Suicidio asistido. Morir dignamente.

Escrito por | Actualidad

Qué mal cuerpo te deja el vídeo del valiente señor de 58 años que da la cara por los derechos de todos y se suicida delante de una cámara. Enfermo de ELA, una dolencia de la que sólo se sabe que te mata sí o sí. Como bien dice antes de morir: una condena de muerte desde que te la diagnostican. No tiene cura, ni siquiera tratamiento (recientemente se ha aprobado un nuevo fármaco que retrasa su avance, pero no lo impide) y los esfuerzos de la comunidad científica internacional son escasos e insuficientes para encontrarle una explicación o una solución.

Ver a este hombre explicar con aparente calma su día a día, su imposibilidad de levantarse, asearse, comer. Saber con exactitud que cada día será peor que el anterior, que lo que hoy le parece un esfuerzo hercúleo mañana será una ilusión. Perder la dignidad. Quédende con esa frase porque volveré a ella. Y a continuación explicar el proceso con el que pondrá fin a su vida, pero con el que quedará libre. Y lamentar que lo hará en soledad. Que no tendrá la mano de su mujer o sus dos hijos para calmarle cuando tenga miedo. Que no tendrá un médico a su lado por si el proceso se complica, para que pueda morir sin dolor.

En España, país tradicionalmente católico y que aún se niega a remover los derechos eclesiales aunque a la mayoría de su población nos den igual, el suicidio asistido sigue estando penado. No se crean que arremeto contra Dios, porque créanme, a quienes tenemos enfermos con esta y otra dolencia a nuestro lado rezar es lo único que nos queda. Pero si tengo que embestir contra sus representantes para que quien no pueda vivir con dignidad muera, al menos, dignamente, vaya que si lo haré.

La única explicación racional para que nuestro gobierno, del signo que toque, no derogue esta ley que pena a quien se suicida y a quien le asiste es esa, vincular nuestro derecho a vivir con el que tenga Dios a ponerle fin.

Nadie pide que se ejecute a todo enfermo que no se valga por sí mismo o que esté aburrido de vivir. Se pide que quien esté en sus facultades mentales y sufra cada día más con su situación pueda llegar de una forma madura y meditada a una muerte digna. Se pide que en caso de llegar a ese punto, que ya es suficientemente duro y desesperado, no se tenga que hacer en soledad, en la clandestinidad, con medicamentos sacados de internet para evitar una muerte violenta con otro proceso. Que lo puedas hacer rodeado de tu familia sin temer la sanción legal correspondiente. Que en ese último instante de vida puedas reflejarte en los ojos de alguien que te quiere y descansar.

Cuando llegas a ese punto en el que abandonar la vida no es lo que duele, sino vivirla sin dignidad, no es por capricho. Lo único que pedimos es que, si nadie va a aliviar tu dolor al menos no lo prolongue inútilmente. Tal vez si dejáramos de recortar y aumentaramos las partidas presupuestarias a investigación, no llegaríamos a estos extremos en que enfermos en agonía existencial y cuenta atrás para una muerte dolorosa tengan que suicidarse delante de una cámara por cambiar la ley para el resto. Pero eso es otro tema, de momento, devuélvannos la dignidad.

Última modificación: 7 Abril, 2017

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