Vacaciones en Paz: ¿Y si no se adaptan?

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niño de acogida no se adapta

Uno de los principales miedos de toda familia que participa en Vacaciones en Paz por primera vez es: ¿Y SI EL NIÑO DE ACOGIDA NO SE ADAPTA?

Yo, cuando decidí acoger a la Ran, andaba a vueltas con los procesos de adopción especial y acogimiento permanente, por lo que ya sabía un poco acerca de la adaptación del niño en una familia a la que no conoce de nada.

Eso, admito, me ayudó bastante y decidí ponerme en la peor de las situaciones. La niña puede no adaptarse, que le dé el bajón, que no haga más que llorar, que no conecte con nosotros, que quiera irse a su casa. Y yo, que soy muy de adelantar acontecimientos, ya tenía en mi mente una solución para cada posible imprevisto.

De hecho, mi propia madre me ofreció que, si la niña lo pasaba mal al principio y debía dedicarle todo mi tiempo, no me preocupara porque ella se encargaría de mi bebé.

Es sobradamente conocido que la Ran es la reina de todas las excepciones. Parece que nació en casa desde el minuto cero, por lo que creo que no la puedo extrapolar y, realmente, tampoco soy partidaria de etiquetar demasiado a los niños.

Lo primero que hizo al vernos, fue sonreír de oreja a oreja al ver que compartiría verano con un bebé de año y medio. Nos fuimos a comprar un pollo por no hacer la comida en un día tan especial, a continuación conoció a su mejor amiga y remató el día yéndose a la peluquería a que la buena de Cris le cambiara el look. Un día redondo.

Pero, no nos engañemos. No todos los niños se adaptan igual de bien. De hecho, no conozco a ninguno que se haya integrado con la facilidad de la Ran.

Que sí, que niños rebeldes hay en todas partes -aquí, sin ir más lejos, que ya podría aprender más de uno del respeto a los adultos que muestran los saharauis- y los hay a quienes les cuesta más adaptarse. Son niños, no existe un patrón predeterminado de comportamiento y, al acoger, debemos ser conscientes de que la adaptación puede ser más fácil o más difícil.

He conocido casos de niños devueltos, también es verdad que son los menos. Algunos no los juzgo, porque críos rebeldes hay en todas partes y según qué actitudes no se pueden tolerar. Pero esto son absolutas excepciones.

Y, sin embargo, sé de dos QUE CLAMAN AL CIELO. En uno, la niña no dejaba de llorar y la madre de acogida se agobió a la primera de cambio y la devolvió, como el que devuelve una televisión que le ha dado mal resultado. Prefiero reservarme los calificativos que le otorgaría a esa persona, porque no la considero capacitada ni para el cuidado de un ficus.

En otro, una niña MUY pequeña, y cuando digo MUY lo es MUCHO, se peleó con la gravedad que podría hacerlo una criatura de esa edad, con la niña de la casa. Por fortuna, esta pequeña encontró enseguida una nueva familia de acogida que es la suya hasta hoy y con la que se adora.

A veces, somos nosotros los que no tenemos consciencia del proceso. A los que nos falta madurez y capacitación.

Igualmente, podría hablaros de casos cercanos en los que niños, que demostraron al principio mayores dificultades, gracias a la constancia de sus familias de acogida terminaron perfectamente integrados en ella.

Lo habitual es que al principio haya algún contratiempo, tipo “el niño llora por la noche” o “esto le choca demasiado”. Cosas menores. Vamos a ver; yo llevo recorriendo el mundo sola desde casi la adolescencia. He viajado muchísimo y, en ocasiones, recuerdo algún bajón porque sí. Sin más. Ganas de llorar atroces, de encerrarme en el baño un ratito porque necesitaba desahogarme.

Imaginaos a un niño que, por muchas ganas que tenga de venir como han hecho sus hermanos, amigos y primos, se da de bruces con la realidad. Lejos de su casa, de sus padres, sin entender el idioma, en otro mundo. ¿Cómo no va a llorar? ¡Por favor! Eso no quiere decir que esté mal a gusto ni que se quiera ir, simplemente, como dice mi amiga Benda, ¡lloran porque sí!

La única vez que la Ran lloró, fijaos lo que son las cosas, llevaba sobre un mes con nosotros. Habíamos ido a una fiesta con amigos, se lo pasó genial en las atracciones y jugando con mis ahijados, merendaron todo lo que quisieron, se rió muchísimo y llegó a casa cargadita de juguetes. De pronto, se sentó en el sofá a ver su serie fetiche Las Chicas del Witch Club… Y observé que se le estaban cayendo las lágrimas. Entonces, se me partió el corazón.

-Ran, ¿ha pasado algo? ¿Estás bien?

Ella aseguraba que sí mientras se limpiaba, pero yo me preocupé muchísimo. Y, simplemente, le había dado bajón. Sin más.

Marqué el número de su prima y se estuvieron riendo un buen rato, planeando ir al parque a la tarde siguiente. Listo.

Que no hay un manual para el acogimiento igual que los recién nacidos no lo traen debajo del brazo, pero con paciencia, buena voluntad y mucho amor, el 99,99% de las situaciones que se puedan presentar, tienen fácil solución.

Así que no os preocupéis, porque si tenéis claro que a veces los comienzos pueden ser duros pero estáis dispuestos a dar lo mejor de vosotros; todo saldrá genial.

Última modificación: 14 mayo, 2017

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