La Friendzone

Escrito por | Sexo

Conoces a una persona. Por lo que sea, de primeras te llama la atención en muchos aspectos, pero bueno, conocer a alguien lleva su tiempo. Te lo tomas con calma. Poco a poco, joder, quieres más porque te has encoñado como el más tonto de la clase. Pero es especial, la conoces del todo, como decía Benedetti, te sabes todos los lunares de su cara, que se arregla el pelo cuando se pone nerviosa, que cruza la pierna izquierda sobre la derecha… blablabla, vale, ok, sí, te has enamorado de ella. Te has enamorado de tu amiga. Y la quieres tratar como no la han tratado nunca, porque sabes todo lo que ha pasado hasta ahora y que quien hubo antes de ti y le hizo daño se merece dos cosas: una paliza que le deje comiendo en pajita hasta la senectud y verla feliz contigo. Bienvenido. No tienes ni puñetera idea de cómo ha sido pero acabas de entrar en la Friendzone. Ponte cómodo porque no vas a salir de aquí JAMÁS.

¿Que qué es la Friendzone? Bueno, es lo que antaño conocimos como los pagafantas, pero en un nivel muy pro. Es la tribu urbana más numerosa. Olvídate de los hipsters, de las feminazis, de los pijos del PP y Ciudadanos: los de la Friendzone pueden camuflarse en cualquier entorno, viven dentro de ti y un día salen a flote. Nadie está a salvo.

Hay gente que vive en la Friendzone desde el colegio. Sí, generalmente hablamos de gente poco agraciada por fuera y muy interesante por dentro. Los Best Friends Forever desde la adolescencia de la guapa o el guapo del instituto. Esta gente tiene su rol asumido de inicio, tienen su pisito comprado allí y son felices. Aceptan que vivir así es mejor que nada. Sus pajas mentales y físicas se centran en ese objetivo idealizado de la persona amada y pueden pasar años hasta que cambian de target. No podemos luchar por ellos, más bien son ellos los que intentan enseñarte los beneficios de su estilo de vida. Algo así como los veganos del amor.

Luego están los que han pisado la friendzone en alguna ocasión, pero sabiamente han permanecido en ella sólo en un breve periodo de prueba. Es decir: me emperro con X, veo que X me está tratando más como a su prima la Juani que como a lo que yo quiero, chao X. Bienvenido, míster Y.

Míster, si, porque al contrario de lo que la gente piensa, en el reino del pagafantismo habitan hombres y mujeres a la par. Hombres y mujeres que, si nos organizáramos, follaríamos todos. Pero ya sabéis, esto del amor no es cuestión de organización sino de sentir, y aquí somos expertos sentidos, vivimos enamorados del amor, de ese sufrimiento romántico, de las rimas de Bécquer y el suicidio de Larra. Larra, ese que antes de estancarse en la Friendzone prefirió pegarse un tiro frente a un espejo mientras su amiguita bajaba las escaleras del edificio. Qué grande eras, Larra, tío. Desde aquí te bancamos siempre, you know.

Y bueno, estamos los que nunca nos había pasado esto. Que estábamos en otro rollo. En otra serie de amoríos mortales, historias que salían mal o bien (más bien mal) pero, coño, que existían. Conocías a alguien, lo intentabas, salía mal, te pegabas la hostia, te sacudías el polvo y a por otra. Y muchas de esas veces, esa persona que conocías era tu amiga, ¿sabéis por qué? Porque existían los follamigos.

La gran figura olvidada de la historia contemporánea que nos ha tocado ahora vivir. Tú antes de decirle que no a una amiga o amigo te planteabas ¿qué puedo perder? ¿Un amigo? ¿En serio? No follo tan mal.

Me lié con mi mejor amigo con 14 años, sin ni siquiera gustarme los tíos, ¿por qué no lo iba a hacer? Estábamos todo el puñetero día juntos, nos conocíamos al dedillo, nos reíamos un montón, podíamos pasarnos el día en el sofá o jugando al ordenador. Pues ya que estás, plas. Y plas hasta los 16 años. Luego me lié todo el instituto con una amiga, con eso de que “va, por probar” dos años de probar. Se terminó porque empecé una relación larga que se terminó, y de cuya ruptura me aislé, precisamente, liándome con uno de mis mejores amigos de entonces. En los cinco siguientes años me lié, al menos, con dos amigas más. Dejen ustedes de llamarme puta, lo que soy es precisamente la follamiga ideal, porque sé que muy rara vez estoy preparada para una relación seria, y porque tengo amigos muy guays a los que no quiero joder porque sé que son especiales.

Ese mantra que repiten las arpías que te congelan en la Friendzone es totalmente falso. Si fueras tan perfecto, te querrían para algo más. Generalmente lo que falla es el físico, ¿o me vas a decir que con tu personalidad más el físico de Gisele Bündchen o Jon Kortajarena te iban a decir que tienen miedo a perderte y estropear la amistad? Eso no se lo cree nadie. Te meten en el zulo de la friendzone porque eres feo. Y no te lo dicen ellos así que te lo digo yo: feo.

Lo que pasa que a los feos antes se nos daba al menos la oportunidad de demostrar que esos defectos los compaginamos con otras virtudes. Qué sé yo, lo mítico de la nariz grande que equivale métricamente a otras partes de la anatomía. O las que nos pasamos de kilos pero, eh, también gracias a eso tenemos unas tetas de sobresaliente. Claro, pero tu amigo en eso no se fija. Porque tu amigo te quiere, no te cosifica. No. Si yo tuviera las piernas, la cara y el abdomen de Megan Fox tendría el Wasap a reventar de amigos pidiéndome follar. Y Megan Fox tiene, aparentemente, bastante menos inteligencia, sentido del humor, lealtad y saber estar que yo. Pero ojo, con todo y con eso yo sería la primera en escribirle si tuviera su número. Si lo tenéis pásadmelo y os lo demuestro.

El caso es que, como os decía, últimamente se empeñan en meterme a escobazos en la Friendzone. A mí. Con lo que yo he sido, Maribel. Que me vienen con el cuento de “eres perfecta” a mí, que me lo sé de memoria porque llevo currándome esta forma de ser “perfecta” 30 años. A mí. El cuento de estropear la amistad a mí. Me llama fea en mi cara, a mí.

Estamos hartos de esta moda. Valió ya de juzgar y sectorizar. Las cosas claras. La pelotita cortita y al pie. Si no te lías con un amigo tienes tus motivos, nadie te va a obligar a hacerlo, cada uno se lía con quien le apetece, pero no vuelvas a poner la excusa de que es porque es tu amigo. Los follamigos están para eso, para que la relación evolucione y para que alguien te pueda aportar sentimental o sexualmente lo mismo que te aporta en tu día a día. Una buena relación follamiguista con las normas preestablecidas y en un contrato mutuo siempre beneficia, nunca perjudica. Pero si no la quieres tener es porque tus prejuicios van en otra dirección. Sé claro, afróntalo tú y házselo afrontar a tu amigo:

-Mira, a mí no me gustas un pijo. Físicamente no me llamas, por esto esto y esto, pero ojo, eso no quiere decir que no tengas tu público y mañana encuentres a alguien. Es más, como soy tu amiga te digo, lo que tienes que cambiar es esto esto y esto. Ponte a dieta, tíñete las canas, deja de vestir como en los early 90’s, yo qué sé. Vas a encontrar una novia, y mira bien que una vez no cambies eso no quiera serlo yo, porque eres la persona más acojonantemente guay que conozco, me tratas como nadie y sé que nunca me harías daño (no como yo a ti) pero eres feo. Cambia y follamos.

Porque la Friendzone está llena de gente muy molona, pero fuera de ella hay un porrón de gente superficial preocupada por el qué dirán y que no tiene cojones a ser sincera, y mucho menos a ser feliz.

Última modificación: 19 Mayo, 2017

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