Jack, el Destripador: Annie

Escrito por | Sucesos

El Lunes 3 de Septiembre de 1888, el sargento Thick y el inspector Abberline discuten acerca de los posibles culpables del asesinato de Polly. El móvil es un misterio. Han visto el cadaver y es una verdadera carnicería. Y la pista de “mandil de cuero” no es más que simple habladuría debido a que vieron a carniceros por la zona con sus delantales. Pero eso no impide que al día siguiente los periódicos publiquen incluso su descripción.

“38-40 años, bajo, rechoncho, pelo negro y bigote, movimientos siniestros y sigilosos, ojos centelleantes, sonrisa repulsiva, lleva un cuchillo con el que amenaza con descuartizar a la gente, vive en Brick Lane y es habitual de Princess Alice, en Commercial Street”

El sargento Thick no se cree lo que dicen los periódicos, pero sí es partidario de seguir la pista de mandil de cuero. Abberline tiene otras cosas en mente.

Una tal señora Green, que vive a apenas diez metros de donde se encontró el cadever, parece ser que estaba despierta durante el asesinato y dice que no escuchó nada. ¿Se dejó Polly rebanar el cuello sin proferir un solo grito?

Da igual. El 6 de Septiembre la entierran solitariamente tras pasear el ataud por unas atestadas calles londinenses llenas de morbosos ciudadanos. La escena del crimén se convierte en lugar de visita turística y obligada fotografia para el recuerdo.

Thick va detrás de un tal Jack Pizer. Abberline va a tomarse una copa. Una guapa y elegante prostituta se le insinua, pero él sólo necesita hablar.

Annie, Liz y Mary se reunen en una esquina no muy lejos del Britannia. Las tres se confirman unas a otras que la famosa muerta es Polly. Creen que ha sido por no pagar a las cuatro libras. Ninguna cree que tenga que ver con su intento de extorsión.

Annie vuelve a la pensión tambaleándose. Lleva varios días sin comer y cuando come es sólo una vez al día. Vive de la lavar a un jubilado enfermo, y eso le da más dinero que la prostitución. Pero hoy, a pesar de sentirse muy enferma, va a salir a la calle. Un amable joven con pinta de cochero le ha regalado un bonito pañuelo. Lo lleva puesto para probar suerte. Si no, no podrá tener lo suficiente para pagarse la noche bajo techo.
Se pasa a ver a su hermana en su paseo nocturno, pero ella también está en la ruina. Sólo puede darle una patata cocida para comer. Asi que cuando un amable hombre para su carruaje junto a ella, se identifica como médico, y le ofrece sus servicios por caridad al verla en tan mal estado, Annie no duda un ápice en sentarse a su lado. Las uvas que le ofrece le saben a gloria.
Habla con ese altruista médico de su frágil salud y de la de sus dos pequeños. Son muy malos tiempos para una viuda. Por lo que cuando paran de improviso en Hanbury Street, Annie le ofrece educadamente sus servicios.

Mi cochero es quién se encarga de los negocios querida.

Annie se baja y acuerda un par de florines por ir a un callejón solitario que conoce allí mismo. Lo usan todas las chicas de la zona. El amable médico se baja y la sigue hasta la oscuridad de una valla contra la que se apoya Annie dándole la espalda. Se sube sus enaguas y nota como el petimetre se coloca por detrás, la agarra del bonito pañuelo y la estrangula. Apenas tiene fuerzas para resistirse.


Poco después, al amable doctor se arrodillará junto a Annie, abrirá su maletín y procederá con lo planeado, empezando por el corte del cuello de izquierda a derecha. Se llevará varios órganos y dejará los intestinos colgando del hombro izquierdo de Annie.
Un trozo de mandil de cuero será encontrado en el lugar. Pertenece a un venico cercano, John Richardson, pero eso no impedirá que el sargento Thick vaya a arrestar a Jack Pizer.

Será puesto en libertad por falta de pruebas al poco tiempo. Pero el Destripador ya tenía nombre. Jack.

Abberline va a tomarse otra copa, necesita hablar.

Sir William Gull ya estaba dormido en su cama para entonces.

Última modificación: 13 septiembre, 2017

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