Futbolistas juguetes

Escrito por | Actualidad

Antes de meternos en faena, voy a dar unas breves indicaciones para leer este artículo:

La primera es que yo el fútbol lo veo sin forofismos y con afición, esto es, me gusta que mi opinión se tenga en cuenta desde ese aspecto más neutro. Respeto a los ultras, a los hinchas, y a los antiloquesea, pero no comparto su visión porque la mía viene de un deporte en el que nos gusta el deporte en sí y quienes lo hagan bonito, el ciclismo.

La segunda es que, desde que tengo razón futbolística, mi equipo ha sido el Real Oviedo. No confundan: he trabajado para más equipos, entre ellos el Caudal Deportivo de Mieres, el Femiastur de Avilés y el Real Sporting de Gijón. Pero mi corazón, mi fe y mi ánimo siempre han sido y serán del Real Oviedo, por esas cosas inexplicables que tienen la vida, el fútbol, el amor y el oviedismo y que coinciden en una locura intensa y un orgullo en la adversidad que empuja cualquier barco.

La tercera es que, como oviedista, aplaudo al escudo, a la camiseta, al club. Y si acaso he tenido algún tipo de querencia por algún jugador que la vistiera han sido por aquellos que la han representado con mayor pundonor o aquellos que han influido en mi vida personal con una calidad humana que me han demostrado y que pocos conocen, como es el caso de Aulestia o Esteban.

Aunque no lo crean, esta entradilla era necesaria. Al lío.

Circula por internet el vídeo de Jon Erice, capitán del Real Oviedo, enfrentándose a Uki, portavoz del grupo Shymachiiari, de carácter ultra del mismo equipo. El vídeo, muy desagradable, está grabado a distancia y no se percibe el contenido de la discusión. Como habrán visto, Erice se encara al seguidor, con las manos en la espalda como si hablara con el árbitro sobre un penalti pitado en contra, y, desafortunadamente, en presencia de su mujer e hijos.

Las redes sociales hierven y estallan. El Real Oviedo, desde mediados de la temporada pasada no consigue conectar con una afición hasta ese momento entusiasmada con el éxito deportivo tras años de lucha en el barro y con el estandarte de un técnico que tiró la toalla tras luchas de ego con algunos jugadores, o así se transmitió a la gente. Jugadores entre los que destaca Erice, como capitán.

Los comentarios sobre el vídeo se centran en recalcar que la disputa verbal se produce tras las declaraciones de Uki en radio, las protestas del grupo en el último partido, y que es Jon Erice quien acude al negocio de este para recriminar su actitud. Aunque existe prueba gráfica del enfrentamiento, sólo ellos dos saben qué ocurrió en realidad.

En el aspecto futbolístico la cuestión es muy simple: el capitán de un equipo como el Real Oviedo, que fue salvado en dos ocasiones por su afición, jamás debiera enfrentarse a esta, y mucho menos a finales de una temporada en la que se espera una carambola para lograr un objetivo que esta afición lleva 13 años soñando.

En el aspecto humano es donde se complica la historia. Los futbolistas no son robots sin sentimientos. Su trabajo es ejercer un deporte de forma que sus aficionados se identifiquen con su juego y su entrega. Pero también tienen que soportar sobre sus espaldas el peso de esa afición, representarla en el campo y fuera de él.

Los rumores sobre la vida personal de un jugador, no de este sino de cualquier​ jugador, son un constante. Ayer mismo se publicaba una entrevista a Ronaldo en la que decía que se hablaba mucho de sus fiestas pero eran mejores aún de todo lo que se pueda contar. Se han filtrado este año vídeos de Parejo, jugador del Valencia, borracho o en el bingo. Fue lamentablemente famoso también el vídeo sexual protagonizado por Sergi Enrich y Antonio Luna, jugadores del Eibar. Se acusó a Vela, jugador de la Real Sociedad, de no presentarse en un entrenamiento por acudir a un concierto, también con prueba gráfica de por medio. Y ya como colofón de la intromisión de seguidores y redes sociales en la vida personal de futbolistas, la portera del Atlético de Madrid B fue expulsada del club por celebrar un título del Real Madrid, masculino.

Pues sí, Ronaldo. Decíamos un montón de burradas de tus fiestas y nos las inventábamos porque no había imágenes. Decíamos que Cassano estaba gordo pero no supimos hasta años después que era porque el recepcionista del hotel que solía frecuentar acompañado de mujeres le agasajaba cada mañana con una cesta de croissants. Sexo y croissants cada noche. Hasta Maradona se autodestruyó con drogas, fiestas, sexo, alcohol, delante de los ojos de millones de aficionados sin que nadie le parara.

El problema es que ahora vemos, grabamos, emitimos, juzgamos, atacamos sin piedad. Lo más mínimo se filtra, se manipula. Aquella discusión de Egea con Erice y otros jugadores fue subtitulada y repetida. Nadie dio una explicación veraz, el técnico abandonó al equipo tras ella. Se habló de una juerga nocturna en Mallorca de aquellos jugadores que terminó en comisaría, nunca se dieron pruebas, pero se dió por hecha. Lo que antes se arreglaba en el vestuario es ahora vox populi, con una prensa entregada al escándalo y unos aficionados locos por ser manipulados.

No nos conformamos con que los futbolistas jueguen a fútbol, queremos ver su vida. Decía Riquelme hace unas semanas que el fútbol de ahora no es fútbol ya. Que él gastaba su tiempo libre cuando era jugador en ver más fútbol, y que ahora los futbolistas se exhiben constantemente en las redes sociales. Ahora voy a dormir la siesta, hola me acabo de despertar de la siesta, ahora voy a cenar, ahora voy a jugar a la Play. Lo hacen impulsados por las marcas que les patrocinan, por quienes quieren vendernos su normalidad para que la adaptemos a la nuestra, y por ese amarillismo que destiñe actualmente la prensa deportiva. Podemos abrir la sección de deportes de un informativo con Neymar cantando en el karaoke con su hermana o con que han despedido a la novia de Cristiano de la tienda donde trabajaba. Si De Gea y Muniain acosan supuestamente a una menor, o hace lo propio Benzema extorsionando a un compañero, tenemos material para meses. Creamos ídolos, les damos poder, y luego queremos destruirlos. Son nuestras marionetas porque son nuestro motivo de entretenimiento, y ya no nos sirve que lo sean sólo dentro del campo.

Queremos que sean humanos, pero luego cuando estallan por serlo, queremos que sean sólo futbolistas. Les presionamos hasta que revientan. Hasta que, como Casillas, mandan a tomar por culo a quienes les pitan en un partido. Hasta que ponen unas declaraciones en sus redes atacando a la prensa que gestiona el odio contra ellos, como Piqué, o hasta que cogen a su familia y la ponen delante de quienes le acusan de ser mal padre y peor profesional. El caso es que el futbolista es nuestro juguete, y jugamos con él cuando queremos, y cuando nos cansamos tenemos derecho a tirarlo a la basura sin mediar palabra. El problema es que habría que interiorizar el mensaje de Toy Story un poquito: igual los juguetes tienen sentimientos y nosotros somos los monstruos.

Última modificación: 8 Junio, 2017

3 Responses to :
Futbolistas juguetes

  1. Vanesa dice:

    Waw!!! No puedes tener más razón!! El mejor artículo k he leído en mucho tiempo!! Bravo por ti Andrea!!

  2. Muy buen artículo. Coincido contigo, los futbolistas quieren ser cada vez más “vedettes” y menos futbolistas. Los hay que parecen mas bloggers que futbolistas. Y la culpa es nuestra, como aficionados, que queremos que se comporten como no lo hacemos nosotros. Cada vez se habla menos de lo que pasa dentro de la cancha.

  3. Diego dice:

    Y entonces en qué quedamos, Erice es bueno para el Oviedo o es malo?

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