Motivos para acoger un niño saharaui

Escrito por | Vacaciones en Paz

Llegadas estas fechas, empezamos a ver los carteles del Programa Vacaciones en Paz, animándonos para acoger a un niño saharaui.

A veces, llevamos años planteándonoslo, pero nos falta un último empujón.

En mi caso particular, durante mi infancia, recuerdo que mis padres tenían muchas ganas pero, finalmente, nunca se animaron porque sabían que no gestionarían bien la despedida. Para mí, un punto a su favor. Fueron sinceros con ellos mismos, porque la acogida es un concepto que se debe tener muy claro y no está hecha para todo el mundo.

Sin embargo, cada primavera albergaba la esperanza de que ese año resultara el definitivo y una niña de mi edad fuese, durante esos meses de verano, la hermana que nunca tuve.

Sinceramente, hasta hace pocos años yo poco sabía acerca del pueblo saharaui. No tenía ni idea de que los niños venían de un campamento de refugiados junto a la provincia de Tindouf (Argelia), ni que Marruecos ocupó en el 75 su territorio después de que España los vendiera como un rebaño de cabras, ni tampoco conocía si esos chiquillos eran huérfanos ni que su tierra, el Sáhara Occidental, lejos de ser un desierto es un país muy rico, plagado de recursos explotados por otros.

A todo esto me hice adulta, primero fui madre biológica -que en mi caso me enseñó más si cabe a respetar el vínculo paternofilial- y luego, un buen día, me sorprendí llamando al coordinador de mi zona. No quería sólo información; había llegado el momento… iba a acoger.

Y unos meses después llegó a mi vida la niña más guapa, inteligente, educada, buena y graciosa que pisa la hamada argelina: la Ran. A sus diez años venía por primera vez, pero a mí la edad me daba lo mismo. ¡Por fin estaba aquí!

Antes de nada, los niños saharauis son como todos. En una ocasión, una conocida se atrevió a decirle a mi madre que nos lo desaconsejaba, porque Fulanita había traído a una chiquilla que se portaba muy mal en la playa y se tiraba al suelo y no sé qué más. Mi madre le respondió que la desafiaba a encontrar un niño más caprichoso que mi hermano de pequeño, que le montaba unos berrinches épicos en la cola del Simago para que le comprara esto y lo otro. La señora en cuestión se tragó sus palabras y cuando conoció a la Ran se dio realmente cuenta de, hasta qué punto, había metido la pata generalizando por una niña que se portó mal una vez. ¡Como si los de aquí fueran santos!

Lo que sí debo decir, pese a lo poco que me gusta esto de las definiciones en masa, es que los niños saharauis en general son muy educados, respetuosos, responsables, ordenados y obedientes. Este año, varios padres de acogida bromeábamos con que habría que organizar el proyecto contrario también y enviar a unos cuantos chiquillos locales de intercsmbio a los campamentos de refugiados, para que aprendieran respeto y disciplina.

Mi experiencia fue -y es- inmejorable, repito, aunque no tenga más valor que el de mi propio testimonio. Pero no hay que olvidar que conozco a muchos niños saharauis y padres de acogida y que este verano, entre mi amiguísimo Kami Rapstyle –conocido rapero saharaui– y yo, tuvimos a nuestro cargo a unos cuantos, porque dirigimos un cortometraje -que aún se está editando, las cosas de palacio van despacio- para fomentar la acogida. Y ni en los ensayos, ni durante el rodaje, se movió un alfiler aparte de los niños futboleando en los descansos.

Kami también fue niño de Vacaciones en Paz

La Ran se pasó el verano jugando con su grupo de amigas, a las que conoció el primer día y con las que no paró hasta septiembre de arriba a abajo. Su relación con mi hijo la define el audio que le envió este viernes: “Qué guapo mi hermano en su cumpleaños feliz”.

Ahora que os he puesto en antecedentes, os voy a dar mis razones para acoger a un niño saharaui:

-La principal, sacarlos del calor insoportable que hace en los meses de verano en el desierto más inhóspito del planeta. Mejorar su alimentación (aunque sean dos meses, ganan unos cuantos kilos que les ayudan a pasar el resto del año), proporcionarles una revisión médica (no difiere mucho de la anual de nuestros hijos, de hecho mi enfermera la apunta como tal) y enseñarles que la vida es más que un campamento de refugiados. Que existen el mar, la piscina, el agua corriente, el ascensor, unas escaleras…

-Ser más feliz. El día que yo me llevé a mi niña de la mano de aquel polideportivo, sentí que mi vida estaba definitivamente completa. He ganado en amor, he aprendido mucho con las lecciones que me dio a diario, en valores, en generosidad. Soy más feliz y mejor persona gracias a ella.

-Enseñarles a nuestros hijos que no todo el monte es orégano. Mi hijo sabe que su hermana (porque aunque ella tiene a su familia biológica, nosotros también lo somos) vive en un campamento de refugiados, que en el desierto hace mucho calor en verano y mucho frío en invierno y que allí carecen de muchas cosas básicas para nosotros. Aceite, pescado, fruta, vegetales…

-¿No nos da tanta pena la crisis de los refugiados cuando la vemos por televisión? Pues los saharauis también lo son, son nuestros refugiados. Si bien no es posible acoger niños sirios, con los saharauis sí podemos hacerlo. ¿Qué pasa, que ya no están de moda?

-Cuando acogemos a un niño saharaui, ellos actúan de embajadores. Sirve para despertar conciencias. La Ran se ganó en pocos días a todo el mundo y a la semana mi barrio entero conocía ya la situación del pueblo saharaui y las condiciones en las que viven en los campamentos de refugiados. Que sí, igual sería más fácil enviarles el dinero que nos gastamos en traerlos aquí… Pero entonces -y con el boicot informativo que sufren por los intereses económicos- quedarían definitivamente en el olvido.

No es caridad, como leí un día por ahí. Si tú quieres ejercer la caridad, vete a ayudar a un comedor social: ES JUSTICIA SOCIAL. Es amor.

Tampoco tienes que ser rico para acoger; para nada. La ropa… ¡llegan en plenas rebajas! Y sino seguro que hay algún familiar o amigo cuyos niños han dejado ropa pequeña. La revisión médica la cubre la seguridad social, la dieta es la de la familia, el ocio lo mismo… Yo no veo tanto gasto por ninguna parte. Que lo es, claro, no nos engañemos, pero nada desorbitado y, por el perfil de padres de acogida con los que trato, puedo decir que a menudo hace más el que quiere que el que puede.

A la hora de permitirte acoger, lo que valoran es que seas una persona normal; no hay más. Que no vivas debajo de un puente, que puedas mantener al niño esos dos meses y, por supuesto, que ni tú ni ninguno de los futuros convivientes estéis condenados por delitos sexuales.

En mi comunidad autónoma, un trabajador social te realiza un informe social y acude a tu casa para comprobar que el niño va a estar alojado en un sitio adecuado. Nada del otro jueves.

Así que si te lo estás planteando y quieres cambiar el verano de ese niño, te aseguro que va a ser una de las mejores cosas que harás en tu vida.

Yo ya le estoy llenando su armario con esto y lo otro y planeando con ilusión su fiesta sorpresa, mientras que ella me repite que ya sólo quedan cuatro meses.

Última modificación: 14 Mayo, 2017

One Response to :
Motivos para acoger un niño saharaui

  1. Silvia dice:

    Vaya madraza que eres, ¡enhorabuena! Me ha emocionado esta historia. Sigue hablando del Sáhara que estoy aprendiendo mucho.

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