Guerra de banderas

Escrito por | Actualidad, Mapaternidad

Veo nada la tele. Quitando el canal Clan, podemos decir que mi visión del mundo la obtengo de internet. Pero de vez en cuando pongo algunos de los canales en abierto que tenemos en este bendito país. A los 2 minutos recuerdo los motivos por los que no suelo hacer esas cosas y, o pongo Netflix, o me pongo a leer.

El caso es que la he puesto un par de veces más de la cuenta esta semana, es decir dos, y parece que sólo hay un tema.

Hay una parte de nuestro país donde hay un montón de gente con banderas rojas y amarillas peleándose con otro montón de gente con banderas rojas y amarillas.
Y bueno, si bien mi padre me enseñó que detrás de una bandera siempre suele haber un gilipollas, el caso es que seguramente él no pensaba en que detrás de una bandera pudiera haber niños.

No. No voy a picar con la tontería del adoctrinamiento, los mierdas de sistemas educativos que tenemos y el largo etc que lleva a este país al analfabetismo más absoluto día tras día, haciendo que nos falte muy poquito para ser como los norteamericanos. Lo que voy a contaros es una historia de mierda personal mía en la que un crío deja en pañales a un adulto.

Me gustan los videojuegos. Me gustan mucho. Y hace no mucho intenté que mi hijo de algo más de dos años y medio jugara en la play a un juego de Star Wars de Lego. Apenas es capaz de sujetar el mando, así que hay que ayudarle un poco.

Al principio flipaba. Troopers, sables láser, música que está aburrido de escuchar… y todo, interactuando con lo que hacía apretando unos botones. ¿Cómo no iba a gustarle? Era un juego de Lego, así que pronto había piezas de Lego por toda la pantalla. Blaster disparando, detonadores termales, sables láser… todo destrozaba todo.

Cuando ya empezó a pillarle el truco, veo que lleva a su personaje a mirar por la ventana del Destructor Estelar donde estaba. Entonces los “oooooohhhh” de pena cada vez que una nave espacial explotaba en mil piezas se sucedían sin parar. Yo le animaba a seguir jugando, y aún lo hacía de vez en cuando. Pero cada vez los disparos de blaster y los mandobles de sables láser se espaciaban más.

No le gustaba “romper” cosas ni personajes. Por mucho que obviamente se recomponieran ellos solitos luego. Era sus juguetes de siempre. Y ahora se lo estaba pasando bien con ellos. ¿Romperlo? ¿Para qué?

Tras 10 minutos seguidos viendo como ponía a Yoda a mirar por la ventana mientras no hacía más que saltar, creo que lo entendí.

Nosotros, en nuestra estúpida adultez, pretendemos enseñarles constantemente a nuestros hijos para qué sirve cada cosa. Queremos enseñarles qué es lo correcto.

Al igual que tuve que dejar que mi hijo pudiera romper muñecos de Lego a discreción para entender que no era lo mejor que se podía hacer con ellos, quizás deberíamos dejar a un montón de niños de los de las banderas rojas y amarillas con otro montón de niños de los de las banderas rojas y amarillas. A ver qué pasa.

A lo mejor, los padres de todos están de acuerdo en corregir al primero que intente insultar o pegar… o a lo mejor ni miran las banderas y se ponen a jugar.

Última modificación: 29 septiembre, 2017

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