Las naranjas y el favoritismo

Escrito por | Mapaternidad

Los favoritismos y el peloteo, creo que es algo que a ninguno nos gusta en general.

Pero cuando eres pequeño, afecta de distinta manera, ya que tienes menor capacidad de discernimiento para entender el por qué de ciertas cosas.

A nuestra clase venía una niña que era la hija de uno de los profesores del colegio, además de ser de aquella director de la E.G.B. (Las siglas de Estudiamos Generalmente Bobadas, decíamos en aquel entonces), y era escandoloso el simonismo tan evidente que había hacia aquella alumna.

Algunos profes lo disimulaban más que otros, pero todos la peloteaban en mayor o menor medida. Pepita nunca hacía nada mal, Pepita siempre era la protagonista en todas las obras de navidades o fin de curso, Pepita era la ayudante del profe de turno, Pepita siempre era puesta de ejemplo de lo que todos debíamos ser.

En una ocasión, en 4° de E.G.B, la profe de dibujo, a la cual apodábamos Raponchi, nos mandó a toda la clase dibujar unas naranjas y colorearlas. Eva y yo dibujábamos muy bien (yo de adulta he perdido la capacidad), y, no es por echarme el pisto, pero dibujamos unas naranjas perfectas para la edad que teníamos.

A mí Raponchi me tenía un poco de manía, y cuando fui toda orgullosa a enseñarle mis naranjas, me dijo que estaban fatal hechas, que las borrara enteras y las volviera a dibujar.

Tras cagarme de pensamiento en todo su árbol genealógico (era pequeña, pero no tonta, y sabía que objetivamente aquello era injusto), fui a la mesa, y como para chula valgo yo, en vez de borrar las naranjas, las coloreé, y seguidamente se las planté en la mesa.

Me cayó una buena bronca, y detrás de mí a Eva, a la que también dio a entender que sus naranjas eran un mojón, y super indignadas nos hallábamos, cuando ya para rematar la faena, la oímos decir en alto:

– ¡Las mejores naranjas son las de Pepita!

Las naranjas de Pepita eran una mierda, para qué nos vamos a engañar; pero donde manda patrón no manda marinero, y nos tuvimos que morder la lengua y aguantar estoicamente otro episodio más de simonismo hardcore.

Estas historias se fueron sucediendo a lo largo de los años. A Pepita nunca se le cuestionaba nada de lo que hacía, y se daba a entender que era la sucesora de Einstein, la reencarnación de Newton , o que iba para Premio Nobel de la paz, mínimo.

La realidad es que tanto Eva como yo nos llevábamos bien con ella, pues no era mala niña, y no tenía la culpa de que los adultos fueran tan zopencos. Era mediocre, una cría normal, pero supongo que tantos años de endiosamiento dieron sus frutos, y un buen día, decidió que éramos demasiado plebeyas para su honorable linaje, y nos hizo un super desprecio; más tarde nos enteramos de que no fuimos las únicas apestadas por su Real Majestad.

Yo creo que en esta vida la humildad es muy importante, seas quien seas. Pero es que si encima no eres nadie, sino una persona más de los millones que habitan la Tierra, todavía es más ridículo despreciar a los demás. Cabe decir que su padre era muy buena persona, pero su madre más clasista no podía ser.

Pero como bien dice el dicho, hay gente que aunque se bañe en mierda, sale oliendo a rosas. Supongo que es lo que pasa cuando te educan en la idea de que eres lo más de lo más.

Última modificación: 8 mayo, 2018

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