Lo que Su Señoría ve vs. lo que nosotras vivimos #YoSíTeCreo

Escrito por | Sucesos

Esta es una de esas ocasiones en las que quisiera tener los conocimientos y los medios para hacer un cortometraje.

Os voy a contar una historia, desde fuera de ella primero y luego desde dentro.

Es la historia de una chica de diecinueve años que fue acosada y maltratada.

Vamos allá.

 

Lo que se ve:
Sábado por la noche, una discoteca cualquiera. Un grupo de chicos y chicas. Copas, risas, cigarros.
Una foto.
¡Vamos a bailar! Se baila.
Un chico coge a la chica de la mano, le habla al oído, la besa en los labios.
Acompáñame a por una copa. La chica va con su amiga a la barra.
Vamos al baño. La chica va con su amiga al baño.
Risas. Foto.
Pista de baile. ¡Anímate, baila conmigo! Las chicas bailan.
Los chicos sostienen su copa y su cigarro, es su forma de bailar.
Otra foto. Varias fotos. A veces las dos amigas solas, a veces con todo el grupo. A veces la chica sola con el chico que no le quita los ojos encima.
Se termina la noche.
El chico acompaña a la chica a casa.

Lunes por la mañana, la chica se pasea por el metro de Madrid muy temprano, parece que tiene sueño.
Llega a la facultad y habla con su amiga, sus compañeras.
No parece que atienda mucho en clase. Luego suspenderá, claro.
La chica se despide y va a buscar al chico del otro día al trabajo.
Comen juntos.
Se dicen hasta luego. La chica toma un autobús y se va a casa.

 

 

Lo que no se ve:
La policía en casa de la chica al menos una vez por semana, pidiéndole que denuncie.
Una ambulancia en la puerta de casa de la chica, un médico, un enfermero y un psicólogo en casa. Le piden también que denuncie. Le preguntan por qué motivo no quiere hacerlo. De qué tiene miedo.
Todos los profesionales hablan con la chica y con sus padres.
Nadie, por una razón u otra, va a denunciar esta vez tampoco.
Hablan con la chica a solas y le recomiendan seguir una vida normal pero con prudencia. Llevar un spray de pimienta en el bolso, el número de la policía en marcación rápida.
Dos días por semana la chica tiene una sesión de dos horas con una psicóloga que la enseña a manejar su miedo y qué hacer si se encuentra con su acosador.

El sábado por la mañana, los amigos de la chica comienzan a intentar mentalizarla para que salga por la noche. Cuidarán de ella. No dejarán que nadie le haga nada. No se separarán de ella en ningún momento. La devolverán en coche a casa:
Para poder salir, la chica tiene que medicarse. Entre mil y un ataques de ansiedad y no, no salgo, no quiero salir, sus padres hablan con ella e intentan tranquilizarla.
La llevan en coche hasta la discoteca y no se mueven de allí hasta que el grupo está al completo y la chica y su hija les dice ok con la mano y entra al local. Los padres vuelven a casa pero no pegan ojo.
La chica no bebe alcohol. Mira a todos lados compulsivamente, no puede mantener la mirada fija en sus interlocutores. Localiza dónde se sitúan los agentes de seguridad, el jefe de sala, las salidas de emergencia y los puntos ciegos.
Tía, tranquila, no está aquí. Y si está, los chicos le parten los dientes en un momento. Con nosotros aquí no puede hacerte nada, no lo dejaríamos ni acercarse a ti. Va, cálmate. Venga, vamos a hacernos una foto. Sonrisa fingida y foto.
Va, venga, vamos a bailar, nos encantaba bailar, ¿te acuerdas? Joder, ¡éramos las reinas de la pista! Venga, como en los viejos tiempos, vamos a soltarlo todo bailando.
El chico la coge de la mano para transmitirle seguridad. Ella tiembla un poco. Él la mira, la coge por la cintura y le besa los labios: estoy aquí y no me voy a separar de tu lado. Vamos a pasarlo bien, ¿vale?
Intenta bailar pero sin darse cuenta está mirando fijamente al suelo. Tiene taquicardia. El grupo intenta hablarle pero ella no ve ni oye a nadie. Solo mira el suelo y se pregunta qué suena, si el beat de la música o el latido de su corazón. Está muerta de miedo pero no se puede mover. Finalmente y al ver que no reacciona a estímulos, su amiga la coge muy fuerte por un brazo y tira de ella, se la lleva a la barra a por un vaso de agua y de ahí al baño. Hablan. Bueno, habla la amiga, la chica no puede.
Salen y regresan con el grupo. Mientras la amiga habla con el chico que no se despega de la chica, el grupo toma algunas fotos.
Concluyen que será el chico quien lleve a la chica a casa. La chica promete avisar a su amiga de que ha llegado.
El chico la saca del local y la abraza mientras caminan en busca del coche.
El camino es largo. Eterno. El chico le coge la mano a la chica durante el trayecto mientras suena música suave. Ella está muerta de miedo.
Sabe que él no es como el otro, que él es un buen chico, que la quiere y se esfuerza por cuidar de ella, por ser paciente y ganarse su confianza.
Llegados a casa de la chica, él aparca y ella se siente morir. La mira. Le suelta la mano para desabrocharse el cinturón de seguridad y al acabar de hacerlo, la posa en la pierna de la chica que se revuelve en su asiento y comienza a temblar.

– Llevamos meses así, ¿nunca vas a dejar de tenerme miedo? Yo no soy como él, ya deberías saberlo.

– Lo sé y lo siento mucho pero es que…

– Es que no te gusto. Que no me quieres. Tiene que ser eso.

– No, de verdad que no es eso. Es que tengo miedo, lo he pasado mal, ya está.

– ¿Nunca te paras a pensar la pena que me da que mi novia me tenga miedo?

– ¿Nunca te paras a pensar por qué tu novia tiene miedo en general, no solo de ti? ¿Nunca te paras a recordar que te dije que no era buena idea que tuviésemos nada y aún así, un día, sin más, me presentaste a tus amigos como tu novia, sin previa consulta de nada?

– Mira, yo te quiero. Me pareces una chica increíble y creo que vale la pena esperar a que llegue el día en cual no te tenses cuando te vaya a besar o te pongas a temblar si te abrazo o te pongo una mano en la pierna. Pero no sé cuánto más voy a poder aguantar esto porque me hace daño.

– Te advertí. Sabías dónde te  metías. Y puedes salir cuando quieras, lo entenderé.

La chica mira por la ventanilla las cuatro esquinas de la calle, los veinte pasos que la separan de su portal. Respira hondo, abre la puerta del coche, sale corriendo y solo respira cuando ha cerrado la puerta de su casa en su espalda y adivina la figura de su madre avanzando por el pasillo.

Se toma su medicación y se acuesta. A ver cuántas horas consigue estar KO y cuántas pesadillas tiene.

Lunes por la mañana.
La chica no ha dormido.
Se medica.
Se arregla entre ataques de ansiedad.
Su padre la acompaña en coche hasta el metro.
La chica hiperventila y un sudor frío le recorre el espinazo. Intenta calmarse: él no coge el metro.
Procura esconderse entre la gente. Llega a su parada, es inmensa. Hay tantísima gente y más a esa hora, que él podría estar ahí y ella no se daría cuenta.
Mira a todos lados nerviosa.
Una mano le toca el hombro y se gira sobresaltada con el brazo en alto: tranquila tía, soy yo. Tranquila. Joder, respira. Venga, ya estoy aquí. Vamos. Ven, dame la mano. Cálmate. Es su amiga.
Van juntas a clase. Saludan a sus compañeras. Su amiga habla con ellas pero la chica está absorta en su miedo a que él esté en la puerta de la facultad a la salida.
Es un milagro que, pese a todo, haya aprobado la asignatura.
Salen. La chica mira por todo el campus, mira todas las matriculas de todos los coches con los que se cruza. Su amiga la coge de la mano y le habla para intentar distraerla.
Por fin llega su autobús, lo toman. Y la chica promete a su amiga avisarla cuando esté con el chico.
La chica se apoya contra la fachada del edificio en el cual trabaja el chico, así no podrá sorprenderla por detrás y a la vez ve perfectamente todo lo que ocurre en la avenida y la plaza. Mira los rostros de las gente y las matrículas de los coches. De todos.
Espera mientras le da vueltas a su móvil dentro del bolsillo. Siempre lo lleva ahí.
Llega el chico, se tensa y se deja besar.
Comen juntos. Él debe volver a la oficina y ella a casa.
Se deja besar y comienza a caminar en dirección a la parada del autobús. Sigue mirando todas las caras de todas las personas que llega a ver, también las matrículas de todos los coches.
Se esconde al fondo del autobús.
Al fin llega a casa y en el portal se cruza con un vecino y amigo que extiende la mano para apartarle a ella un mechón de pelo de la cara. La chica reacciona rápida e instintivamente y lo coge con una fuerza desmesurada por la muñeca mientras lo mira con terror. Los ojos del chico se vuelven diminutos y grises: joder, E**, pero qué te ha hecho.

 

La policía.
Los psicólogos.
Sus padres.
Sus amigos…

… le dijeron que intentase llevar una vida lo más normal posible o podría llegar a desarrollar un miedo que no la dejase salir de casa. Eso terminó ocurriendo meses después.

Sus padres la animaban a salir. Sus amigos la iban a buscar a casa, la llevaban a mil sitios, la devolvían a casa.
Pero seguía necesitando cuatro horas de terapia psicológica por semana. Seguía necesitando apoyo farmacológico.
Seguía buscando siempre las salidas de emergencia de todos los sitios a los que iba.
Seguía teniendo el número de sus padres y de la policía en marcación rápida, en su bolsillo.
Seguía temiendo y evitando el contacto físico.
Seguía teniendo miedo de ir sola por la calle.
Seguía sin poder mantener la vista fija en nada ni en nadie porque necesitaba buscar constantemente la cara de él entre la gente, por si acaso. Su coche entre todos los demás, por si acaso.

¿Salía? Sí.
¿Iba a la universidad? Sí.
¿Salía en pijama? No.
¿Se arreglaba? No. Me maquillaba, me peinaba y me vestía mi madre. A veces incluso me duchaba ella o me duchaba yo sola pero con ella ahí en el baño, a mi lado.
¿Salía con un chico? Sí.
¿Aprobaba? Sí.
¿Hay fotos de ella, con amigos, en aquella época? Sí. Pero ¿qué hay detrás de cada una de esas fotos?
¿Estaba bien? NO.
¿Lo ha superado ahora, años después? Quizás no.

 

Abusaron de ella y la acosaron. La maltrataron. Decidme, ¿qué tipo de vida tenía que intentar llevar para sobrevivir? ¿La que le recomendaban los expertos o el juez incompetente de turno?
¿Os hacéis una idea de, entre otros motivos, por qué no denunció?

 

Hermana, yo sí te creo. Nosotras seremos tu manada.

Última modificación: 18 noviembre, 2017

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