Matemáticas y verduras

Escrito por | Juegos & Entretenimiento

 

Cuando algunos alumnos míos me dicen que las matemáticas no sirven para la vida real, me pregunto quién les ha inculcado esas ideas. Para empezar, eso es mentira. Muchas de las cosas de las que disfrutamos en nuestra vida diaria las tenemos gracias a gente que sabe matemáticas. Las casas donde vivimos, los sistemas de agua corriente, la luz eléctrica, la televisión, el teléfono… existen gracias a ingenieros y arquitectos que de matemáticas saben un rato largo.

Vale que no todo el mundo sirve para las matemáticas, pero eso no es razón para despreciarlas y negar su importancia. Yo nunca he comprendido demasiado bien la biología, y desde luego no valdría para ser médico, pero agradezco que haya gente que sí valga, porque si no fuera así, no tendríamos a quién acudir cuando nos ponemos enfermos. Además es bueno que la gente tenga diferentes conocimientos y habilidades, pues de lo contrario, aparte de que la vida sería muy aburrida, tendríamos una demanda insatisfecha de determinadas profesiones a las que nadie se dedicaría.

Sin embargo, persiste el empeño en inculcar a los niños que las matemáticas son inútiles y horribles. Y luego los padres se extrañan muchísimo de que sus hijos suspendan matemáticas, y van muy dignos al colegio a hablar con el profesor. Con las ideas que les meten en la cabeza, es difícil que estén motivados. También se lleva mucho el jactarse de no saber matemáticas, cosa que algunos por lo menos lo hacen con gracia y te hacen sonreír, pero otros carecen del don de la gracia.

En definitiva, muchos se empeñan en defender la idea de que las matemáticas son tan malas como las acelgas o las espinacas. Al parecer, las matemáticas son al conocimiento humano lo que las acelgas son a la comida. Y, si lo pensamos, las matemáticas y las verduras se asemejan en la injustificada mala fama que sufren.

Cuando era pequeño veía a mi abuelo materno comer sopas y potajes de verduras con mucho gusto, y a mí se me antojaban -actitud muy típica de un niño, por otra parte-. Quizá gracias a eso me gustan las verduras cocidas, tipo acelgas, repollo, espinacas… Si me hubieran comido el coco con que las verduras son una especie de castigo divino, es posible que les hubiera cogido manía, como tantos otros niños… ¿o no?

En conclusión, debemos dejar que los niños decidan por sí mismos lo que les gusta y lo que no, sin condicionarles. Si una asignatura nos ha servido o no, es algo que sólo lo podemos discernir con tiempo y con perspectiva. A los niños y adolescentes lo que les toca es estudiar, los juicios de valor sobre lo que se ha estudiado vienen después, cada cosa tiene su momento.

Última modificación: 19 enero, 2018

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