La infelicidad en los centros educativos: Cómo marca nuestro destino

Escrito por | Mapaternidad

Por: Nicolás Gabriel

Al igual que una pieza de puzzle, muchos niños son forzados a encajar en un sitio que no les corresponde. Los motivos son diversos: proyecciones familiares, asegurarse un futuro, la adquisición de una beca, etcétera.

Las generaciones anteriores, hasta llegar al año 2000, no hemos tenido la libertad de labrar nuestro camino. Todos nos hemos visto en la obligación de cumplir las órdenes de nuestros progenitores sin rechistar. “Tú eres un niño, no sabes lo que es bueno para ti”, “Mientras vivas bajo este techo harás lo que se te ordene”, “Donde hay capitán no manda marinero” y un sinfín de expresiones similares, son las que hemos oído en casa desde nuestra más tierna infancia.

¿Por qué nuestra opinión nunca ha sido escuchada y mucho menos valorada? El hecho de ser niños nos ha quitado credibilidad y nos ha forzado a resignarnos ante una única opción que no nos hace felices. ¿A cuántos niños vemos llorar el primer día de clases? ¿Cuántos fingen estar enfermos a lo largo del año para poder disfrutar del calor del hogar? Según algunas estadísticas, España es el segundo país de Europa con la mayor tasa de abandono escolar precoz. ¿No es acaso el fracaso escolar, un evidente reflejo de la infelicidad del alumnado? No es extraño que los niños sufran en un centro escolar en el que no están cómodos y los motivos son diversos: Compañeros bullys, profesores poco motivados por despertar su interés, instalaciones con tonos grises clausuradas a cal y canto que nos recuerdan a prisiones, estrictas normas y reglas cuya ruptura será motivo de un severo castigo y más medidas preventivas que siguen los centros educativos convencionales.

Mientras tanto, un funcionario trajeado, moldea al niño a la imagen y semejanza que la sociedad exige. Su creatividad infantil e inocencia van desapareciendo progresivamente para no volver jamás. Los niños, contrariamente a la extendida opinión popular, son seres pensantes totalmente capaces de identificar y desarrollar positivamente sus habilidades, sólo necesitan un pequeño impulso. No todos los seres humanos somos buenos en el mismo campo, sí Picasso no hubiera desarrollado su habilidad con la pintura por estar encerrado estudiando matemáticas, no tendríamos maravillas como el Guernica.

Es importante fomentar el potencial de los niños; si es bueno para la música que aprenda solfeo, si sirve para el deporte apuntarlo a atletismo, y sobre todo: si es infeliz en su centro educativo, buscar uno adecuado para él, uno que le ayude a elevar su potencial al máximo, de lo contrario pasará a ser un peón más en esta partida de ajedrez que es la vida. Su talento innato se perderá y con él su felicidad, y esta situación será una frustrante y perenne muesca en la culata de su vida.

Última modificación: 4 diciembre, 2017

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