Papá: escríbeme un cuento

Escrito por | Literatura, Mapaternidad

Por: Toño Suárez

“La mariposa Martina era nueva en el Bosque de las Flores. Un viento huracanado la había arrastrado hasta allí una noche de tormenta. Desorientada y con un ala rota cayó al suelo agotada por el esfuerzo y se durmió encima de una flor”.

La escena se sitúa en la cocina, a la hora de la comida, de una casa de clase media de finales de los años setenta. En la zona más cercana a la pared, a la derecha del escenario, el padre, un hombre de mediana edad que pellizcaba, ansioso, la barra de pan posada sobre la mesa. A su lado la abuela materna, una anciana que había dejado años atrás su casa en el pueblo y que, junto a su marido, ya fallecido, había ido a la gran ciudad con su hija menor recién casada, a la que le había correspondido, por una simple cuestión de orden de factores, el cuidado de sus mayores.

“Claudia, el colibrí, sobrevolaba el Bosque cuando vio algo que llamó su atención: encima de una flor había una hermosa mariposa con unas enormes alas de vivos colores que parecía dormida. Descendió y se acercó a ella”

– ¡Hola! dijo Claudia: ¿te encuentras bien? ¿Qué haces aquí?

– “La tormenta de ayer me arrastró hasta aquí”, dijo Martina la mariposa: “no sé dónde estoy y creo que tengo un ala rota”

– “Ven conmigo”, dijo Claudia.” Vivo cerca de aquí, en el Gran Árbol del centro del Bosque. Mi mamá te curará y podrás volver pronto a tu casa”.

En frente de ambos se situaban los tres hijos de la pareja, dos chicas y un chico que esperaban en silencio que la madre, que aún no se había sentado en todo el día, les sirviera la comida. Ya había servido desayunos, limpiado la casa, ideado el menú y salido a la compra, como todos los días. Cuando todos estaban servidos y comiendo ELLA se sentó y descansó.

“Ya en casa, mamá colibrí posó suavemente a Martina la mariposa en un cómodo lecho construido con fuerte ramas de roble y una cómoda hoja de helecho que hacía las veces de colchón. Tapó a la mariposa con un pétalo de rosa y se fue a prepararle una sopa caliente hecha con gotas de agua de lluvia. Claudia se tumbó junto a ella y le contó cómo era la vida en el Bosque de las Flores”

Terminada la comida y con el padre ya en el salón preparándose para la siesta las mujeres comenzaron a retirar los platos de la mesa para empezar a lavarlos y a recoger la cocina para dejarla lista para la noche. Cuando el hermano se disponía a abandonar el lugar sin tocar ni un vaso las hermanas protestaron vehementemente a la madre. Él dio la vuelta y comenzó a ayudar de mala gana. Cuando lo vio, la abuela saltó de la silla como si se hubiera activado un resorte y le arrebató el plato de las manos: “debería daros vergüenza que el crio haga lo que debéis hacer vosotras: ¿dónde se ha visto esto?”

He tenido presente muchas veces a  mi abuela en estos últimos tres años de mi vida en los que dejé a un lado mi trabajo para dedicar todo mi tiempo a cuidar a mis dos hijas recién nacidas. Las circunstancias, todas, dictaban que era la mejor opción. Me he preguntado tantas veces qué pensaría de su nieto, al que arrebató aquel plato que, según ella, no le correspondía,  si le hubiera visto criando, limpiando, haciendo las tareas del hogar, todas aquellas cosas que un día hizo ella por las suyas. Y he llegado a la conclusión de que pese a su educación, aquella vida ultra machista que le tocó vivir,estaría orgullosa de ello.

“Tras el descanso, y con el ala de Martina ya recuperada gracias a los cuidados y a la tirita que mamá mariposa le colocó cuidadosamente, salieron volando las nuevas amigas para intentar hallar el Valle de las Mariposas, el lugar donde Martina vivía con toda su familia. Volaron y volaron sin saber muy bien por donde ir ya que Martina era aún muy pequeña y no recordaba el camino de regreso”.

“Exhaustas, se detuvieron a descansar en la copa de un árbol cuando, de repente escucharon una voz muy dulce que gritaba: ¡Martina! ¡Martina!”

-“¿Has oído?” dijo Claudia

-“¡Sí!” dijo Martina. “¡Es la voz de mi madre! Viene de allí” dijo mientras señalaba aquel lugar donde nace el mar. “¡Vamos! ¡Estamos cerca de mi casa!

Claudia y Martina están empezando a conocerse pero ya se han hecho inseparables. Así que el cuento que alguien me propuso escribirles, y que una tarde les leí en su habitación, el momento más mágico de mi vida, no ha hecho más que comenzar.

Os recomiendo que hagáis la prueba y que cuando el día a día os de un poco de cuartelillo, escribáis un cuento a vuestros hijos: reunidlos y leedlo juntos. Seguro que será un momento que ninguno olvidará en la vida.

Otro más.

Última modificación: 5 Agosto, 2017

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