La esclavitud de Dulceida Joyce y la “escoria” del proletariado.

Escrito por | Actualidad

Ya se me ha hinchado la vena de andar leyendo a los “influencers” defendiéndose unos a otros de las críticas del público cada vez que les da por hablar de la vida tan dura que llevan.
Chavales que tienen, como mucho, muchísimo, 30 años, ¿sabes?, eslomaícos perdidos de picar piedra están.
Vamos venga, no me fastidies.

Dile a los padres de cualquiera de los redactores de esta revista que ir de reunión en reunión unos días y trabajar desde casa los más, es agotador.
Suerte tenéis de que mi abuelo paterno no esté vivo porque solo con la mirada os ponía a bailar flamenco a las 12 de la mañana en el desierto con un traje de protección biológica nivel 4.

Por una simple y llana cuestión de edad, animalitos míos de bellota, nuestra experiencia laboral es más bien limitadita.
Y hemos tenido la suerte de que nuestros padres y abuelos se dejasen los cuernos trabajando para que nosotros pudiéramos tener una formación. Preguntadle a vuestros padres y abuelos qué es trabajar. Ellos lo saben.

– Viajar en primera clase a un montón de sitios maravillosos
– Alojarse en hoteles de ensueño
– Hacerse sesiones de fotos
– Que te den productos para vender
– Tener que publicar fotos

 

 

Lo estoy pasando fatal, amores, sacadme de aquí. Si no consigo sobrevivir, decidle a Alba que la amo.

 

No es un trabajo extenuante. ¿Es trabajo? Sí, qué duda cabe. Pero tenéis mucha ayuda para llevarlo a cabo, hasta tal punto que, al final, ya no necesitáis ni tener talento. Las decisiones se toman por vosotros. Los problemas, os los solucionan. Todo os lo dan hecho. Solo tenéis que sonreír y hasta eso os cuesta a veces.

¿Sabéis? Hace años trabajé con una persona muy famosa. Los viajes en primera clase, los hoteles de ensueño, la comida riquísima, pedir lo que fuese y que nos lo diesen en cuestión de minutos… lo conozco. He vivido vuestra vida.
Con la diferencia de que como yo era la persona que estaba detrás del personaje, los agobios me llegaban a mí. Las mil llamadas de teléfono a la vez. No revisar el correo electrónico en un par de horas y tener ya quince en espera. Los problemas para cuadrar fechas, horarios. El papeleo. Eso a vosotros no os llega.
Y con eso y con todo, me gustaba mucho lo que hacía. Vivía a mil revoluciones por minuto pero me gustaba. Aún me daba tiempo a hacer vida social y estudiar, ¿cómo lo ves? Pues normal, es normal, no estaba haciendo nada del otro mundo.

 

Lo que más me fastidia de este tema, son dos cosas:

– Dulceida, tú que te enorgulleces de no tener ni la ESO, ¿a qué crees te que estarías dedicando si no fueses influencer? Serías peluquera, cajera, dependienta, frutera. Y eso sí sería TRABAJAR.
Nadie te mimaría, nadie te daría nada hecho, te criticarían más que ahora y peor: a la cara. Tendrías que salir de trabajar, derrengá perdida y ponerte a recoger la casa, cargar lavadoras, tender, hacer malabares para pagar facturas, planchar, hacer comidas, cenas, compras.
Nadie te daría caprichitos ni palmaditas en la espalda.

Así vivimos la mayoría de los mortales. ¿Qué os parece, influencers? A quien le parezca un planazo, le cambio mi vida por la suya una semana, a ver si aguanta. Y eso que me vida es de privilegiada, de persona súper, mega, afortunada.

Los reponedores que cargan palés y palés de género sin descanso, trabajan.
Las cajeras a las que se les acumulan los clientes con prisa y mala cara, trabajan.
Los albañiles que se dedican a las obras públicas (en plena calle) a las 12 del medio día, haga un sol y un calor de justicia o caigan chuzos de punta, trabajan.
El taxista que se desespera por no encontrar clientes y hace, con suerte, seis carreras al día por doce horas de turno, trabaja.
Lxs auxiliares de enfermería y enfermerxs, de quienes dependen vuestras vidas y las de vuestros seres queridos, y que no tienen tiempo en su turno ni de ir a hacer pis (hasta el punto de coger infecciones cada dos por tres por aguantar demasiado y no beber lo suficiente), trabajan. Ellos no pueden decir oye, si me veis por la planta, no me pidáis medicación que estoy aquí descansando con mis compis, súper tirada. Entendedlo. Os amo. No, ellos cuando creen que por fin van a poder ir al wc, oyen gritos en una habitación y en una fracción de segundo, cogen cuantos aparatos pueden y salen corriendo pasillo adentro a ver qué pasa. Y les faltan manos para hacer todo lo que tienen que hacer: revisar al paciente, tomar constantes, balance de daños, llamar al internista de guardia, quizás a UCI, mil cosas.
Los abogados que además de su trabajo en bufete están metidos en el turno de oficio, y por tanto están de guardia 24 horas, trabajan.
La madre que limpia casas y tiene tres hijos, trabaja. Y da gracias por hacerlo porque si no lo hace, en su casa no se come.
El camionero que se pasa horas en la carretera transportando materiales peligrosos y se encuentra ochocientas complicaciones en el camino, trabaja.
Los mineros que han acabado todos con problemas respiratorios y la mayoría de las veces más tullidos que el muñeco de trapo de un niño de tres años, trabajan.
Los también mineros u obreros que llegan a urgencias demolidos, con miembros amputados y hechos un absolutísimo Cristo en la cruz después de un accidente laboral, trabajan. Y además de su sueldo, se llevan meses y meses de hospitalización y secuelas de por vida.

Lo que hacemos tú y yo, amigx influencer, es de privilegiados. Nos pasamos el día en pijama o vaqueros, podemos tomarnos un café o cuarenta si queremos.
Podemos parar un cuarto de hora a descansar. Y no pasa nada, nadie se muere.
¿Tenemos plazos, exigencias? Obvio. Pero los gestionamos a nuestro aire, trabajamos a nuestro aire, sentaditos bien cómodos, con nuestra musiquita de fondo y el ronroneo de nuestros gatos relajándonos #DeChill #OdioLosLunes #CuántoSufroYQuéPocoMeQuejo

Nadie depende de nosotros, solo nosotros mismos. Yo puedo trabajar menos este mes o incluso no trabajar tres meses y no pasa absolutamente nada (gracias a Dios). Mira a ver si una madre de familia o alguna de las personas que te cruzas por la calle, puede hacer eso. Te garantizo que la mayoría no.

 

– Influencer mío de mis amores, tú, sí, tú; ese al que admiro porque sé que sí tienes talento y has trabajado duro para estar donde estás, ¿qué haces dando fav. a según qué tweets? ¿No ves que, en primer lugar, es tirar piedras sobre tu propio tejado? ¿No ves que hay que gente que con mucho menos talento y esfuerzo que tú vive como Dios y encima se queja? ¿De verdad te gustan esos comentarios en los que, además, se tilda de escoria a gente que solo da su opinión sin faltar al respeto?
Influencer, cariño mío, sabes que me caes genial y que te tengo en alta estima. Pero últimamente estás perdiendo la perspectiva sobre muchas cosas y estás siendo bastante incoherente. Te invito a un té, cuando tú quieras, dónde tú quieras, pon las reglas del juego, como dice esa canción que taaanto te gusta muéstrame el camino que yo voy. Y despacito y con amor, te recoloco las ideas donde las tenías antes, que es donde estaban bien. No me seas incongruente, tío, eres inteligente, párate y piensa en lo que ha dicho Dulceida, en lo que ha dicho el colega este que se atreve a llamar escoria a gente que igual no tiene tiempo ni de rascarse porque trabaja para poder pagarse los estudios, el alquiler, la comida.

 

Porque sí, amigos, hay muchísimo desempleo. Los jóvenes lo tenemos crudísimo para encontrar un trabajo, como bien expuso mi querida compañera Lidita Swan aquí: los jóvenes de hoy estamos desamparados.

Hay mucha gente acudiendo a ONG’s para poder comer o tener un abrigo para sus hijos. No sé si lo sabéis pero el perfil de persona que acude hoy en día a comedores sociales, albergues o a Cáritas en busca de comida y/o ropa, ha cambiado mucho en los últimos años. Ahora va gente como tú y yo como yo. Padres de familia que van allí a comer porque lo poco que logran juntar si alguno de los dos trabaja o cobra el paro, lo usan para comprar comida para sus hijos, para que puedan desayunar y cenar por lo menos.
Si no me creéis, os animo a pasaros a colaborar un día en un comedor social o en un albergue. Y luego me lo contáis.

Hay muchos ancianos aislados en quintos pisos de antigua construcción , sin ascensor. Sin poder salir a hacer sus compras o siquiera, dar un paseo cuando hace bueno.
No pueden poner la calefacción en invierno. A veces, la pensión no les da para pagarse la comida y lo poco que cuestan sus medicamentos.
Multitud de ellos aún pasan parte de su pensión a sus hijos o los recibe a diario a comer en su casa porque ellos se encuentran en situación de pobreza también.
De hecho, hoy día, en España, hay mucha más gente de la que pensáis viviendo en el umbral de la pobreza, con 1’50€ al día.

Hay muchos amigos míos trabajando hasta 16 horas para cobrar 600€/mes.

Muchos otros se han sumado a la fuga de cerebros y residen fuera de España para poder vivir practicando la profesión que estudiaron para ejercer.

A esa gente le ofenden las quejas de Dulceida, con toda la razón del mundo. Como para encima llamarlos “escoria”.

 

Influencers, dejad de insultar a vuestros seguidores desde el pedestal de la superioridad moral que creéis que os da tener un número equis de seguidores y una red social para vomitar lo primero que os viene a la cabeza.
Dejad de besar pies equivocados.
Dejad de ofender desde la comodidad del sofá de vuestro palacio de cristal al que no le falta detalle, mientras coméis sushi que os han llevado a domicilio para que no tengáis ni que mancharos las manos.
Dejad de usar vuestros iPhone XXV Mega Maxi Plus, el iPad Ultra Pro 7000 y el iMac 2020 para asomaros ficticiamente a un mundo que no os gusta porque es REAL.

E intentad utilizar vuestra voz y vuestros recursos con fines positivos: crear conciencia, ayudar, comprender… hacer de este mundo un sitio un poquito mejor. Porque podéis hacerlo: cuando un/a chiquillx jovencitx se os acerca a pediros una foto, para vosotros, esa personita no es nada, no es nadie. Sí, decís que los amáis y que lo son todo para vosotrxs pero a la hora de la verdad, a nivel personal, nunca habéis visto a esa persona y nunca la volveréis a ver. Pero para ella, veros lo es todo. Una foto con vosotrxs les alegra no solo el día sino también la semana, el mes… la vida.
Una vida en la cual sufre porque vive en las condiciones que he descrito anteriormente, porque le hacen bullying, y por eso tiene ansiedad, depresión, baja autoestima, trastornos alimenticios. Vete a saber. Ese es el problema: que nunca sabemos qué batalla está luchando la persona que nos cruzamos por la calle y teniendo la capacidad de causar un buen impacto sobre ella y alegrarle un poquito el día, vamos con la cabeza en nuestros dramones del primer mundo y no les hacemos el caso que deberíamos y que se merecen. Porque no os olvidéis, influencers, sin el apoyo de esa gente, ni marcas, ni representantes, ni empresas ni nadie salvo vuestra vecina del quinto os conocería. De no ser por ellos, no tendríais la vida que tenéis.
Pay back. Es lo justo. Aunque a veces vayáis con prisa, cansados, agobiados, de mal humor… la personita que se os acerca, no tiene la culpa. Y se muere de ilusión por un abrazo vuestro, una foto con vosotros. ¿De verdad es tanto pedir?

Lo tenéis más fácil que nadie. Por el amor de Thor, dejad de quejaros y poneos manos a la obra de verdad.
Más ayudar y menos despotricar porque si seguís por este camino, los mismos que con su amor, apoyo y dedicación os lo han dado todo… os lo acabarán quitando.
A saber qué sería de muchos de vosotros si un día perdéis lo que hoy tenéis.
Pensadlo. Pensadlo bien.

 

Última modificación: 12 noviembre, 2017

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