Jack, el Destripador: Liz

Escrito por | Sucesos

Mary Kelly entra por la mañana en el Britannia. Allí encuentra a Liz con los ojos enrojecidos mirando absorta un periódico.
Sólo acierta a coordinar dos frases, para ella todo es ya evidente.
“Le arrancaron las tripas. Sólo quedamos tú y yo”.
Mary responde “Sacaré dinero de donde sea para pagar a esos bastardos”.

Ella aún no es consciente.

El inspector Abberline se está tomando otro trago. Malsana costumbre está adquiriendo. Pero no soporta que hoy se haya publicado en un periódico una supuesta carta de Jack, el Destripador -ya tiene nombre- burlándose de la policía. Él no es el idiota de Thick, no le da ninguna credibilidad. Pero ya hay dos mujeres muertas y no sabe como parar el show.
La guapa prostituta de estos malos días se sienta en su mesa sin que él lo espere.
– ¿Estás bien? Tienes mala cara.
– ¡Oh! Emma, no te esperaba. Bueno en verdad si.
– Apenas tengo tiempo para hablar, necesito conseguir dinero.
– ¿Estás en problemas?
– No cariño. Simplemente mi vida es así.
– Mira, tengo aquí dos libras y el tiempo que has estado conmigo podrías haberlo pasado buscando trabajo. Son para tí, por las molestias.
– No se qué decir. Gracias. Eres una buena personas. Quizás me hayas salvado la vida con esto. Gracias.
Y le besó en los labios antes de irse y dejar a Abberline mirando al infinito.
Vuelve a su despacho decidido a parar esto. Pero se ahogará en un mar de hilos de pruebas absurdas que no van a ninguna parte. Todo Londres ha jurado ver a algún carnicero con un maldil de cuero fuera de lugar en las últimas dos semanas. Estúpido Thick.

Mientras, en otro lugar de Londres el Dr. Gull discute con otro compañero de masonería. Este le insta a parar. Aunque sean órdenes de la Reina. Gull nunca desobedecería a Su Majestad, y cuando le ruegan que entre en razón, su única respuesta es:
“No invoque a la razón. Es una deidad demasiado pequeña para esto”.

Mary Kelly va de camino a Old Nichol a pagar las dos libras de deuda a los extorsionadores habituales. Paga dos, la mitad de las cuatro iniciales porque ahora sólo quedan dos, Liz y ella.
“¿Estámos entonces a salvo? ¿No nos harán lo mismo que a Polly y Annie?”
“¿Qué? ¿Crees que nosotros atraeríamos a tanta policía? Es malo para el negocio. De ellas dos no nos encargamos nosotros”

Mary empieza a ser consciente.

Liz lleva una buena noche. Ya lleva dos clientes cuando un cochero se para a su lado para decirle que un adinerado caballero se ha encaprichado de ella. Para demostrar que volverá con él en menos de una hora, le regala una flor para que lleve en su solapa y media libra de unas magníficas uvas tintas. Llueve. Pero Liz esperará. La noche promete. Durante la espera otro cliente va y viene.
Tal y como prometió el cochero, a la hora llega con un tal Sir William. Él le llama Elizabeth, a ella le gusta. Van al callejón habitual de esta noche. El cochero vigilará la única entrada. Ella lo entiende. Cosas de los ricos. Le ofrece mas uvas. Liz empieza a sentirse mal, tiene ganas de vomitar. Intentar salir del callejón corriendo, pero choca con el viejo que la retiene a la fuerza. Liz es más grande y más joven. Logra escapar de su abrazo, pero cuando llega a la altura del cochero el láudano de las uvas ya ha hecho efecto. Apenas tiene fuerzas para luchar mientras topa de cara contra el suelo.
El cochero la levanta y sostiene su barbilla alzada para mostrar el cuello. El Dr. Gull cumple con su trabajo eficazmente. Pero Liz ha luchado demasiado. Ha hecho ruido. Empieza a arremolinarse gente que han escuchado gritos. Dejan el trabajo sin acabar aunque la suerte les sonrie.
A pocas calle de allí, un policía les da el alto. La Señora Gull le describió el carruaje de su marido. Mientras Sir William se limpia las manchas de sangre de las manos, el policía les informa de que Mary Kelly está en comisaria por embriaguez.
“Ya sabe nuestro nuevo destino”

Última modificación: 7 octubre, 2017

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