Por qué luchamos

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Por qué luchamos

Es muy probable que una de las preguntas que más veces tiene que responder un blogger es ¿por qué lo haces? Yo, además, soy una de esas rara avis (aunque poco a poco cada vez somos más) que es hombre y escribe de paternidad. Y que ha mostrado cuando ha podido y debido que está a favor del feminismo. Siendo así, la pregunta la tengo que responder bastante a menudo.

Durante estos días he visto una serie documental llamada Five came back, que trata sobre cinco directores de Hollywood que marcharon a la II Guerra Mundial para hacer una serie de producciones con distintos fines: propagandísticos, informativos e instructivos. Dentro de las muchas películas que salieron de aquello, hubo una serie de siete capítulos llamada “Por qué luchamos”. Dirigida por Frank Capra, que quizá os suene por ser el director de Qué bello es vivir, estos siete documentales recorren desde el preludio a la guerra, las agresiones que recibió EEUU y que hizo cambiar de opinión a la población sobre si entrar o no en guerra con el eje, hasta varias batallas.

Hace 16 años que vi Hermanos de sangre. En todo este tiempo no he olvidado ni el título ni el contenido del 9º capítulo de la serie producida por Steven Spielberg, que también produce la serie documental Five came back. Aquél capítulo, se llamaba “Por qué luchamos“. En él, nos muestran algo parecido a lo que se encontró George Stevens, uno de esos cinco directores, cuando los alemanes comenzaron a retirarse.

Stevens estaba ansioso por colaborar al igual que hacían sus compañeros, pero por unas cosas u otras siempre llegaba tarde a los lugares donde se producían las batallas. Pudo hacer bien poco para inspirar a las tropas, o para informar a sus paisanos. Sin embargo, resultó ser el más importante de los cinco. Sus cintas fueron clave en los juicios de Nuremberg. Stevens dio con Dachau, uno de los horribles campos de concentración Nazi. Y lo documentó todo.

Aquí habría que recordar que nadie sabía de la existencia de estos campos. Se decía que a los judíos se les llevaba a campos de trabajos forzados. Eso al que quisiera preguntar, que no eran muchos. Nadie podía imaginarse tal horror. A la gente que vivía en los pueblos cercanos a los campos, tras la liberación, los llevaban para que contemplaran lo que habían tenido al lado de su casa, lo que habían permitido. Para ellos los judíos eran sólo números, hasta ese momento.

También habría que saber que los propios judíos, en Israel, no daban crédito a los supervivientes y tachaban sus historias de ser invenciones y exageraciones, hasta que se juzgó a Eichmann y fueron retransmitidas tanto los testimonios de los que lograron salvarse como las imágenes de lo que ocurrió.

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Es, mientras escribo esto y si no me he equivocado, el número de asesinato en lo que va de año por violencia de género. Sólo un número. A eso lo reducimos todo.

Números

No os voy a contar nada nuevo si os digo que hay gente que, no sólo no entiende el feminismo, sino que reniega de él ya que “es como el machismo pero al revés”. O que se quedan en las que equivocadamente usan el feminismo ya sea por intereses personales, por que les den un trabajo escribiendo en un periódico o como simple venganza contra el género masculino en general.

No voy a contestar a por qué escribo, ya que no lo hago lo suficiente sobre temas que importen de verdad. Contestaré a por qué actúo como lo hago. Como la gran mayoría, me he criado en una sociedad en la que la familia tiene una estructura muy clara: el hombre trabaja, la mujer se ocupa de la casa y los niños.

Aun así, yo no creo en ese modelo. Gracias, en parte, a mi propio padre, que aunque es uno de esos hombres del párrafo anterior, se las apaña para transmitirme unos valores muy claros: haz absolutamente todo lo posible por tu familia. En su caso, ha sido partirse el culo toda su vida para que nosotros tuviéramos la mejor vida posible. Tanto es así que sigue haciéndolo ya no sólo por mis hermanos y por mí, si no por sus nietos.

Así que, ¿qué debo hacer yo por el bien de mi familia? Está claro que el factor económico es importante, trabajar tenemos que trabajar todos, pero tengo una hija y ahora me toca a mi transmitirle unos valores, y más en el tipo de sociedad en el que nos ha tocado vivir. Empezando por la igualdad. En casa somos dos adultos y los dos somos exactamente iguales. No hay tareas de hombre ni tareas de mujer. No hay, por supuesto, violencia ni abuso de poder por más que si me lo propongo pueda poner cara de muy pocos amigos. No hay, al fin, una figura omnipotente por el simple motivo de tener pene.

Cuando mi hija sea mayor, sabrá, o al menos habremos intentado que lo sepa, que ningún hombre está por encima de ella. Habremos hecho todo lo posible para que no sea un simple número más.

POR QUÉ LUCHAMOS

  1. Matilde Teresa Hernandez De Castro Hernández, 44 años.
  2. Estefanía, 24 años.
  3. Toñi García Abad, 33 años.
  4. Blanca EstherMárquez Andrés.
  5. Virginia Ferradás Varela, 35 años.
  6. J.D.L.M., 40 años
  7. Aramis Valdominos Dávila, 1 año.
  8. Cristina Martín Tesorero, 38 años.
  9. Carmen González Ropero, 79 años.
  10. Laura Nieto Navajas, 26 años.
  11. Ana Belén Ledesma, 46 años.
  12. Ana (hija de Ana Belén), 18 años.
  13. Margaret Stenning, 79 años.
  14. Mª José Mateo García, 52 años.
  15. Leidy Yuliana Díaz Alvarado, 34 años.
  16. Gloria Amparo Vasquez, 48 años.
  17. Dolores Correa Perez, 47 años.
  18. X, 91 años.
  19. Erika Lorena Bonilla, 32 años.
  20. Ana María Rosado, su hijo de 8 años y su hija de 5.
  21. Yurena López, 23 años.
  22. Viky Zanardi,44 años.

 

 

 

Última modificación: 10 Abril, 2017

One Response to :
Por qué luchamos

  1. Vicky dice:

    Esos nombres, así leídos uno tras otro… ponen los vellos de punta. Sigamos luchando, un abrazo.

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