¿Es fan la reina Leti de Emilio Calatayud?

Escrito por | Actualidad

Por: La Bruja Mala

El señor Emilio Calatayud, el tan laureado juez de menores, me parece más bien un troglojuez.

Que sí, que tiene sentencias preciosas y ejemplares como enseñar a los niños que delinquen a leer y a escribir, pero también mete patinazos éticos recomendando a los padres que subsanen lo que no supieron educar con una buena hostia.

El caso es que esta semana ha vuelto a ser noticia. Desde su palco campechano, el juez Calatayud ha criticado todo esto de las comuniones que parecen bodas, el gasto, que si tal y que si cual. Como si tuviera que pagarlas él; pues igual. Ser juez de menores lo ha vuelto todólogo y a veces parece más bien una maruja digna de que Jorge Javier le de una silla.

Pero nuestra reina, la Leti, ha resultado ser una fiel seguidora de don Emilio, mire usted. Su discurso austero le llegó a la patata y decidió practicar la sobriedad a rajatabla en la reciente comunión de la Infanta Sofía, más conocida como la hermana menor de Leonor.

Sofía comulgó este miércoles en su colegio, Santa María de los Rosales, donde estudian niños de la talla de la hija de Terelu. Llevaba el uniforme de gala del centro, que por cierto le quedaba bastante bien, y un peinado bonito. Entiendo que ahí los complementos sobraban, porque en los colegios privados se suele hacer hincapié en no lucir adornos que te distingan del resto de tus compañeros.

Leonor ostentaba un atuendo monjil, diseñado muy probablemente por unas modistas asturianas que ya han cosido más veces para las princesitas. El vestido, para ser mayo en madrid, se pasaba de formal y abrigado con esa tela gruesa y la manga larga. Al largo le sobraban cinco centímetros. La niña no iba mal propiamente dicho, primero porque es muy guapa y luego porque tanto ella como su hermana han lucido looks tan desastrosos, que ya con poco nos conformamos. Se ve que la Reina quiere que pasen desapercibidas y no sean unas Carlota Casiraghis de la vida, en la portada del Hola marcando tendencia desde la cuna, y por eso siempre las viste tan sosas, con ropa grande y con muy poca gracia, para que al final no destaquen por su vestimenta. Una pena con las hijas tan monas que tiene, pero sobre todo pudiendo ser abanderadas de la moda infantil que hay en España; que es la mejor del mundo.

Ni una diadema, ni un prendedor, ni un solo detalle. El vestido monjil, los zapatos a juego, un peinado del estilo de su hermana aunque más sencillito y santas pascuas.

La propia Leti dio una lección de recato económico al volverse a poner el traje de la comunión de Leonor. Precioso, por cierto, y ella tan elegante como siempre, que es otra cosa que no entiendo. Ir tú divina y tus hijas con lo primero que pillas. Esta vez el maquillaje era un poco raro, pareciendo a parches, pero salvo eso iba muy fina.

El Rey se apuntó a la moda de llevar la corbata a juego con el atuendo de su mujer, pero yo creo que peor aún le quedaba el traje gris plomizo.

La familia de la Leti es que me encanta. Los recuerdo tan frescos y correctos en la Real Boda, mientras los primos del Emérito se liaban a puños como vulgares matones de taberna, que siento ternura cada vez que los veo.

Ahora, no sabemos el tipo de celebración que Sofía organizó luego en casa, donde muy probablemente se puso el típico vestido de princesa para resarcirse e invitó a sus colegas a un candy bar con payasos, hinchables y demás parafernalia. Cosa que no vio Calatayud, y ojos que no ven, corazón que no siente.

Que sí, que es cierto que a día de hoy las comuniones son bodas y las bodas la gala de los Oscar, pero mientras se lo pague uno con su dinero, la gente no tiene que pinchar ni cortar.

De hecho, a mí me hubiera molado hacer la comunión ahora. Por los regalos, por supuesto, qué sacramento ni sacramento, si ya en su momento me quise escaquear de hacerla.

Y eso que los tuve, y muchos, pero salvo un diccionario enciclopédico Larousse que accidentalmente se fue a la basura en una mudanza y poco más, todos eran del palo: medalla de la virgen niña -que me puse ese día y se fue a un cajón a coger polvo hasta la actualidad-, huchas en forma de iglesia, libros de firmas para pegar los recordatorios de mis amigos, muñecas vestidas de comunión… Lo su viene siendo una mierda pinchada en un palo. Encima, mi vestido estaba lleno de lorzas repollo total y mi cabeza la adornaba una perversa capota.

Hoy en día, a la niña te la llevas a El Corte Inglés, donde ya se elige ella un vestido último modelo, con florecitas en la cintura y diademas de estilo romántico para su noble calavera. ¿Y los regalos? Que si el móvil, la tablet, la videoconsolas con sus correspondientes juegos, el ordenador, el no sé qué y, por supuesto, no puede faltar el viaje a Eurodisney, porque sino no eres absolutamente nadie en el cole y las de la pandilla de las guays te mirarán con desdén mientras se ponen en su foto de perfil de Instagram, junto a su frase “Dando guerra desde 2008”, el pertinente posado delante del Castillo de Blancanieves.

Por supuesto, después de tomar el sacramento, no volverán a pisar la iglesia hasta el día del funeral de su abuela.

¡Juventud, divino tesoro!

Última modificación: 20 Mayo, 2017

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: