La Navidad de antes Versus la de ahora

Escrito por | Actualidad, Cine&Tv

No, no voy a soltaros el típico rollo de que las de antes molaban más porque estaban los abuelos y tal y cual, y que desde que faltan todo es una mierda y ojalá que sea 7 de enero y toda la milonga.

Más que nada porque no estoy de acuerdo. Las Navidades de hace X años estaban bien, claro. Participaban en ellas miembros de la familia que ya no están entre nosotros y por supuesto que se les echa de menos.

Pero a diario.

Yo a mi padre lo echo de menos 365 días de año no bisiesto, no en las fechas señaladas. Mis abuelos… Pues ley de vida.

Igualmente, soy de la opinión de que tendemos a idealizar el pasado y a recordarlo todo siempre más bonito.

Todo tiene su momento y hoy también hay gente en la mesa que mañana no estará.

Y lo más importante: Hoy soy madre. Y si me dan a elegir entre vivir la felicidad de un hijo divirtiéndose, descubriéndolo todo, viendo las luces y abriendo los regalos… Creo que no hace falta ni que responda a la comparación.

Lo otro ya pasó. Tuvo su momento, quedan las anécdotas como el día que mi abuela nos puso para cenar en Nochebuena al pollo Francisco y al pato Antonio (DEP) y terminamos todos llorando y comiendo huevos con patatas, pero eso no va a volver y quedan muchas Navidades que podemos convertir en las más bonitas del mundo.

Navidades con niños, algo insuperable.

Motivo por el cual, ciertos padres deberían pensar un poco antes de pasarse las fiestas enteras aburriendo a sus hijos con la cantinela de “ya no es igual”, “a ver si acaba este rollo de una vez” y “lástima que no me acueste y al despertar sea siete de enero”.

Una amiga tiene la teoría de que quienes actúan así, son los que están amargados todo el año y no necesitan una excusa para aguarles la fiesta a los demás.

No confundir con la gente que está triste de forma pasajera porque acaban de perder a un familiar directo, ojo. Que yo de eso sé volar chichigua (dominicanismo al canto, sorry), que tres de mis abuelos fallecieron en diciembre; incluso mi abuela en Nochevieja. Y nunca hemos dejado de celebrar nada, incluso cuando faltó mi abuelo un 18 de diciembre, con 70 años (que bien sabéis que con esa edad hace mucho que no se es viejo) y de un infarto repentino, el 24 nos sentamos toda la familia alrededor de la mesa. A comer patatas y huevos, sí, pero todos juntos. No había ánimo para celebrar nada y sin embargo antepusimos ser una familia humana.

Bueno, como veis, en mi familia cuando pasa cualquier catástrofe tiramos mucho de huevos con patatas. Barato y socorrido, a la par que gracioso.

Y después de esta historia, iré al grano. Porque yo venía a quejarme de que antes la programación navideña era bonita, se lo curraban mucho más (conste que les agradezco que este año hubiera programa de Raphael), los anuncios eran más festivos, había películas repetitivas a la par que entrañables, los logos de las cadenas aparecían adornados… Y ahora me da la impresión de que hay programación navideña en días señalados y con desgana, como para salir del paso.

Incluso, no sé como será en vuestras ciudades, pero en la mía había un altavoz en cada esquina con villancicos alegrando el ambiente, y eso ya es historia.

Lo dicho, que me gusta la Navidad, adoro el ambiente navideño y ahora que soy madre ya es el súmmum.

Simplemente, tengo la impresión de que ya no se celebran con tanto ímpetu e ilusión en términos generales y me dan ganas de pasarlas en mi Santo Domingo querido, que a finales de noviembre ya están los charamicos adornando por doquier, el ponche de Navidad no falta en ninguna casa y todo es alegría.

Y a mí me encanta la alegría.

Última modificación: 30 diciembre, 2017

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: