Muerte de una mascota

Escrito por | Fauna animal

Hoy os quiero hablar de Belial, nuestro conejo belier. Llegó a nuestras vidas un mes después de que nos casáramos. Así que se puede considerar que fue nuestro “primer hijo” en común. No fue nuestra primera mascota, de ninguno de los dos, pero sí el primero de ambos. Tenía sólo tres meses y era un gazapo muy pequeño y escurridizo,  pero que se quedaba tranquilo encima de nuestra tripa mientras que le acariciabas. A pesar de su tamaño, hizo que tuviéramos que “redecorar” la casa. Hubo que proteger todos los cables y esquinas de la pared, si queríamos que no sufrieran su mordida. De hecho,  uno de los cables para cargar el móvil aún nos lo recuerda. Además,  cuando llegó a casa, vivíamos de alquiler en una donde el dueño ya no es que no nos dejara tener mascotas, sino que no nos dejaba ni hacer agujeros en la pared, cuando era una casa sin amueblar, pero bueno, esto ya para otro día.

 

Al cabo de un año, mi marido echaba de menos el tener también perro en casa, ya que el que dejó en casa de sus padres,  cuando nos fuimos a vivir juntos, había fallecido unos meses antes y sentía la necesidad de volver a tener perro. Y así llegó Illidan. Por cierto, si no lo sabéis, el nombre Belial, viene del personaje final que hay que matar en el juego de Diablo e Illidan y es el nombre de un cazador de demonios (Illidan Tempestira) de la saga de Warcraft. Es más,  cuando Belial llegó a casa,  echamos a suertes  qué nombre ponerle y ganó el que me gustaba a mí, y cuando Illidan llegó, estaba ya claro cuál iba a ser su nombre. Illidan vino a casa con 28 días. A lo mejor os parece una barbaridad que le separáramos tan pronto de su madre, pero es que la perra había tenido 14 y no daba abasto, así que no nos pareció mal traerlo tan pronto. Belial, los primeros días no se acercaba y eso que era más grande, pero se ve que el olor a “carnívoro” no le gustaba en exceso, pero pronto se convirtieron en hermanos. Tal cual: jugaban, se peleaban y se respetaban.

Es más, al contrario que la mayoría de perros que conozco, Illidan no quiere nunca cazar conejos, quiere jugar con ellos. Incluso,  un día en el campo, avisó a mi marido de que había un conejo atrapado por un cepo y todo su empeño era en que el pobre pudiera salir de allí.

Cuando Belial tenía dos años e Illidan uno, nos volvimos a mudar, esta vez a nuestra casa comprada. Y aquí lo mismo que en todas, pusimos canaletas para los cables de la fibra, protectores en las esquinas de las paredes y los sofás colocados de forma que no pudiera acceder a las zonas de los enchufes. Mucha gente nunca ha entendido esto, pero la verdad es que nos da igual. Son mis mascotas y es mi casa, y hago lo que quiero. Me da igual que alguna vez me hayan dicho que olía a granja. Incluso cuando me quedé embarazada hubo quien me dijo que si ahora ya me desharía de él. ¿Estamos locos? Que manía de que porque llegué un bebé haya que sacar de tu vida a tus mascotas, que son parte de mi vida también. Qué mejor forma de enseñarle a un niño a cuidar y amar a los animales que teniendo uno en casa. Hemos vivido 4 años más en esta casa, hasta que el 7 de junio, al volver a casa de trabajar, ví que no se había comido la verdura que le había puesto por la mañana y la verdad es que me extrañó,  porque la devoraba. No le dí mayor importancia, pero el resto del día, vi que no estaba igual de activo que normalmente. Así que llamé al veterinario, pero claro, al ser un animal fuera de perro y gato, se considera exótico y tiene que ser un veterinario especializado, con lo que nuestra veterinaria habitual (vacunas y alguna analitíca), no se atrevía a verle porque igual si era algo grave ella no se lo podía diagnosticar, y en el resto de clínicas o justo ya esa semana no había consulta o no tenían hora hasta 2 días después, por más que les pedí que me adelantaran la hora, pero no puedo ser. Así que el pobre pasó el 8 comiendo poquito y estando descansando. Esa noche, algo le debió decir que se iba y nosotros lo intuíamos, porque es verdad que desde que llegó Illidan era más arisco, si él quería mimos, los pedía, pero si te acercabas y no los quería se iba. Pero esa noche se dejó sin problema. Nos fuimos a dormir sabiendo que al día siguiente iríamos al veterinario y nos dirían qué le pasaba.

Así que el sábado 9 de junio, al grito de “mamá, ya estoy despierta y quiero un bibe”, me desperté y como todos los días fui con mi hija a la cocina a hacer su biberón. Y al llegar al salón la escuché que decía “mira mamá, Belial sigue durmiendo” y en ese momento, supe que no dormía. Estaba tranquilo, en su postura de dormir, pero en un sitio que él nunca dormía, debajo de la mesa, cerca de su jaula.

Sólo podía llorar. Entiendo que habrá gente que no lo entienda, pero es que me da igual. Y seguramente no se entenderá lo que hicimos después. No es la primera mascota que he perdido, pero su destino final de acabar en un crematorio en una incineración común no me parecía nada bien y en este caso que yo podía decidir, no quería eso. Así que llamé a un crematorio de mascotas que habían abierto hace poco cerca, porque hasta ahora todos lo que conocía estaban en el sur de la Comunidad de Madrid.

Al llegar allí,  el señor que nos recibió nos explicó el proceso, nos lo preparaban para poder despedirnos de él y nos daría un mechón de pelo y nos daría un molde de sus patas en resina. Después una urna con sus cenizas y un certificado para que si alguien nos preguntaba qué había pasado con él, pudiéramos justificar lo que habíamos hecho con el cuerpo.

A pesar de ser un negocio – la muerte de humanos también lo es- fue muy sensible con la situación. Te dejan una sala y el tiempo que necesites para despedirte de él y te invitan si quieres a entrar en el crematorio. Yo no pude pero mi marido sí entró. Un rato después recogimos todo y nos fuimos a casa. Mi hija es pequeña pero se entera de todo ya, y quitamos la jaula y todo lo que tenía que ver con él. Incluso colocamos el salón ya de la forma que siempre habíamos pensado. Desde ese día ella pregunta todos los días que cuándo vamos a verle. Le dijimos que se había ido a jugar con sus amigos de Bastión (que es el club donde tiramos con arco) y de vez en cuando dice que cuando vayamos hay que llevarle zanahorias para él y sus amigos.

El nivel de pelos que barremos todos los días ha disminuido considerablemente, pero con todo y con eso, le echamos de menos. Y una opción de mi marido fue tirar las cenizas allí en Bastión, pero no he podido y las tengo en casa.

Unos días antes,  una amiga de la infancia con la mantengo contacto por instagram había perdido a su perro también de repente y cuando le pregunté qué habían hecho ellos me contó prácticamente la misma historia. Ella tampoco se planteó en ningún momento dejarle solo o en una fosa común. Y lo mismo que yo le tiene en casa. En su hogar, con la gente que le quiso y que aún le quiere.

Es muy duro y aunque se pueda pensar que solo es un animal, no es así, era y es parte de nuestra vida y siempre estará con nosotros. Solo espero que haya sido feliz y que se haya ido habiendo disfrutado una buena vida. BELIAL TE ECHAMOS DE MENOS.

Última modificación: 23 agosto, 2018

2 Responses to :
Muerte de una mascota

  1. Aida Trujillo dice:

    Soy amante de los animales, en general, y comprendo perfectamente la tristeza que produce el perder a tu mascota que se convierte, como dices, en parte de tu familia. ¡Una entrada muy emotiva con la que me solidarizo!

    1. Jinay dice:

      Muchas gracias!!!!!

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