La mujer de El Chicle

Escrito por | Actualidad, Sucesos

Hace muchísimos años, durante mi infancia, tuve la desgracia de conocer un caso completamente repugnante.

Eran otros tiempos. Tan otros tiempos que la víctima acudió a la Guardia Civil, donde le dijeron que los trapos sucios se lavaban en casa. Al final, con la mayoría de edad acabó huyendo a otra provincia, cortando para siempre la relación con los dos seres en cuestión.

Se trataba de un padre que siempre abusó sexualmente de su única hija hembra. Su mujer, lejos de cortarle el cuello mientras dormía, como le hubiera hecho yo -así de claro lo digo-, era consentidora porque decía preferir eso a que su marido se fuera de putas.

Y prefirió a un marido que a una hija, a la que enviaba a enjabonar al padre a la bañera, mientras este se aseaba.

¿Por qué os cuento esto? Pues porque con toda la historia de El Chicle, su mujer y la madre que los parió a los dos, no he dejado de recordar a aquella chica.

A la chica, y a la mierda de madre que le tocó en suerte. Si es que a eso se le puede llamar madre.

El Chicle violó hace años a la hermana gemela de su mujer, a quien obligaron a rectificar. Ahí, Rosario encubrió a su marido, sin importarle lo más mínimo el daño causado a su hermana.

Desde entonces hasta Diana, es materialmente imposible que no hubieran habido más víctimas.

Ahora, la Señora Chicle nos dice que el susodicho los tenía amenazados a ella y a sus cuñados, y que se la deje en paz, que pensemos en que hay una menor por el medio.

Precisamente porque pienso en esa menor, en esa criatura inocente que va a quedar señalada de por vida porque su foto está en internet circulando junto a sus malditos padres, me indigno más si cabe.

¿Por qué esa niña vive con sus abuelos? Pregunto.

Eso es, cuanto menos, raro.

¿Hay derecho a que siga colgada en una red social, sin culpa ninguna, y a que su fotografía salga en informativos y programas de anarrosas, si pese a ser pixelada es fácilmente reconocible en un lugar pequeño por su color de pelo?

Ahora te agarras a tu hija, Rosario, pero no te importó tu hermana, ni Diana, ¡que eran otras niñas! Ni la joven que por fortuna pudo identificar a El Chicle cuando trató de meterla en el maletero. Ni a saber si alguna más.

Por ende, no te importó tu hija.

Le diste un padre violador y asesino y fuiste cómplice.

¿Qué madre eres tú?

Seguiste a su lado hasta que lo pillaron.

¿Miedo? Ninguna foto en la que se te ve tan radiante a su lado -que vaya estómago, hija- lo diría. Por miedo hubieras acudido a la Policía para encerrarlo unas cuantas décadas y quitártelo de encima.

Por favor, Rosario, ¡si han grabado la mayor de tus sonrisas después de confesar dónde estaba Diana!

Lo que pasa es que pensabas que te ibas a salvar el culo delatándolo, echándole toda la culpa, porque el encubrimiento entre familiares no es delito.

A todas luces, eres cómplice y deberían condenarte por ello.

Narcotraficante… Con esa cara de recibir collejones en el instituto y querer vengarse de la sociedad de adulto. ¿Qué pasa, que te compensaba económicamente?

Porque vaya joyita. ¡Qué patada en esos dientones!

Sois igual de despreciables y solo te puedo desear que te pudras en la cárcel con él, en una celda familiar.

A tu hija, sin embargo, le deseo lo mejor, con el trauma de padres que le tocó en esta vida.

Última modificación: 7 enero, 2018

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