“El largo viaje hacia el este”, de Bachir Lehdad

Escrito por | Literatura

Hace casi un año que escuché nombrar, por primera vez, a Bachir.

Supongo que es una de esas personas que el destino decide que debes conocer sí o sí.

Por una parte, su mujer es la hermana española de mi mejor amigo -con permiso de Tang de Naranja-, pero también, casualmente, Bachir formó parte del mismo viaje en el que, en 2015, la familia acogedora de H. -la prima de mi Ran-, acudió a conocer los campamentos de refugiados saharauis. El único hombre del grupo, por cierto, o como diríamos aquí “el gallu la quintana”.

No experimenté la fortuna de conocerlo en persona hasta que, después de los ensayos de nuestro cortometraje “Los guajes de la jaima”, tuvo la amabilidad de cedernos su casa para el rodaje. Que al final grabamos en la mía, pero el bueno de Bachir nos llevó igualmente hasta el pueblo y nos ayudó a montar la jaima.

Sólo puedo decir que me reí más en ese viaje que en meses.

Laura, la madre de acogida de H., me había comentado que Bachir tenía publicado un libro, y como siempre he sentido la necesidad imperiosa de leer todo lo que cae o podría caer en mis manos, no paré hasta hacerme con él.

Que fue hace unos días, la verdad sea dicha. Como le prometí a su autor, voy a ser sincera e implacable, pero primero os lo debo presentar en condiciones (tal cual aparece en su obra, lo de pedirle permiso me lo ahorro):

Hijo de panadero, el joven Bachir Lehdad también practicó esa profesión en El Aaiún, su ciudad natal, combinándola con otras ocupaciones y con sus estudios. Hasta que un mal día, el infierno que venía del norte, le obligó a abandonar familia, estudios y trabajo y marchar hacia el este, donde se organizaba la lucha por la libertad de su pueblo y se empezaba a construir un Estado, la República Árabe Saharaui Democrática.

A los años del colonialismo español y a su traición, abandonando al Pueblo Saharaui en manos del ocupante marroquí, siguieron los años de la guerra, y la necesidad de levantar una sociedad allí donde no había nada más que arena y piedras. Su compromiso se dirigió entonces al sistema educativo saharaui, en el que cumplió diferentes tareas, tanto en los campamento de Tinduf como en Argelia, Libia y Cuba. Después, el Frente Polisario, único y legítimo representante del Pueblo Saharaui, lo destinaría como Delegado en varias regiones españolas.

Defensor infatigable de la causa de su pueblo, ha tenido siempre en cuenta las palabras del histórico líder Luali, y no ha permitido que la “estabilidad relativa” le atrape, que sea la perdición de su actividad militante.

Bachir sigue convencido de que algún día volverá a pasear por su ciudad liberada, encaminará sus pasos hacia el barrio familiar de Colomina Vieja y allí recuperará sus recuerdos.

Inshalla.

O, como resumió todo esto en su día mi progenitora, “qué hombre más agradable este Bachir”.

La historia me impresionó. Me impresionó mucho.

Suelo comentar que vosotros estáis muy sensibilizados cuando veis a los refugiados sirios huir en condiciones infrahumanas… Pero es que todo eso ya ha sido vivido por el pueblo saharaui. Unos refugiados con los que, además, se ensañaron bombardeándolos con napalm y fósforo blanco, armas de guerra prohibidas.

Y pese a todo, dando por hecho la dureza con la que me iba a encontrar, las palabras de Bachir me han dejado tocada.

Su historia personal, inundada por la generosidad y un gran corazón que lo describe sin falta de saber más de él. Un hijo que ama a sus padres incondicionalmente y, sin importar las vicisitudes de la vida, les tiende la mano hasta el último momento.

Reconozco que, por mi sensibilidad hacia los animales, me dolió leer algunas partes del relato que no tengo duda de que a este dueño de un arsenal de gatos tampoco le fue agradable recordar.

Una lucha encomiable por la superación de su pueblo, por impedir que la traición del gobierno español y la invasión marroquí minasen a la población saharaui. Un resurgir de las más absolutas cenizas plagado de humildad, trabajo y constancia. Una entrega absoluta al prójimo que sufre, olvidándose de sí mismo.

En esta lectura imprescindible para no olvidar un padecimiento que aún no ha sido resarcido y una injusticia nunca reparada, Bachir se expresa con un estilo que facilita la comprensión, pero a la vez deja entrever a un hombre culto que no quiere presumir de nada.

Como valoración, me ha encantado poder leer El largo viaje hacia el este. No tanto para saber más de la causa saharaui, que también, sino para tener la fortuna de conocer mejor a un hombre admirable… A una de esas personas que tiene tanto que enseñar, que cuando habla, todos deberíamos callarnos y escuchar.

Gracias, Bachir, por haberme cruzado contigo en esta vida y por permitirme conocer tu lucha ejemplar.

No dudes que, como te prometí, el día menos pensado me tomo los tres tés contigo.

Qué grande eres.

Última modificación: 17 Marzo, 2017

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