    Son tragos muy duros de pasar. Es más diría que se atascan en la garganta toda la vida… Un abrazo.

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