Mi testimonio de abusos #YoTambién

Escrito por | Sucesos

Por: Anónimo

Soy una bloguera de temática maternal, sin embargo escribo esto anónimamente ya que no me gustaría que las personas implicadas tomaran represalias.

Teniendo trece años estábamos haciendo un trabajo en clase. Yo lideraba un equipo y habíamos juntado las mesas. Yo les daba direcciones sentada sobre la mesa y un profesor se acercó a preguntar cómo íbamos. Yo inconscientemente balanceaba la pierna mientras hablaba, como si diera patadas al aire. El profesor siguió hablando al grupo mientras se acercó a mí de manera que su pene rozaba mi pierna cada vez que yo hacía ese movimiento. Me di cuenta tarde, cuando noté algo duro y no supe cómo reaccionar, así que no hice nada. De hecho seguí haciendo esos movimientos porque no quería que se diera cuenta de que los dejaba de hacer porque eso significaría que me he dado cuenta. Él aprovechó esto y siguió acercándose a mí hasta que ya no hacía falta balanceo, estaba en mi rodilla. Me avergoncé terriblemente de mi misma por haber estado rozándole el pene con mi pierna, y por esa razón no se lo conté a nadie. Hoy sé que quién debía avergonzarse en todo caso era él y no yo.

Más adelante, quizá con catorce, había quedado con unos amigos y como vivía lejos (otro pueblo) tenía que pasar por una zona industrial. Noté que alguien me seguía pero pensé: no seas alarmista, es simplemente alguien que va en tu misma dirección. Saliendo de la zona industrial y entrando en un barrio residencial se puso a mi altura. Era un tío de más de 50 años vestido con ropa sucia de haber estado en el campo. Empezó a darme conversación, le hablé por educación. De golpe, me tocó el culo y me dijo que le gustaría hacerme de todo. Me aparté de él sorprendida, y volvió a tocarme el culo, esta vez agarrando  con fuerza y me cogió del brazo. Yo estaba acostumbrada a pelear con mis hermanos y pensé que podía con él, pero por primera vez me vi agarrada por alguien de quien no me podía soltar. Su cara se acercó a la mía y yo no paraba de esquivar, no quería que llegara a ese punto. Por suerte vi que venían dos chavales de mi edad y empecé a gritar: “¡auxilio!, ¡socorro!, ¡que me violan!” El hombre asqueroso me soltó y yo me fui corriendo entre lágrimas. Lo conté a los amigos con los que había quedado pero a nadie más.

Con dieciséis años trabajé en un restaurante. Un día al cerrar nos quedamos solos el dueño y yo. Tenía que romper los hielos chocando la bolsa en la barra pero decidió que era mejor hacerlo en mi culo. Luego respondió a mi comentario de que me dolían los pies diciendo que me haría un masaje en los pies y lo que no eran los pies. Me quedé bloqueada. Cuando lo conté, mi tía me dijo que qué exagerada era, que a ella cuando era joven le decían cosas así y que le tocaban el culo, y que la juventud de hoy no aguanta nada. Dejé el trabajo con la primera excusa que se me ocurrió.

Con diecisiete o dieciocho años estaba en la cocina con mi madre y mi hermano. Siempre nos peleábamos y tuvimos una discusión. Mi madre estaba de espaldas cocinando o limpiando. Entonces mi hermano vino a frotarse contra mí sexualmente. Me está dando mucho asco escribir esto pero voy a seguir. Me arrinconó contra un mueble, con sus brazos rodeándome, y empezó el frotamiento. Yo empecé a gritar como loca. Mi madre tardó bastante en girarse, pero en cuanto lo hizo gritó a mi hermano como jamás la había oído gritar. Mi hermano, sorprendido, se separó de mí y se fue. Yo empecé a temblar y a hacer muescas de asco, a frotarme la piel como si así pudiese sacar esa sensación de mi cuerpo. Las lágrimas empezaron a salir con los primeros sollozos. Mi madre me miró muy seria y me dijo: “no seas exagerada, no ha sido para tanto”, y volvió a darme la espalda para seguir cocinando o lo que fuera que estuviera haciendo.

Estos son los hechos que tengo marcados, luego están los típicos comentarios que todas hemos tenido que oír, los roces de desconocidos, gente que mete mano en discotecas, o que intentan “robarte” un beso…

La lección que aprendí fue que pase lo que pase, no te quejes porque es peor. Además te van a juzgar y los abusadores siempre salen ganando.

Sentir que abusan de ti es terrible pero es algo que esperas de un “monstruo”. Que personas que aprecias te traten de exagerada… Eso duele demasiado. Es muy triste y ojalá con estas iniciativas se consiga algo.

Última modificación: 21 octubre, 2017

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