Enfrentarse a los primeros traumas

Escrito por | Mapaternidad, Personal

Supongo que todos nos enfrentamos al trauma que produce una muerte cercana por primera vez en algún momento de nuestra vida.

En mi caso, esto ocurrió cuando contaba con 13 años. Mi tío materno, que para mí era mucho más que eso, falleció repentinamente con tan sólo 29 años; eso me marcó muchísimo, y a partir de ese momento fue cuando empecé a ser realmente consciente de la brevedad y de la volatilidad de la vida. O en palabras más poéticas, de la insoportable levedad del ser.

Pero la cosa no quedó ahí. Unos meses antes de este suceso trágico, una compañera de nuestra clase, con la que Eva y yo teníamos bastante amistad, había dejado de asistir a clase de un día para otro. Un día dejó de venir, simplemente.

Cuando ya llevábamos varios meses sin tener noticias suyas, empezamos a hacernos preguntas, claro. A veces preguntábamos a los profes por ella y éstos se hacían los locos. Yo le pregunté varias veces también al primo de esta niña, que venía al colegio, pero siempre me daba esquinazo.

Como éramos unas crías en la típica edad tonta, pues tampoco es que estuviéramos muy pendientes. Yo tenía el teléfono de su casa (de aquella los móviles ni existían), y a veces llamaba pero nunca lo cogían.

Un día, en clase de Historia, no sé cómo salió el tema de esta niña y su prolongada ausencia, y al profe que nos daba la asignatura, no se le ocurrió otra cosa que soltar:

– Chicos, vuestra compañera tiene una enfermedad grave, de la que no os voy a decir el nombre, pero es de la misma que murió Fulanito (un niño que había tenido cáncer).

Vamos, que no nos dijo la enfermedad pero nos la dijo.

Ni qué decir tiene que nos quedamos todos en shock, pues creo que nadie hasta ese momento se había planteado en serio que realmente esta chica estaba enferma de gravedad.

La verdad es que fue muy duro. Luego supimos que los profes tenían la boca sellada por orden expresa de los padres, que no querían que se divulgara. Este profesor se pasó la orden por los pendientes reales y así nos enteramos, cosa que por otro lado se agradeció, pues al fin se acabó la incertidumbre, lo que no quita que no estuvo bien por su parte.

Los padres no querían que se fuera a verla a casa, por lo que la última vez que la vi fue dos meses antes de su muerte, que vino a vernos al colegio. Estuve con ella dando una vuelta por el patio, y es el último recuerdo que tengo suyo, muy fresco en la memoria, por cierto.

De esto ya se han cumplido 20 años, y a día de hoy sigo acordándome de ella y pienso a menudo en sus padres, de los que no hemos vuelto a saber.

Este tipo de cosas afectan siempre, pero creo que en la adolescencia marcan más.

Yo estuve muchísimo tiempo obsesionada con este tema, y al final me llegó a afectar tanto, que mis padres me llevaron al médico. Sólo se llevó un año con la muerte de mi tío, por lo que se juntó todo.

A día de hoy la recuerdo con una sonrisa; supongo que hay recuerdos que permanecen siempre con nosotros.

Última modificación: 12 mayo, 2018

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