Post de Hielo y Fuego: La Era del Amanecer

Escrito por | Cine&Tv, Literatura

Nota del autor:
Si usted es lector de Canción de Hielo y Fuego, esto posiblemente se le quede algo pequeño. Quizás aprenda algunas curiosidades, pero si ha aguantado hasta Danza de Dragones, es muy probable que sus conocimientos sobre este mundo necesiten el alimento que sólo puede dar Vientos de Invierno.
Si no es así, si usted sólo es un televidente más de la serie de la HBO llamada Juego de Tronos y está deseoso de más píldoras de información sobre ese mundo, quizás esta serie de posts sean el espaldarazo que necesita para meterse en la faena de leer las novelas. O sencillamente no. Sencillamente los disfrute porque todos tenemos obligaciones que apenas nos dejan tiempo para el entretenimiento. Sea como sea, espero que le sirva para un rato de evasión y de ampliación de su comprensión del mundo de Canción de Hielo y Fuego.
El mapa de la intro ya no tendrá ningún secreto para usted.

Pasen, pasen. Acompañenme. Pocas veces se permite el acceso a la Ciudadela de personas ajenas a la Orden de los Maestres. Es algo inusual, sin duda. Pero ante tan ilustre presencia en Antigua, no podíamos dejar pasar por alto la petición de la casa Hightower para que accediesen a nuestras dependencias. Por supuesto, entenderán que hay zonas a las que no podemos acceder. Sólo nuestros mejores eruditos tienen acceso a ellas debido a la importancia de los conocimientos arcanos que en ellas se atesoran. Pero no se preocupen, yo personalmente me encargaré de satisfacer cualquier curiosidad que tengan acerca de la historia de los dominios del Trono de Hierro de los Siete Reinos.
Para ello he seleccionado yo mismo varios textos, algunos muy antiguos, para que nos sirvan como referencia e ilustración en este breve recorrido por la historia de Poniente. Crónicas valyrias, ándalas, ghiscarias… ciertamente la labor de maestre se revela tremendamente dificultosa cuánto más atrás en el tiempo pretendemos remontarnos, pero nada es comparado con la Era del Amanecer. Una época en la que tribus primitivas de hombres habitaban el mundo que conocemos. Lo que sabemos de entonces lo sabemos por culturas muy posteriores, pues no se conocía la palabra escrita en esos tiempos oscuros. Y sobre Poniente, sabemos aún menos. Pues, aunque no conocemos la edad de nuestro mundo, si sabemos con certeza que en aquellos remotos tiempos no había un sólo hombre en la tierra que ahora pisamos.
Gigantes e hijos del bosque eran las dos razas que habitaban por entonces lo que ahora son los Siete Reinos.
Permítanme presentarles esta carta del maestre Aemon, de la Guardia de la Noche, datada en los primeros años del reinado de Aegon V, hace algo más de 40 años. En ella informa de un relato de un explorador, de nombre Redwyn, que en tiempos del Rey en el Norte Dorren Stark, narra un viaje a Punta Lorn y la Costa Helada en el que este explorador y sus compañeros llegaron a entablar combate contra gigantes y a comerciar con los hijos del bosque. Aemon decía haber encontrado muchos relatos similares, y les daba crédito.
Sin duda alguna hubo un tiempo en el que los gigantes existieron. Son numerosos los restos de sus tumbas, como podemos leer en este ejemplar de Pasaje de los muertos del maestre Kennet, escrito en Invernalia durante el reinado de Cregan Stark. Así como numerosos son los hombres de la Guardia que explican que eran mucho más que simplemente hombres muy altos. No construían refúgios ni trabajaban el metal, y tampoco se les conocen reyes ni señores. Hoy día, los gigantes ya han desaparecido incluso de las tierras más allá del Muro. Los avistamientos más antiguos que tenemos de ellos datan de hace más de 100 años y no son fiables. Son más bien historias de hombres de la Guardia que se cuentan unos a otros en las frías noches del invierno junto al fuego.
Pero si algo pudo ocasionar la desaparición de los gigantes, quizás fuera la otra raza que habitaba Poniente por entonces, los hijos del bosque.

Bellos, de aspecto aniñado y de piel oscura, parecerían una raza primitiva, pero tallaban habilmente la obsidiana (lo que el pueblo llano llamó vidriagón y los valyrios llamaban con un vocablo que significaba fuego helado) y con ella hacían armas y herramientas. Especialmente hábiles con los arcos de madera de arciano, podían llegar a construir verdaderas ciudades entre las copas de los árboles, aunque se asentaban por todo Poniente.
El maestre Kennet, en su estudio de un túmulo cerca de lago Largo, pudo demostrar que gigantes e hijos del bosque se enfrentaban habitualmente, pues en él se encontraron puntas de flecha de obsidiana entre las costillas de un gigante. Estas afirmaciones coinciden con una canción de los salvajes recopilada en Historia de los Reyes-más-allá-del-Muro del maestre Herryk, donde unos hermanos salvajes, Gendel y Gorne, median en un enfrentamiento entre ambas razas por una caverna bajo el Muro. Cuando los salvajes se dieron cuenta de que había toda una red de cavernas y pasadizos que cruzaba el Muro, engañaron a los dos bandos para quedarse con ella, pero ya hablaremos de los salvajes más adelante.
En este ejemplar de Reyes del Invierno, o leyendas y linaje de los Stark de Invernalia, el maestre Childer describe parte de una balada que supuestamente narra la época en la que Brandon el Constructor pidió ayuda a los hijos del bosque para construir el Muro. En ella se cuenta como tuvo que apreder su lengua, la cuál describió como el tintineo de un arroyo al bañar las rocas, el susurro del viento entre las hojas o el rumor de la lluvia al caer el agua. Por lo que podemos entender que su lengua se basó en reproducir los sonidos que oían habitualmente.

Representación de la construcción del Muro

Fueron los hijos del bosque los que tallaron las caras que tienen los arcianos, pues adoraban a las mismas deidades inspiradas en la naturaleza que posteriormente adorarían los primeros hombres. Así que probablemente con este gesto pretendían dotar de visión a sus dioses. Hay quien afirma que los más sabios de entre ellos, los verdevidentes, podían ver a través de los ojos de los arcianos. Cómo si el hecho de que los primeros hombres así lo creyeran fuera suficiente prueba. Desgraciadamente, esto desembocó en la tala de la mayoría de los bosques de arcianos por simple miedo por parte de los primeros hombres.
Esto no quiere decir que los verdevidentes fueran una leyenda. Cómo más tarde los valyrios, es muy posible que pudieran comunicarse a largas distancias o ver hechos distantes. Incluso podían llegar a comunicarse con los animales, pero su fama de cambiapieles, es decir, de poder entremezclar su espíritu con el de un animal para poder dominarlo, no son más que habladurías traídas desde el otro lado del Muro por hombres de la Guardia. Las más osadas leyendas afirman que los verdevidentes podían ver el pasado y el futuro lejano, pero quienes dicen poseer estos poderes afirman que las visiones son confusas y engañosas. Algo muy conveniente cuando se trata con incautos.
Aunque desacreditada, y por ello no os la muestro, la obra del septón Barth Historia antinatural posee un fragmento que ha provocado encendidos debates en nuestra Orden. El septón afirma que los hijos del bosque podían hablar con los cuervos y hacerles repetir sus palabras en base a unos textos que encontró en el Castillo Negro. Este conocimiento habría pasado hasta nuestros dias por los primeros hombres de forma degradada, y por ello usamos a estos animales para comunicarnos. Cómo verán, es sólo una anecdota. Los cuervos son sin duda animales inteligentes, pero hay que saber distinguir la verdad de la superstición.
Para terminar con la Era del Amanecer, no puedo dejar de contarles otra anécdota mientras me siguen a nuestra siguiente estancia. Acompañenme.

Es una idea tan peregrina que apenas merece consideración, pero a mí me divierte. Es posible que una tercera raza habitara Poniente por entonces. Cuentan los hijos del hierro que los primeros de los primeros hombres que llegaron a las islas del Hierro encontraron el famoso Trono de Piedramar en la isla de Viejo Wyk, pero las isla estaba deshabitada.
De ser cierto, el origen de la silla desde la que los Greyjoy han gobernado las islas de los hijos del Hierro es un misterio. Tallado en forma de kraken de una sola piedra negra, el maestre Kirth sugiere en Canciones que cantan los hombres ahogados que fue dejado allí por unos visitantes del otro lado del mar del Ocaso. Otros dicen que fue tallado por habitantes de las islas anteriores a los primeros hombres, pero no hay ninguna otra prueba de su supuesta existencia. Si bien es cierto que tiene similitudes con una estructura que tenemos aquí, en Antigua.
Pero ya llegaremos a ello.
Ya es hora de que hablemos de la llegada de los primeros hombres.

Última modificación: 2 septiembre, 2017

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