Si tenía razón mi padre o “De princesa a puta en tres meses”

Escrito por | Sexo

Cuando tuve edad de empezar a mamonear con chicos, mi padre me dijo una frase que jamás olvidaré:

Los hombres -y te lo digo porque yo soy hombre- son de PROMETER HASTA METER Y UNA VEZ METIDO, NADA DE LO PROMETIDO.

Se me quedó grabado en la mente, oye. Una cosa… Si pudiera recordar con tantísima claridad todo lo que me dice mi padre probablemente algo mejor me iría en la vida.

El caso es que yo mantuve las piernas firmemente cerradas hasta que fuí lo suficientemente imbécil (o el tipo en cuestión se lo trabajo suficientemente bien) como para creerme lo prometido.
Es una cosa alucinante: eres una princesa al principio y te convierten en puta en cuestión de meses.

Pasado el umbral de unas semanas quedan atrás flores, sms sin razón, llamadas a deshoras, notitas románticas por doquier, piropos, invitaciones, detalles…

Yo creo que ya los hombres dan por hecho que tienen el kiki asegurado y no les merece la pena seguir trabajándoselo. ¡Oye guapo, que yo cuando quiera asomo la nariz en la calle y me salen mil para echar un rapidito, no te duermas en los laureles que no eres el único macho en la faz de la Tierra! Que yo cuando me arreglo aún resulto un poco, no te vayas a creer que porque tú te has acostumbrado a verme (y tenerme) no va a haber otros que vean algo bonito donde tú ya no ves nada. Que entre otras cosas una Torre de Pisa no soy pero mi metro setenta no me lo quita nadie, o sea que pequeña, precisamente pequeña no soy, se me ve.

Pero nada oye, que ni rastro del romanticismo inicial:

Las puertas ábretelas tú que para algo tienes manos (¿en serio? Vaya, yo creía que sólo las tenía para servirte y masajearte a ti…)

Pagamos a medias que yo no soy rico (ni yo tampoco pero a poner la comida, la cama y el revolcón en mi tierra le dicen ser después de cabrón, apaleao)

Las bolsas llévalas tú que para eso es tu ropa y son tus compras (no vaya a ser que se les hernie un testículo por cargar con lo que a ti te supone un infierno y ellos, por costumbre y constitución deberían de llevar como quien lleva una pluma)

Oye yo regalitos y caprichitos nada que no soy millonario y además eso está pasado de moda, ¿no queríais ser independientes? Pues las joyitas os las compráis vosotras (Si eso hago, comprármelas yo, pero por tener un detalle que no hace falta que sea de Suarez, no te ibas a morir)

¿Notitas y mensajitos y mails y tal? ¡Que yo tengo mucho trabajo, no estoy para chorradas! Además eso son moñadas, lo que cuentan son los actos.

Los actos. Ajá, ¿y qué actos, concretamente? ¿Que no me invites jamás a cenar, que nunca tengas un detalle conmigo, que nunca me des una sorpresa, que nunca me prepares un plan romántico, que me digas ‘te quiero’ ya como quién dice ‘buenos días’ al entrar en un sitio público con gente, que lo que yo quiera hacer te dé igual y siempre haya que acabar dónde, cómo y cuando tú quieres…? No sé, ¿a cuál de todos esos actos te refieres?

No hombres del mundo, que no. Que nos damos perfectamente cuenta de que cambiáis a lo largo de la relación y prometéis hasta meter y una vez metido nos convertimos en chachas.
Y mirad, no. Las mujeres queremos ser princesas desde el momento en que os conocemos hasta el momento en que muráis (aunque rompamos la relación, para vosotros, los exs, seguimos queriendo ser princesas).
– Queremos que nos abráis las puertas.
– Que nos ayudéis a cargar las bolsas.
– Que nos escribáis cosas bonitas: notas, sms, mails, publicaciones en el muro de Facebook, etc.
– Que tengáis detalles con nosotras: tipo decir ¡qué bonitos esos zapatos! y que al día siguiente aparezcáis con ellos (y no hacer esto sólo en vísperas de aniversarios, cumpleaños etc)
– Que nos regaléis cada equis alguna joyita que nos recuerde a vosotros (igual que la anterior, no esperar a que sea una ocasión especial para hacerlo, no se trata de que la joya cueste doce mil €uros, algo de diez vale perfectamente: lo que cuenta es el detalle)
– Queremos que nos digáis lo guapas y especiales que somos.
– Queremos que nos traigáis el desayuno a la cama o nos preparéis un baño con espuma.
– Queremos que nos sorprendáis con algún plan romántico (no, ver el fútbol o salir a cenar y a tomar una copa con todos los amigos no es romántico. Algo romántico de verdad y sólo los dos, los amigos son importantísimos pero una pareja necesita su tiempo a solas).
– Queremos que si no os acordáis de las fechas especiales, os pongáis una alarmica, una nota o algo así en el móvil o en la agenda y hagáis algo por recordarlas.
– Queremos que nos mandéis flores.
– Que nos llevéis a ese restaurante que tanto nos gusta.
– Que nos digáis que nos queréis con intención y enfásis, no como si nos estuviéseis dando la hora.
– Que seáis caballerosos.
– Detallistas.
– Románticos.

No importa cuánto tiempo haya pasado desde que nos conocimos, no importa cuánto hace que vivimos juntos, salimos juntos, estamos casados o como estemos.

Tal vez si vosotros nos tratáseis como princesas, nosotras continuaríamos siendo princesas. Pero a mí, francamente, cuando me tratan como a una puta (y no me refiero en el sentido sexual sino en el de chacha, de propiedad privada, de objeto) me dan ganas de comportarme como una puta. La reina de las putas. Puta, putísima. Y yo cuando me pongo soy la mejor en todo, así que vosotros decidís si queréis que sea la Reina de las Princesas o La Puta de Entre las Putas. Y esta última no os gustaría, os lo aseguro.

Así que en vuestras manos lo dejamos. Luego no vengáis a quejaros y a llorar porque os lo hemos advertido.

Última modificación: 25 Mayo, 2017

One Response to :
Si tenía razón mi padre o “De princesa a puta en tres meses”

  1. Laura dice:

    Hola! No nos conocemos y es la primera vez que paro en esta web pero, como hablas por las mujeres en general, me gustaría dejar mi aportación. Algunas mujeres no necesitamos que nos compren nada para sentirnos valoradas. Tampoco que nos abran la puerta (como bien dice el chico, yo misma tengo dos manos para hacerlo), como también podemos cargar con nuestras cosas. Creo que el amor no se mide en joyas ni en sorpresas, sino en cómo te sientes tú al estar al lado de esa persona. Si reclamas todo eso a tu chico, creo que él está en el mismo derecho a pedir lo mismo. ¿Por qué no abrirles la puerta nosotras a ellos? ¿Les compramos joyas (o cualquier otra cosa)? Y si no sacan la cartera para pagar la cena, ¿por qué no invitar nosotras? creo que el amor debería de ser totalmente desinteresado y cada uno debe de dar lo que le sale, sin esperar nada más a cambio que la felicidad y el respeto mutuo. Esa lista de cosas que supuestamente quieren las mujeres no sólo no se corresponde con la realidad de muchas que luchamos por los mismos derechos que los hombres, sino que es bastante anticuada. Ni princesas, ni putas 🙂

    Un saludo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: