Fútbol, niños y guantazos como panes

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Leo con poca sorpresa la noticia de la intervención de la policía local de Gijón en un partido de fútbol de pre-benjamines (6 y 7 años) para separar la pelea a guantazo limpio de dos madres. Que si tu hijo es un inútil, que si el tuyo más, que si no, que el mío es Cristiano y que, pero tú chavala de qué vas si el mío es Messi.

Sorpresa ninguna para quienes ya llevamos en esto del fútbol unos añitos. Por mi parte además me he sentado en banquillo y he pasado bastante tiempo también en la grada, así que les voy a contar cuatro cosas que necesitan saber:

Lo primerito que tienen que saber es que el fútbol es un juego. No, no me miren como si estuviera diciendo tonterías porque no. Muchos les dirán eso de “el fútbol es vida” no, señores, no me cuenten cuentos. El fútbol, como juego, como deporte, tiene demasiados estratos para que me vengan haciendo un concepto homogéneo que iguale a los futbolistas de primera división con los alevines del Rayo Colmenar de Guijuelo D. El fútbol es vida para quien vive de él, sea un futbolista profesional o el utillero de un equipo regional que cobra 300 euros al mes por pintar las rayas del campo y lavar las camisetas. Eso sí os lo compro. Pero no que se os vaya la vida en defender a 4 pelagatos que cambian cada temporada de escudo porque este año es el mío, y que me cago en la leche, Merche, no soporto a los imbéciles del escudo de la ciudad de enfrente que tienen otros pelagatos distintos y mira, que hoy hemos perdido y ellos han ganado y, escucha, que han puesto un tweet. Se van a cagar.

Porque esto me lleva al punto 2: los niños, son niños. Que se ha levantado Andreíta muy obvia de la siesta hoy. Que no. Que hay gente que no se entera. Y que mete en una cancha de fútbol sala con niños de 5 años intentando acertar a darle a la pelota y no al aire toda su educación y frustración de ultras. Que tratan a sus hijos o a sus hermanos, y mucho más a sus compañeros  o rivales como si fueran el Ultimate Team del FIFA 17. Yo he visto a señores con canas en ciertas partes de su anatomía encararse con niños de 10 años porque “eres un cerdo, hijo de puta”, y he visto a madres con abrigo de visón esperar a árbitros a la salida del recinto deportivo porque “eres un ladrón, sinvergüenza”. Se ve que con eso de que el fútbol es vida, si su hijo de 8 años no gana la liga este año, los apuros económicos van a ser de órdago.

Y en todo esto la figura discordante del entrenador:

Tercer punto: sentarte en un banquillo no te da automáticamente el apellido Guardiola.

Bien, voy a empezar hablando del entrenador normal. Digamos que el educador de fútbol base, el que entiende su función como la de preparar a los niños para una actividad física en la que combinar habilidades propias y grupales. El que enseña el juego, las normas, y la forma óptima de combinar todo esto para un fin: ganar el juego.

Ese entrenador a los padres no les gusta, porque, por lo normal, lo de ganar es secundario. Es ese tipo que quiere que jueguen todos los niños del equipo y no solo las grandes estrellas del balompié. Es el que pone a tu hijo de defensa en vez de delantero pichichi. Y comienza el show. Padres a pie de campo gritándole a su hijo dónde dar el pase, o que tire, o que corra más. Ni puta idea. Porque yo a esos padres me los imagino apoyados en el marco de la puerta del aula de matemáticas gritándole a sus hijos cómo resolver un problema, o encarándose con el profesor de inglés sin tener ni la más mínima noción del idioma. Les pongo un caso:

Cuando yo entrenaba a prebenjamines, me llegó un señor a apuntar a su hijo y me dijo que no me preocupara, que al niño lo entrenaba él, en la playa, porque había sido futbolista, y que ya me lo traía los domingos a jugar. Acabó sacándolo del equipo porque, ya se me ve, no tengo ni puta idea de fútbol, y siendo su hijo el mejor pero de largo, me había empeñado en que si no lo entrenaba yo, no jugaba.

Y no digo que toda la culpa de la desastrosa situación del fútbol base la tengan en exclusiva los padres, está el otro tipo de entrenador de fútbol: el Mourinho. The special One. No digo que yo sea el mejor pero no hay nadie mejor que yo.

Recorre Twitter una publicación de un entrenador de benjamines (8 años) con una escandalosa reprimenda a sus pupilos por estar a mitad de tabla siendo un equipo de primeras plazas. Ha llegado a su pueblo “el flipao”. Pero es que no es uno, es que pegas una patada y te salen 200 niñatos que se han metido a entrenar a equipos de criaturas sin ninguna culpa para sacarse 120 euros limpios para porros y gasolina. No se me ofenda nadie por el estereotipo, porque lo más triste es que es tal cual lo cuento. Y claro, el flipao tiene amigos flipaos que también entrenan equipos del mismo grupo, y se produce ese choque de egos tan bonito de los entrenadores por ver quién mea más lejos, los resultados y las goleadas se van repitiendo, se olvida el fin primero y único del fútbol base, enseñar, y comienza el circo.

Publicación de FB de dicho “entrenador”.

Miren, cada uno debe asumir el rol que la vida le asigna en cada momento.

Un padre tiene que velar por la educación, la felicidad y el crecimiento estable de su hijo. Tiene que cuidar y mimar a un chaval que, muy probablemente, no va a vivir de este deporte. Comparen el número de licencias federativas de niños entre 5 y 15 años en España y cuántos futbolistas españoles hay en equipos, ya no de primera división, sino de tercera para arriba. El porcentaje es lo suficientemente ridículo como para aceptar que tu hijo, por mucho que sea el más guapo del mundo, no va a marcar nunca en la final del Mundial. Y ya, cuando hablamos de fútbol femenino y vemos la abismal diferencia de sueldos y condiciones, créeme, que tu hija puede ser la nueva Vero Boquete, pero no te va a jubilar.

Un formador debe proporcionar un entorno cómodo y de calidad para que los conceptos que tiene que transmitir calen de forma automática en sus pupilos, pero también para que les ayuden a crecer en otros aspectos. El fútbol es un juego que proporciona hábitos y rutinas saludables a los niños. Hacer ejercicio de forma regar, 2-3 horas semanales, es solo la punta visible del iceberg. Con la actividad física va la mental, y hay un trabajo invisible en cuanto a higiene, nutrición y disciplina que forjan el carácter de los niños tanto o más que el trabajo que realizan los maestros en la escuela. El niño que se educa dentro de una actividad deportiva responde a estímulos de solidaridad, compañerismo y lealtad, y, para ello, el monitor que dirija su formación tiene que haber cultivado esos aspectos desde una edad muy temprana y de forma continuada.

Centrarse en humillaciones o en individualidades supone un choque frontal con la educación. No puedo educar a un niño a humillar a otro niño, porque lo que hago es crear un niño injustificadamente fuerte y uno débil. Y esa, como sabréis, es la semilla del bullying. Un bullying que, por desgracia, en este deporte tiene origen, espejo y raíz en los banquillos. Hay que echar a este tipo de formadores del fútbol. Sin excusa.

Y, por último, el único papel que importa en todo este juego:

Los niños, son niños. Sólo tienen que jugar.

Última modificación: 17 marzo, 2017

2 Responses to :
Fútbol, niños y guantazos como panes

  1. Natalia dice:

    Muchos padres parece que lo que buscan es “salir de pobres” haciendo de sus hijos el Cristiano o Messi de turno. Vivo frente a un campo de fútbol en el que juegan niños desde los 3 años hasta adultos. Estoy en un noveno piso y las barbaridades que escucho sobre todo en los partidos de los pequeños son irreproducibles. Es lo que dices, es un juego, pero deberían entenderlo primero los adultos. Enhorabuena por el artículo.

  2. Maria L.G dice:

    Que el fútbol debería ser un juego (y más en niños de esta edad) no es ninguna tontería, debería ser un juego y como tal, se debería disfrutar de ello, divertirse. Pero si los padres son los primeros que exigen a sus hijos meter muchos goles, les gritan en el campo y van más allá y se lían a tortazo limpio ¿como no vamos a estar haciendo niños competitivos? Si la figura más admirada es Cristiano Ronaldo o Messi porque así se lo inculcamos ¿por qué nos llevamos las manos a la cabeza si los niños no quieren estudiar?
    Volviendo al tema principal del post, me parece increíble que estemos dando este ejemplo de mala educación, de falta total de formas, de falta de respeto a un entrenador o árbitro, de falta de respeto a otros niños de la edad de nuestros hijos… ¿qué estamos haciendo de ellos? ¿Donde queda la inocencia de niños de 6-7 años que solo deberían preocuparse por jugar y pasarlo bien?

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