La despedida de Frankje

Escrito por | Actualidad, Fauna animal

¿Sabéis esas historias tan bonitas que llenan nuestros muros de Facebook sobre la fidelidad de los animales? El perro que duerme sobre la tumba de su dueño, el gato que se cuela en el hospital porque su anciana humana está enferma. Esas cosas que no sabemos si son verdad o no, pero queremos creer que sí porque nos toca la fibra sensiblera esa lealtad indubitativa de nuestras mascotas.

Hay una historia real estos días que se ha hecho viral y, me van a permitir, voy a usar para hablar de un tema muy importante.

Michele Scarponi era un ciclista profesional muy querido por compañeros y aficionados. La cara amable del ciclismo, un tipo con la sonrisa cosida a la cara y muy cercano. En sus redes sociales solía compartir vídeos de sus entrenamientos, acompañado por un singular amigo: el loro Frankje. No era suyo, era de un vecino, pero solía revolotear a su alrededor, posarse en su hombro o morder su casco durante los entrenamientos.

Como muchos sabrán, Scarponi perdió la vida en un accidente hace unos días. Una furgoneta le arrolló y no se pudo hacer nada por salvarle. Los testigos dicen que fue instantáneo. Dejaba mujer y dos niños gemelos, 12 horas antes había subido a las redes sociales una foto jugando con ellos. También dejó a  Frankje, y, con estas rocambolescas curiosidades que tiene la vida, al día siguiente un aficionado que fue a rendir homenaje a Scarpa al lugar del atropello, se encontró con el loro apostado en una señal, en el sitio exacto donde su amigo había perdido la vida. Despidiéndose del compañero que horas atrás le habían arrebatado para siempre.

Explica tú a esa madre, a esa mujer, a esos niños y a ese loro que un ciclista conoce ese riesgo que tiene a salir y no volver, y aún así coge la bicicleta y lo asume por amor a un deporte único. Explícale a esos conductores que semana tras semana siguen sin respetar el metro y medio de distancia con un ciclista, que una vida humana es más importante que los 10 segundos que tardas en adelantarla correctamente. Explícale a cada gilipollas -con todas las letras- que acusa en redes sociales a los ciclistas de no respetar las normas de circulación, que matar a una persona y destrozar la vida de quienes le conocían no puede justificarse porque algún niñato se salte un semáforo en rojo con su bici delante de ti.

No hay nada que justifique que tu tiempo sea más importante que la seguridad física o la vida de otro. Las carreteras secundarias españolas están hechas un desastre, no son un circuito de carreras ni son un pasadizo para huir de los controles de la Guardia Civil. Y en ellas se da la convivencia entre coches, motos, camiones, bicicletas y otros vehículos. Cuando esta convivencia se ve alterada por el uso irrespetuoso de las normas de circulación, el primero en perder la vida es el que va menos protegido, en este caso, el ciclista (o el peatón). El molesto ciclista. Y luego está el tema legal, que protege al infractor, al que genera un accidente. Hace unas semanas se entregaron en el Congreso las firmas necesarias para solicitar el cambio de la ley, impulsadas por Ana, la chica que perdió a su marido cuando un camión lo arrolló y se dio a la fuga, y cuyo hecho no fue constitutivo de delito porque la omisión de socorro no es punible al morir este en el acto y no poder hacer nada por él. En ese extremo estamos. Nos matan a nuestros ídolos, a nuestros amigos, a nuestros familiares, y si los dejan tirados en una cuneta y se van, ni siquiera se tiene en cuenta a la hora de castigarlos.

Decía ayer Luis Ángel Mate en Twitter que un coche a cierta velocidad es un proyectil. El ciclista lo único que tiene para protegerse es su cuerpo descubierto y los reflejos que pueda tener para esquivar ese proyectil. Si quieren comprobar lo vulnerable que se siente un ciclista cuando un coche lo adelanta sin guardar la distancia suficiente, pasen la línea que marca la zona segura en el andén de una estación de tren o metro. Pónganse de espaldas a donde hará entrada el vehículo y dejen simplemente que el aire que genera a 10-20 kmh les sacuda. Multiplíquenlo por 3. Y resistan el equilibrio sobre dos ruedas y en movimiento.

Las campañas de tráfico intentan concienciarnos de que es una cuestión de respeto. Respeta al ciclista. Respeta el metro y medio. No. Es una cuestión de humanidad. Y ha tenido que venir un loro a decirnos lo que es ser humano.

Última modificación: 25 abril, 2017

One Response to :
La despedida de Frankje

  1. Mina dice:

    Lo siento mucho, pero no estoy de acuerdo con una cosa, lo de los conductores que se quejan porque los ciclistas no respetan las normas de circulación. Soy conductora, y tengo pánico a las bicis.Sí, porque sé que yo llevo un vehículo, y que si tengo un accidente con un ciclista el que va a salir mal parado es el ciclista y no yo. Siempre que voy por mi pueblo y veo una bici, voy con mil ojos, no les adelanto si no hay espacio, voy detrás de ello dejando distancia de seguridad. Y luego me encuentro que alguno se salta el semáforo en el que yo estoy parada y por donde están cruzando peatones. ¿Acaso la vida del peatón no vale? Porque el de la bici va rápido, y si es una paersona mayor o un niño, el de la bici se lo lleva puesto y le puede hacer muchísimo daño. Y de lógica, si el semáforo está en verde para los peatones, todos los vehículos (a motor o no) que usen la calzada están en la obligación de respetarlo.
    También me revienta y mucho que vayan por la acera, haciendo el fitipaldi con las bicis, sin respetar a los peatones, saliendo de la nada a la calzada y haciendo que los coches tengan que hacer maniobras extrañas para evitarlos. Tal vez sea que sólo los ciclistas de mi pueblo sean unos cafres, puede ser, pero deberían prodigar el mismo respeto que exigen.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: