Un segundo

Escrito por | Actualidad

Siempre te dicen lo mismo: que tu vida puede cambiar en un segundo y hay que estar preparado. Pero hasta que no llega ese segundo no te das cuenta de que es más real de lo que parece.
– ¿Qué te dijo el neurólogo?
– ELA.
Un segundo. Y ya cambió todo y no estabas preparada.
El primer impulso es exactamente el mismo que los médicos te dicen que no hagas, buscar en Internet. Porque conoces la enfermedad por internet, el reto del cubo de hielo, ya sabéis. Miles de personas retándose a tirarse por encima un cubo de agua helada. Ojalá todos los que hicimos ese vídeo hubiéramos leído un poco sobre la ELA, o en vez del vídeo hubiéramos hecho la alternativa: donar para investigación.
Un segundo.

Ice Bucket Challenge que tan de moda se puso.
¿Qué es la ELA?
Una explicación sencilla es la que nos dió el neurólogo especializado del HUCA, Don Alberto García Martínez: las motoneuronas dejan de enviar alimento a los músculos y estos se van muriendo poco a poco.
Las motoneuronas. Qué complejos somos los seres vivos. Tenemos millones de cables, circuitos, chips, dentro y si uno deja de funcionar cortocircuitamos. Necesitamos un perfecto funcionamiento de nuestro engranaje para sobrevivir, pero nos preocupa más -científicamente hablando- encontrar agua en Marte que aplicar toda nuestra fuerza de conocimiento en cuidar nuestra placa base y prevenir sus fallos.

Un segundo.

Motoneurona.
La ELA (Esclerosis Lateral Amiotrofica) no tiene cura. Ni siquiera tiene tratamiento más que paliativo.

No querría ponerme en la piel de esos médicos que cada día se enfrentan a decirle a un paciente joven(esta enfermedad se manifiesta en gente jovenprácticamente en todos sus casos) que tienen algo que poco a poco va a inutilizar su capacidad motora, que sus músculos dejarán de responder, con el peligro añadido de que dos funciones vitales, larespiración y la deglución, se verán afectadasporque también están supeditadas al perfecto funcionamiento de esas motoneuronas dichosas.

Que no hay cura. Que es inevitable. Que no puedes hacer nada.
A mí me ha tocado estar al otro lado de la mesa, al lado de mi hermana Valentina. Como es una dama y está mal preguntar, no os diré su edad, pero es joven. Aún siéndolo, trabajó como peluquera 30 años -los que yo tengo-. Su mano izquierda empezó a perder fuerza, calculamos, hace año y medio. Al poco tiempo esa pérdida de fuerza se extendió al brazo, con la imposibilidad de levantarlo. Y llega el drama: la experimentada peluquera no se puede peinar, y tiene que ir a la competencia a cortarse el pelo al doble de precio que ella lo cobraba y con el veredicto final de mi padre: un estropicio.
El daño colateral es que tampoco puede peinar al resto así que se ve obligada a dejar de trabajar.
Un segundo. Y no estabas preparada.

Última modificación: 8 junio, 2017

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