Recuerdos de la infancia

Escrito por | Personal

El otro día me encontré por la calle con un amigo de la infancia con el que había perdido el contacto hace casi treinta años, salvo algún encuentro puntual y fugaz por la calle. Al acabar 6º de EGB me cambié de colegio, aunque de todos modos tampoco habría podido mantener fácilmente el contacto con él, ya que repitió aquel curso. Y como decía en otro artículo anterior, los repetidores rápidamente se integran con sus nuevos compañeros.

Le dije: “Perdona… ¿tú eres Íñigo?”. Se quedó unos segundos mirándome pensativo y dijo: “Tú eres… ¿Jose María…?”. Yo le reconocí a él porque en alguna ocasión le busqué en Facebook y me hacía idea de su aspecto actual. Aparte de que siempre ha sido altísimo, con lo cual no pasa desapercibido. Pero él no ha podido ver fotos mías porque yo en Facebook no aparezco con mi nombre y apellidos completos, y además como imagen de perfil nunca pongo mi foto. ¿Cómo pudo reconocerme y acordarse de mí tan rápidamente?

Esta anécdota demuestra que los recuerdos de nuestra infancia y adolescencia se nos quedan grabados a fuego. A un compañero del colegio le recordamos como si le tuviéramos delante en este momento, aunque no le hayamos visto desde hace veintimuchos años. En cambio, otra gente que hemos conocido más recientemente nos ha dejado mucha menos huella. Ves a alguien de la universidad o de algún trabajo anterior y piensas: “¿Cómo se llamaba éste/a?”.

Este razonamiento también se aplica a todas las cosas que descubrimos en una época temprana de la vida. Un libro que leímos en la adolescencia se nos queda muy grabado, y en cambio otro que hayamos leído más tardíamente se nos olvidará con más facilidad. Y también ocurre con la música. Los discos que escuchábamos cuando íbamos al cole nos los sabemos de memorieta, mientras que otros que hemos descubierto posteriormente, tendremos que escucharlos muchas más veces para quedarnos con la secuencia de las canciones y las melodías de cada una.

Esta capacidad de retener los recuerdos de la infancia y adolescencia, creo que tiene mucho que ver con la mayor facilidad para aprender idiomas en esa primera etapa de la vida. Yo estudié algo de francés en el primer colegio en el que estuve, y lo poco que aprendí se me quedó grabado a fuego. Hace unos años fui a la Alianza Francesa para retomar este idioma, y en general puedo decir que fue una buena experiencia.

Se puede decir que las cosas que nos recuerdan a nuestra infancia, ya sean amigos, lugares, libros, películas, música… aparte de despertarnos nostalgia, nos hacen sentir cómodos ya que son cosas que conocemos bien y que no tenemos que esforzarnos por desentrañar. Algo así como unos zapatos viejos que nos están cómodos porque ya se han hecho a la forma de nuestros pies.

Última modificación: 13 julio, 2018

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