La Feria de Abril que no se ve

Escrito por | Actualidad, Fauna animal

No es ni la Feria de Sevilla. Es sencillamente la Feria de Abril. Y es tan grande que todo el mundo, con solo decir eso, ya “debe” saber que está en Sevilla.

Y parte de la leyenda es cierta. Tampoco vamos a venir ahora de derrotistas y descreídos. En la Feria te lo puedes pasar muy bien, maldita sea. Si normalmente nos hacen falta pocas excusas para reunirnos con los amigos a contarnos cuatro tonterías mientras comemos y bebemos, la Feria ya es el súmmum de ese concepto. Sólo que a un precio más alto.

Porque sí, hablo de dinero. Hay veces en las que hay quién paga 9 euros por una tortilla minúscula a la que le acaban de quitar el polvo del año pasado. Pero no sólo pagamos ese precio.

Detrás de tanto famosillo venido a menos que se cree admirado por ir un ratito en un coche de caballos (no saben que les salva del botellazo de turno la presencia policial), lo que hay son animales que sufren. Y que sufren mucho.

Ojo, hay un servicio veterinario en el mismo Real de la Feria. Lógico, hay suficientes animales como para tomar Constantinopla, y caballos también hay muchos. Pero la buena intención no evita que uno pasee por el Real viendo a caballos sin comer ni beber durante horas al sol solo para que el jinete de turno se tome la manzanilla delante de tal o cual caseta.

Porque se puede beber alcohol montando un animal de muchos kilos de peso en el Real. ¿No sabían ustedes eso? Si un tío montado a caballo “contento” les parece peligroso, imaginen decenas y decenas… imaginen lo que les queda a esos pobres animales.

Algunos acaban muertos, yo los he visto. De agotamiento o porque el borracho que lo montaba lo ha metido por donde no debía y el animal se ha roto una pata.

También tenemos niños. Imberbes a los que usted no le dejaría cruzar la calle sin que le dieran la mano tienen kilos y kilos de músculo animal entre las piernas. Todo ofrece una tranquilidad tremenda por ahora, ¿verdad?

Pues si usted gusta, pasamos a las personas.

Segundo día de Feria. Te llega un tío con camisa blanca y pantalón negro cojeando. Se quita los zapatos y lo que tiene no son pies. Son dos cosas hinchadas, ardiendo y sangrando. Lleva tres días trabajando sin parar, duerme en la caseta un par de horas por la mañana mientras los borrachos se van a dormirla. Le recomiendas reposo mientras lacónicamente los dos os miráis y esbozáis una triste sonrisa. Le curas las heridas, haces lo que puedes, le das algo para que aguante lo que queda de día y noche y le dices que mañana se venga a la misma hora, que tú vuelves a estar de guardia.

Te da las gracias como si fueras el puto Superman y hubieras evitado que un helicoptero lo aplastara. Se pone malamente los zapatos y vuelve a irse cojeando. Le quedan 5 días más. Sabes que seguramente gane el sueldo de dos o tres meses para mantener a su familia en una semana de trabajo. Pero eso no evita que desde entonces el jamón de la Feria te sepa a mierda en la boca.

A todo esto. Si son ustedes de fuera de Sevilla… como no vayan de la mano de un sevillano… lo que van a ver es un sitio lleno de tierra sedimentaria amarilla con un montón de casetas en las que usted no puede entrar. Y en las que podría, seguramente las podrá identificar por los niñatos de turno haciendo botellona en sus inmediaciones no muy lejos de los furgones policiales por si hay pelea.

Pero oye, hace unos años se consiguió prohibir la atracción de los ponys donde esos pobres animales pasaban literalmente el día entero dando vueltas en círculo sin descanso.

Algo hemos avanzado.

Ya güele a Feria… o a mierda de caballo. Depende de cómo usted lo vea.

Última modificación: 2 Mayo, 2017

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