Falta mili

Escrito por | Cine&Tv

Acabo de ver, al segundo intento, el vídeo-mensaje de Frank de la jungla a ese esperpéntico ser que se llama Aless Gibaja y del que he tenido gracias a Dios muy escaso conocimiento de su existencia hasta este momento. Lo vi a la segunda porque Frank tampoco es que me caiga muy bien. A mi es que, bien, lo que se dice bien, me caen 5 o 6 personas en este mundo. Pero oye, a Frank lo respeto, me parece que hace una labor muy valiente y que por ella tanto él como su familia pagan un precio muy alto. Free Yuyee etc.

Si no saben bien de qué va la polémica, yo les resumo: el tonto polla del Aless Gibaja, que es un niño pijo que se dedica a vete tú a saber qué pero que ha triunfado en la vida tanto que ha salido hasta, fíjate tú, GH VIP, utilizó a una tigresa domesticada para hacer unas fotos y un vídeo. Frank le puso un mensaje de “oye, tío, que se ve que eres buen chaval, cómo haces eso” y a raíz de ese mensaje pues se ve que el griterío de las redes sociales le hizo llegar al defensor de los animales salvajes un fragmento de una entrevista al niñato en “Hable con ellas” donde el mindundi este intentaba hacerse pasar por embajador de PETA a la par que paseaba un bolso de piel con la excusa de “me estoy quitando”.

Como el nivel mental de la joya en cuestión es el mismo que el de las farolas de mi barrio, que a veces alumbran, a veces no, pero generalmente dan más mierda que luz, la presentadora le derrumba en dos preguntas todo el escaparate y lo deja en calzoncillos, braga, tanga o lo que porte, y le demuestra que ni es embajador de PETA, que en PETA no saben ni quieren saber quién es este payaso, ni es un defensor de los animales, ni simplemente sabe qué  es el trato ético hacia ellos.

Bien, pues con las mismas, Frank reculó y el siguiente mensaje a la criatura ya no fue tan de colegueo.

Hasta aquí los hechos, expuestos, lo crean o no, de forma objetiva. Ahora arranco con mi opinión:

Aquí falta mili. Riánse lo que quieran, pero falta. Raritos ha habido siempre pero no se convertían en el centro de atención del pueblo más que en la verbena a las 4 de la mañana. Han querido hacer el ridículo y vivir de ello toda la santa vida. Y no estoy cargando contra la orientación sexual de nadie, ni con su interés en el mundo del espectáculo. Cargo contra hacer el auténtico gilipollas por cuatro duros y fama. Eso que el resto no hacemos porque tenemos dignidad, sentido del ridículo y, sobre todo, talento real para otras cosas.

 

Pero antes había mili. No sólo en el sentido castrense. Había valores, formación, educación, y el espejo que buscábamos era el de gente a la que respetábamos. El mío era, por ejemplo, mi profesor de Lengua y Literatura de la ESO. Buscabas alguien a quien parecerte que te nutriera por dentro y te ayudara a crecer. Envío mi más sentido pésame a los padres de los niños que ponen sus ojos en esperpentos humanos como el Gibaja este u otros “influencers” que me han pasado mis compañeros esta mañana para que pudiera hacer el post. Gente tóxica, de escasa cultura y cuyo propósito en la vida es forrarse a costa de hacer el bobo. Les doy el pésame porque sus hijos han muerto en vida. Y lo han hecho en gran parte por su culpa. Porque no han recibido tal vez una charla o una bofetada (porque ahora darle una bofetada a un niño es delito mortal) que les devuelva al camino.

Hemos depositado la educación de nuestros hijos en Internet y la televisión, con breves aportaciones del entorno escolar y dejando que nuestro pasotismo haga el resto. Es lo cómodo. Tenemos una vida de mierda en la que curramos 10 horas para poder pagar esa hipoteca en la que nos metimos a trompicones, para poder mantener el nivel de vida activo. Lo último que queremos es llegar a casa con los pies pelados de currar y ponernos a educar a un niño o a fijarnos en cómo se está educando por su cuenta.

Y les cedemos esa responsabilidad a niñatos endiosados tras una pantalla, con un sueldo irreal y un ritmo de vida insultante. Futuros juguetes rotos de nuestro tiempo. Ríete tú de Joselito con lo que serán estos youtubers, viners, Instagramers, tuitstars e influencers dentro de 10 años cuando les explote la burbuja de gloria en la que se han acomodado.

Dejamos que críos de 18-22 años que no saben nada de la vida y que interpretan un personaje formen la personalidad de nuestros niños, cuando ni ellos mismos tienen formada la suya. Son adolescentes con miles de euros en el bolsillo y que cumplen los caprichos de las marcas y representantes. Hacen bazofia, venden bazofia y llenan de bazofia las mentes de nuestros hijos.

Por supuesto, hay buen contenido en Internet, pero no viene representado por estos niñatos. Lo hace gente como Korah, Corrales. Adultos que han visto en Internet una herramienta para reconducir su vida laboral y ofrecen un producto de calidad y de entretenimiento. Pero un producto que a los niños les aburre. Luego están todos esos gamers, que también hacen un trabajo orientado a una parcela en la que destacan con talento. Y luego todos esos graciosetes  como Darío Eme Hache, o el controvertido Jorge Cremades, que te pueden hacer más gracia o menos pero, bien, hacen humor. Nombro a quienes me gustan porque son, obviamente, los que conozco. Pero debe de haber gente a patadas en Youtube que hace un producto real, orientado, de calidad. A mi por ejemplo OMGlobalNews no me gusta, pero acepto que su contenido está currado y, desde luego, aunque por edad entrara en esa zona de riesgo de hacer el gilipollas por dinero, el chaval se ha desmarcado de ello.

Pero qué pasa con estos contenidos. Que a los niños de entre 10 y 20 años no les interesa la calidad. Que quieren la risa fácil. Que lanzan botellas de agua para ponerlas de pie. Que son tan gilipollas como sus ídolos. Porque les dejamos criarse con ellos. Que les afecta a la forma de expresarse, de vestir y hasta de caminar. Que no dejan de tener la edad del pavo y nosotros permitimos que se críen en un corral. Y así nos salen. Sin respeto por nada, ni animales ni seres humanos. Sin ideas propias. Sin poder generar un futuro de su propia experiencia y sometiéndose a modas absurdas constantemente que hacen que su personalidad se aliene más y más con cada nuevo personaje que entra en su cabeza a través de una pantalla.

Sus ejemplos son “influencers” del tipo Auronplay y Wismichu. Entiendo que hacen humor pero no lo comparto, no lo considero contenido de calidad. Llamar a gente por teléfono para cabrearla o hacer el bestia en vídeos de estos de “retos” no sé qué gracia puede tener, pero vamos, allá ellos y su público.

Humor sí, pero del burdo de toda la vida, el que busca la risa fácil, carente de algún tipo de reflexión medianamente sesuda.

Caso aparte es el Dalas Review, ese youtuber que intenta adoctrinar a sus suscriptores como quien dicta sentencia en el Tribunal Supremo, jugando al despiste, el engaño, manipulando “pruebas” y dándole la vuelta a la tortilla en su favor cada vez que se presenta la ocasión. Porque la ocasión, para este chico, supone una saga de doscientos vídeos, es decir, le asegura contenido y visitas por un tiempo, no puede dejarlas escapar.

En su caso, ni contenido de calidad (ni en fondo ni en forma) ni humor aunque sea fácil, ni nada de nada. Su canal se nutre básicamente de crear y mantener polémica.

Estos son, señores, los referentes de nuestros niños y jóvenes.

Falta mili, comenzando por los padres.

Falta interés en que nuestros hijos se alejen de todo aquello que no les beneficia. Hemos dejado de ser la figura de referencia porque estamos demasiado ocupados en crear un futuro de castillos de naipes. Igual hay que empezar a criar a nuestros hijos por hacerles entender el valor del esfuerzo y del conocimiento y dejar de ponerles delante todas las facilidades que les lleven a ser niñatos sin oficio ni beneficio con la mente comida por personajes que digan “hola bebé” y vistan de rosa con una tigresa domesticada al lado.

Última modificación: 29 mayo, 2017

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