Esos sabiondos sin hijos

Escrito por | Mapaternidad

Como desde que lo políticamente correcto entró en nuestra sociedad, antes de nada y en negrita -¿se puede decir negrita?- puntualizaré que NO me estoy metiendo con el común de los mortales que no tienen hijos, sino con un grupo concreto de bocachanclas que invaden nuestra sociedad, y creo que a buen entendedor, pocas palabras bastan. De todas formas, como servidora no es culpable de la capacidad comprensiva de cada quien, procedo a esplayarme.

Estoy hasta el mismísimo de toda aquella gente que cuando un niño hace el menor ruido te empieza a dar lecciones de “cuándo yo tenga un hijo”. Cuando tú tengas un hijo, prenda, te vas a tragar todo lo que has escupido para arriba y te vas a acordar de todas las gilipolleces que has soltado durante los años previos a tu m/paternidad.

Porque nos ha pasado a todos.

Yo, cuando no era madre, me quejaba cuando llegaba junio y las terrazas de verano estaban llenas de críos jugando al balón que probablemente me impactaba dos veces en la mesa. Miraba con cara de asesina a sus padres y ladraba que cuando yo tuviera hijos iban a ser los más civilizados del mundo, se llevarían un libro y estarían sentados en silencio durante ese rato. Los cojones.

A mi hijo le encanta el fútbol y donde caiga la pelota, cayó. Mi hijo no elige dónde llora. Mi hija y sus colegas le dispararon con una pistola de agua a una vecina en toda la cara cuando la pobre mujer salía del portal. Así, por las buenas. Estaban jugando en la plaza y no se percataron de que era lugar de paso. Y tampoco fue la única vez que bañaron a alguien, c’est la vie.

La gente que mejor educa, la que da unos consejos de la hostia, es la que no tiene hijos. Esos que el día que el predictor se tiña de rosa en el cuarto de baño cogerán un martillo y pulverizarán la TV, no aceptarán ningún juguete con luces ni sonidos en su casa, sus hijos permanecerán inmóviles hasta que lleguen a la universidad y utilizarán un tono de voz casi imperceptible. Esos padrazos.

Que se permiten decirte a ti, que llevas despierto desde las putas siete de la mañana y estudias, trabajas, atiendes niños, tienes una jauría de perros y gatos en casa y encima te niegas a dejar de ser persona por el hecho de haberte reproducido, cómo debes hacer las cosas.

Podemos encontrar a cualquiera de estos espécimenes en los comentarios de cualquier periódico en internet, haciendo las veces de juez y parte en toda noticia donde le haya ocurrido algo a un niño. “Un niño se cae por la ventana”, “A un niño lo atropella un coche”, ” Un niño se cae de la barandilla del muro de la playa de no sé donde”, “A un niño se lo lleva un cocodrilo en Disneyworld”.

Ahí es cuando saltan como rapiñas: “¿Y los padres?”, “¿Dónde estaban los padres?”, “Vaya padres”, “Los padres del año”. Un importante porcentaje de dichos comentarios se centra, concretamente, en la madre. ¡Cómo no! Si vivimos en una sociedad donde vas sola con tu hijo a alguna parte y nadie te pregunta nada, pero como vaya el padre, antes de salir del portal ya quisieron saber tres vecinos el paradero de la madre.

Un niño te la lía en décimas de segundo. Eso, mis queridísimos bocachanclas, lo comprobaréis en el debido momento, y os hará tragaros vuestros “yo nunca” y “mis hijos jamás”. Conozco padres maravillosos a los que en un instante, el niño se les soltó de la mano cruzando un semáforo y lo atropelló un coche, niños que se han pegado hostias terribles bajo supervisión, e incluso un caso en el que se cayó por la ventana en un visto y no visto, por suerte con lesiones leves. Os podría poner otro caso mucho más impactante, pero por respeto a esos padres no lo voy a hacer.

Hay una bloguera sevillana, el nombre de cuyo blog me reservaré para no darle visitas, que se dedica a sentar cátedra sobre educación, condenando a todo padre que a su juicio merece reprobación. Para ella, no se salva nadie. Por supuesto, no tiene hijos, gato ni perro. Pero da igual, ella sabe de todo y en su impecable sapiencia no cabe la posibilidad de que de padres estupendos puedan nacer hijos torcidos. “Al arbolito desde chiquitito”, se marca esta adalid del cuñadismo, juzgando a Dios y su madre.

Otra cosa, por supuesto -que me reitero en que hay que explicarlo todo- son los casos del palo “los niños llevaban dos días solos en casa” o, el más reciente, “la madre conducía ebria y drogada y los niños iban sin amarrar”. Pero creo que a todos nos da el cerebro para saber que no es el tema que nos ocupa.

Simplemente, para criticar a los hijos de otro o la educación que les dan sus padres, deberías esperar a que los tuyos primero, nacieran; y luego, cumplieran… al menos… 90 años.

Y sí, cuando seas padre; comerás huevos.

 

Última modificación: 15 Mayo, 2017

6 Responses to :
Esos sabiondos sin hijos

  1. anusca77 dice:

    Pues qué te voy a decir…..Cuando yo tenga hijos….jajaja es coña
    Completamente de acuerdo, no se puede hablar de algo que no se conoce. Es más, ni siquiera teniendo hijos se debe hablar de un hijo ajeno, puesto que no se sabe la situación de cada uno.
    Me parto con la frase del arbolito, te tocó la moral

    1. Lady Cat dice:

      Me llegó al alma… No tuve palabras para aquello…

  2. marigem dice:

    ¡¡¡¡Hola!!! Yo vi lo del niño que se cayó en el muro. Salí a correr y me pilló justo allí y te aseguro que todo fue en un segundo, no es que los padres estuvieran en el bar y el crío por ahí. Cuando de noche entré en El comercio a ver si el niño estaba bien(me puse malísima, se me chafó el día de la madre y no se me borraba la imagen de la cabeza) aluciné al ver muchísimos comentarios poniendo a los padres a caldo, bueno, a la madre, porque ya sabes que en esto las malas somos las madres.
    Lo primero, ¿esa gente no tiene nada mejor qué hacer un domingo por la tarde que hundir a una madre que ya estaba fatal?
    Yo la vi saltar desesperada, pedir ayuda, llorar y no veas que cuadro más desgarrador…
    Hay padres desastrosos que no vigilan a sus hijos, es cierto, pero muchos están pendientes y las cosas pasan porque los niños te la lían en un segundo, puedes estar mirando para ellos y en una milésima de segundo pasa. Obviamente si estuviera en un acantilado, mirando las olas con una ciclogénesis o en la montaña rusa de adultos con dos años, pues sería una negligencia brutal, pero una caída estando con ellos… un fallo lo tenemos cualquiera.
    Mis hijos nunca tuvieron ningún percance grave, pero fue SUERTE, pues se podían haber caído de los columpios, de los árboles de la finca o podían haberse soltado y cruzar en rojo, eso puede pasar y si no me ocurrió es que tuve suerte, y hablo de accidentes comunes no ejemplos extremos.

    Lo del árbol desde pequeñito nunca me ha gustado, educar es muy difícil, hay mil matices, y hasta que no se vive no se entiende verdaderamente. Yo me equivoco todos los días, lo hago lo mejor posible pero me equivoco seguro así que no soy nadie para dar lecciones de moral a otros.
    Besos y de acuerdo de principio a fin.

    1. Lady Cat dice:

      Los comentarios eran indignantes…
      A mí una vez, estando al lado y en medio segundo, dio la voltereta en una barandilla alrededor de un lago y le faltó poco para que las piernas cayeran en remojo. Pegada a él y mirándolo.
      Las desgracias ocurren y con niños, qué te voy a contar.
      Es increíble que eso se juzgue y se critique…

  3. D.V. dice:

    Pues mira, si a un niño no le llega a pasar nunca nada, es cuestión de pura suerte, te la lían en cero coma y más de una vez y de dos he pensado con los míos, “por qué poco…”, y además creo que en estas cosas pasa un poco la ley de Murphy, contra más pasotas son los padres, menos accidentes tiene el niño. Tú estás pendiente todo el rato, te descuidaste un segundo, y te lían una gordisima.

    Lo del arbolito, ya me explayé en su día, así que no me extenderé con el tema. Es una cuñadez como la catedral de Sevilla, y nunca mejor dicho 😀

    Por cierto, con las que liábamos nosotras, como para que hablaran mucho nuestras madres, que encima no se enterában ni de la mitad 😀

    1. Lady Cat dice:

      Sí, encima eso, nuestras madres en sus casas o en el trabajo, dejándose una pasta en el colegio y luego a lo mejor todavía era culpa de ellas lo que nosotras hacíamos por detrás.
      Las teorías de la gente son brutales.

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