Violadores hijos de puta

Escrito por | Actualidad, Sucesos

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Este artículo lleva un lenguaje malsonante, atrevido, insultante y además puede que incurra en amenazas, exaltación de la violencia y otros. Voy a hablar de los hijos de la gran puta de violadores y pederastas. Con eso se lo explico todo.

Resulta que han detenido al violador del ascensor, por nuevas agresiones tras ser puesto en libertad hace 4 años con la aplicación de la doctrina Parot. Qué sorpresa. Un tipo que lleva violando desde, que se sepa, los 19 años. Un tipo que pasó por la cárcel sin ningún tipo de reinserción. Un tipo al que soltaron, como a tantos otros, corriendo el riesgo de que fuera a entrar más pronto que tarde al trullo de nuevo.

Bien, les explico por si no recuerdan que el funcionamiento del estado de derecho permite que las penas se apliquen con una función moralizadora. Esto es: has sido un niño malo y te vamos a castigar. Esto se aplica, por ejemplo, a quienes han robado un coche. Coño, está mal. Un año a la sombra. Ha usted matado a su mujer, impresentable, va a pasar 9 años en la cárcel. Porque la gente tiene que pagar por el daño para que nos quedemos tranquilos los de fuera y para entender ellos mismos que los actos tienen consecuencias, como si no les hubieran enseñado a vivir en sociedad con anterioridad.

Pero hay gente que no puede aprender porque sencillamente son el último peldaño de la escoria humana. Hablo por ejemplo del Secretario General de las Juventudes Socialistas de Elche. Este niñato ha sido detenido esta misma semana por ver, frecuentemente, pornografía que incluía bebés recién nacidos. Miren: en tercero de carrera dediqué meses a un trabajo sobre investigación del comportamiento de pederastas y pedófilos y el consumo de pornografía infantil. No pude terminar ese trabajo por la sobrecarga emocional que me producían ciertos casos. Les hablo de un español, valenciano también, a quien otro hijo de puta de su misma calaña (o peor aún) le llegó a pagar un viaje a Estados Unidos para que violara durante dos semanas a su hijo de cuatro años porque él ya se había cansado de hacerlo. Así que pueden imaginar el asco que me produce este tipo de gentuza. Un Guardia Civil me recomendó que dejara la investigación porque si, por un casual, llegara a mis manos una grabación de este tipo, no podría volver a dormir. Ni falta que me hizo. Y es la primera vez que verbalizo este tema, desde, como les digo, tercero de carrera.

Estos enfermos, depravados, que les falta un puto tornillo, que no les llega la sangre a irrigar el cerebro, están en la calle. Me da igual que sean violadores de adultos que de niños. Bueno, no, claro que no. Los seres que violan niños, que les destruyen la infancia y el futuro, que les crean traumas que les perseguirán hasta la tumba y que en muchos casos aceleran ese proceso llevándoles al suicidio, merecen la hoguera prendiendo desde sus genitales. Me da igual que sean párrocos de pueblo que padres de familia. Cuando el mismísimo diablo se reencarna en un ser capaz de destruir a lo más inocente que hay que es un niño, no merece otra cosa. Tenemos la calle llena de gentuza. Desde los gilipollas integrales de La Manada -y todos sus imitadores- que van a fiestas con planes para violar chavalas hasta el violador del estilete. El sistema penal les trata como delincuentes comunes cuando han demostrado en el tiempo que su comportamiento maníaco no es normal. Me va a decir usted a mi que es lo mismo un tipo como el violador de Ciudad Lineal que, sin ningún tipo de remordimiento, sometió a una niña de once putos años a torturas sexuales durante horas que un señor que haya robado un banco. Sí. Dígame en la cara que es lo mismo masturbarse viendo cómo sufre un bebé que quemar una foto del Rey. Dígame que este código penal nos protege de que un pederasta sediento tras años de reclusión viva a 200 metros de mi sobrino. Dígame que mi novia, mi hermana, mi sobrina, mi amiga, mi vecina, puede ir a una fiesta y no volver porque una pandilla de delincuentes suprahormonados van de garito en garito buscando víctima. Y dígame que con unas vacaciones de, póngase, 10 años en Soto del Real eso se cura.

Hay que empezar a debatir muy en serio el tema de la castración química, el tema de anular los impulsos sexuales de los agresores. El tema de establecer un censo y control de los expresidiarios de delitos sexuales. Y que los servicios de medicina mental de este bendito país den un paso adelante y estén capacitados para decir sin miedo que algunas de estas bestias no son reinsertables. Que están mal de la puta cabeza. Que algo no les funciona ahí arriba. Que no pueden vivir en sociedad. Que la pena de su delito tienen que cumplirla en un psiquiátrico. Por el bien de todos. Porque una sociedad sana no le hace daño a los niños ni consiente que se lo hagan.

¿Y El Lobo Solitario, qué opina de esto?

Hay dos tipos de personas que cometen delitos sexuales. Tenemos al desgraciado paciente psiquiátrico con toda una ristra de antecedentes por culpa de un entorno deprimido, familia disfuncional, cosumo de tóxicos, etc, que comete delitos sexuales de la misma forma que roba o menudea con droga. Y luego tenemos al que de verdad da para horas de televisión. El tio perfectamente integrado en la sociedad. Con profesión, estudios, a veces carrera profesional de éxito, e incluso familia.

De los dos tipos, para mí el segundo es el verdadero peligro. Es el lobo metido en el gallinero. Es perfectamente consciente de que lo que hace está mal. Por eso aprende perfectamente a ocultarlo, a relacionarse sólo con los que son como él y a pasar completamente desapercibido.
Si bien no debemos perder nunca de vista que el objetivo de la carcel es la reinserción, este tipo de delincuentes están perfectamente integrados en la sociedad. Así que, ¿cuál debe ser el fin último de la pena que se les imponga?. Seamos honestos con nosotros mismos, de buenas a primeras a un pederasta no van a dejar de gustarle los niños. No hay tratamiento, no hay cura. ¿Qué hacemos con ellos?

Estoy seguro que como todo hijo de vecino, su nivel de sadismo, querido lector, acaba de dispararse para aportar unas cuantas ideas que respondan a esta pregunta que seguro que dejan a la castración como la más piadosa. Estoy con usted. Pero no hacen falta genitales para violar niños o para disfrutar viendo como otros los violan. Si la reinserción no es una opción, cierto tipo de reclusión se me antoja justa y civilizada.
Tendrían cama, comedor, un patio para darle vueltas, e incluso una TV donde poner pelis de vez en cuando. Esto parece benévolo, pero son los pequeños detalles los que hacen la diferencia.
No habría relojes, y la única forma de medir el tiempo sería con el cambio de personal de seguridad o las comidas.
No habria TV en abierto. Puedes ver todas las películas que quieras que se estrenaran antes del año en que ingresaste en prisión. Así no volverás a tener nada nuevo en la vida.
Comerían todos los días. Pero todas las semanas lo mismo. Una dieta perfecta, pero siempre la misma.
Tendrían lectura en la misma forma que tendrían películas. No habrá nada nuevo para tí. Tu vida acaba ahí.
No habrá calendarios. Más o menos puedes saber que es Navidad, o verano. Pero siempre tendrás esa sensación de algo que no llega pero que te estás perdiendo.

Así podría seguir hasta el infinito.
Una muerte en vida. Un ataud mental. Una tortura eterna sin violencia física o psicológica. Sencillamente su vida acabó en el momento en el que fue dictada su condena. Sólo le quedaría esperar que el cuerpo se rinda viendo pasar el tiempo en una burbuja temporal que nunca explota. Viviendo siempre el mismo instante, el día en el que se te declaró culpable y para tí se acabó el mundo.
Quizás sólo así pueda haber un mínimo de justicia. Con las víctimas teniendo la oportunidad de volver a empezar de nuevo, y los verdugos atrapados eternamente en el momento que más han temido en su vida.

Última modificación: 15 Junio, 2017

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