Niñofobia o el arte de escurrir el bulto

Escrito por | Mapaternidad

Hoy os traemos un post colaborativo de toda la redacción sobre la palabra de moda: Niñofobia. Sin más preámbulos, vamos allá:

Tang de Naranja

Me voy a dar el gusto de ponerme el primero porque lo mío va a ser cortito (y ya os dejo lo interesante que son las opiniones de los compañeros/as) y por eso de que el título lo he puesto yo.

Uno de los principales problemas de este asunto es que mezclamos varias cosas. Principalmente:

  • La prohibición (o insinuación) de admitir niños en ciertos espacios
  • La sensación de que la sociedad odia a los niños

Yo me voy a centrar en la segunda. Efectivamente, no me gustan los niños. Lo he dicho MUCHAS veces y lo diré todas las que haga falta.

“Pero, Tang, si tú tienes una niña”. Claro que sí, y toda mi vida gira en torno a ella desde el momento en el que salió un palito en el predictor (o dos palitos o lo que fuera, que los aparatos esos del demonio no hay quien los entienda).

Pero que me guste mi hija no quiere decir que tenga que cargar con los de los demás. Y sí, por muy buen padre/madre que seas tú, querido/a lector/a, existen padres/madres a los/las que se la repanfinflan lo que hacen sus hijos/as en sociedad. Y es una de las partes que no entendemos. Que alguien se queje de unos niños no quiere decir que se esté quejando de los tuyos.

Con esto parece que voy por la calle escupiendo a los niños que pasan a mi lado. Pero veréis, cuando tenemos reuniones suelo ser “el canguro”, el que lleva los juegos y se pasa el día jugando con ellos mientras los mayores charlan o hacen cosas aburridas. Y me encanta. Pero me encanta ese momento porque está ideado para eso.

Podría ponerme a rememorar historias o crear hipótesis, pero es que 4 horas antes de escribir esto estábamos mi mujer, hija y yo disfrutando de unos caracoles en un puesto hasta que hemos dejado de hacerlo. Sí, es imposible disfrutar de nada mientras estás sentado y a 20 centímetros de ti tienes dos niños que están gritando, saltando casi encima tuya y rompiendo (literalmente) las sillas del local. Todo eso mientras los padres están sentados en una mesa cualquiera del lugar disfrutando. Ellos que pueden.

Ellos son malos padres. Esos niños son unos mal educados. Y tengo todo el derecho a quejarme y, si tú eres tan buen progenitor/a como yo, ¿por qué cojones no puedes admitir que hay tantos desgraciados en esto de la paternidad como en cualquier otro asunto?

La niñofobia, o el arte de inventarse palabras para quejarte de los demás antes de admitir que como padre/madre no vales un pimiento. O no lo valen otros y a ti, simplemente, este asunto ni te va ni te viene.

Pero quedaba muy largo para el título del post.

EL LOBO SOLITARIO

La palabra de moda es “Niñofobia”.

Yo soy padre, ¿vale? Y pensé que intercambiar ideas y opiniones con otras personas en situaciones parecidas a la mía me acercaría a ellos y sería enriquecedor. Pues no. Quizá pueda calificarlo de enriquecedor porque admito que no dejo de aprender cosas, pero también he de admitir que estoy descubriendo un montón de gente normal y corriente con la que no me voy a ver en mi vida que ya me cae mal. Y yo, que tengo un largo historial de gente que me cae mal, reconozco que estoy predispuesto. Pero es que hay casos, como esto de la niñofobia, con los que me sale la bilis por la boca.

La niñofobia es un término acuñado por aquellos que son padres y consideran que ahora toda la sociedad tiene que plegarse a sus necesidades e intereses.

“Tengo derecho a ir a comer a tal sitio con mis hijos…”, “tengo derecho a ir a ver esta película al cine con mis hijos…”, “tengo derecho a ir a este hotel con mis hijos…”, etc, etc, etc.

Que para ser sevillano mi madre siempre me ha dicho que soy mu saborio. Y lleva razón. Pero cojones, si voy a ver el próximo estreno de Star Wars estas navidades a una sala de cine a las 22:30 de un día laborable y con colegio y guardería al día siguiente para que expresamente haya poquísima gente que me moleste y que ni por asomo haya ningún crío, pues me jode que haya críos en la sala tirándose palomitas con unos padres indolentes para hacer que se comporten como deben en una sala de cine. Y eso no es niñofobia, es que me están jodiendo el visionado de la película.

-“Es que tú también fuiste niño una vez…”

– Is qui ti timbiin fiisti niñi ilguini viz… yo en el cine me estaba calladito viendo la peli que para eso me lo enseñaron mis padres.

El verano pasado abrió un Hard Rock Café en Sevilla. Fuimos un día mi mujer y yo, y en mitad de la pitanza de comer que nos dimos me comentó que no había visto ningún niño. Yo no me había percatado, pero era cierto. Ni un solo imberbe a la vista. Antes de llegar a los postres me vi obligado a ir al baño y fue cuando encontré la respuesta. Sencillamente tenían un sitio especialmente destinado a familias con niños, y yo no les hice allí mismo un monumento a los del Hard Rock porque estaba todo recién estrenado y me daba pena. Todo los niños estaban perfectamente sentados haciendo sus cosas de niños, no era Vietnam en tiempo de guerra. Había algo más de ruido, pero lo normal en una sala llena de críos. Las familias y sus hijos eran felices, y los que habíamos dejado durante unas horas al niño con la abuela éramos súper felices. Porque si en ese momento no llevo a mi hijo… es por algo.

¿Sabían ustedes que hay hoteles donde no se aceptan niños? Yo me enteré hace poco. Y me parece cojonudo. Porque es evidente que si voy a un sitio con toda la familia busco una cosa, y si voy solo con mi mujer estoy buscando otra muy diferente. La simple presencia de niños requiere una serie de atenciones, desembolsos y cuidados que, por el motivo que sea, quizás una empresa hotelera no quiera hacer. Así que se especializan en un tipo de público diferente.

¿Por qué demonios tiene nadie que quejarse de que no puede llevar a su hijo? No hay nada para él o para ella allí, deja a los adultos en su lugar de adultos en paz y búscate algo para toda la familia.

Porque los padres también somos adultos, y hay pequeños momentos en que queremos ser sólo adultos. ¿Por qué tengo que aguantar al niño de un desconocido en esos pequeños momentos?

LADY CAT

Soy madre de dos hermosísimas criaturas de 11 y 2 años respectivamente. Todo el mundo sabe lo orgullosa que estoy de ellos y que mi definición es PESADA de tanto como repito que son más guapos, inteligentes, simpáticos, graciosos, ocurrentes y educados que ningún otro infante. Sí. Soy esa clase de madre que cree firmemente que sus hijos son los mejores. Otra cosa es no engreerlos (aunque les mantenga la autoestima en su sitio) o no ofender a nadie más con odiosas comparaciones, completamente fuera de lugar, pero para mí son los mejores en todo. Qué se le va a hacer.

Y como madre, soy una leona que si me los tocas no te van a encontrar, porque te hago hamburguesas y encima me saco un extra vendiéndolas al McDonalds.

Hay sitios comunes para el total de la población. Un tren, por ejemplo. Recuerdo un trayecto en el cercanías donde mi bebé de ocho meses lloró un poquito en alto. No más de medio minuto.

Una estúpida, al fondo, hizo un sonido de fastidio, ladrando a continuación: “Tss, ya empezamos, joder”. A lo que respondí en alto: “¿Quién es la que dice que se va a ir hoy para casa sin un diente en la boca?”. Sobra decir que durante el resto del trayecto no se volvió a escuchar ni el zumbido de una mosca.

Esto es como cuando viajas con tu hijo en avión y hay una diferencia abismal entre que lo hagas sola o con tu pareja. Porque, en nuestra aún muy machista sociedad, que esté el padre delante, impone. Pero a una madre sola, con un bebé, que encima ha ido cargando con carrito, maletas, niño y equipaje de mano, siempre hay alguno que nació grande como las palomas que tiene que expresarle su malestar si el niño rechista.

Yo soy partidaria de los vagones de tren y compartimentos de avión especiales para niños, por supuesto, pero para que vayan tranquilos y no tengan que sufrir adultos impertinentes.

También me declaro a favor de que, en los trenes, aparten atrás del todo a la gente que no se lava, que piensa que su móvil es una puta radio, que habla a voces, que se cree que está en el salón de su casa y que, en definitiva, nunca queda aclarado de qué granja de cerdos salió esa mañana.

Yo no soy de las que se llevan a sus hijos a todas partes porque considero que hay sitios donde un niño no pinta nada. Así de claro. Y sobre todo con ciertas edades, sin mencionar determinadas horas.

Estoy muy de acuerdo con Aurelio, y aquí Virginia, mi mejor amiga, me haría la ola, en que uno está en su más absoluto derecho de irse a un hotel de fin de semana romántico y que, si no se lleva a los propios, no le causa ninguna emoción escuchar a Pablito corriendo, dando voces como niño que al fin y al cabo es y salpicando en la piscina. O sea, NO. Tiene que haber oferta de ocio para todos los públicos y yo no veo mal en absoluto que un determinado porcentaje esté orientado a una clientela childfree. Que, por cierto, es un tanto por ciento casi imperceptible, por lo que no entiendo el motivo de tantas manos a la cabeza.

Hay que saber distinguir entre los gilipollas que ven a un niño y ya les sale sarpullido y que hay sitios donde los críos están de más.

ELI MORELME

Buenos días, me llamo Elisabeth y… soy niñofóbica.

Sí, sé que las tres cuartas partes del internet hispanohablante se me van a echar encima pero es lo que hay, al menos lo reconozco y, ya sabéis, el primer paso para superarlo es verbalizarlo.

Dadme, por favor, un caluroso aplauso de bienvenida y dejad que os explique cómo caí en la niñofobia.

Para empezar, hay un elemento muy básico que ya me inquieta desde la llegada de los niños a este mundo y que he temido desde que tengo memoria: los bebés son una bomba de relojería en continua cuenta atrás. Nunca sabes en qué momento y por qué motivo un bebé va a empezar a torcer el morrillo, a hacer muecas extrañas, comenzar con los pucheros y romper en un llanto desgarrador que ríete tú del cante jondo.

Y si no sabes por qué motivo, causa, desencadenante, alineación planetaria o fenómeno terreno o paranormal llora un bebé, no sabes qué hacer para que pare. Que si lo coges en brazos, lo acunas, lo balanceas, miras el pañal, miras si tiene gases, si tiene dolor de tripita, si es la dentición… para acabar desesperada con un invento del infierno vivo entre los brazos que hace más ruido que la alarma de un coche de gama alta disparada en la quietud y el silencio de un martes a las dos de la mañana. En esa tesitura y cuando el bebé lleva tres horas de reloj llorando, tú estás ya para firmar el ingreso voluntario en una clínica de reposo mental.

Lo segundo es que los niños huelen a… niño. Ese olor característico a aula de niños de primaria, mezcla de leche, vomito, plastilina, pegamento… yo qué sé, a niño, huelen a niño y punto. Y, ojo cuidao, no a bebé recién bañado o a colonia infantil, no, a niño vivido.

Le siguen los grititos agudos. Veréis, yo sé que hasta los tres o cuatro años un infante no controla sus impulsos vocales, soy consciente de ello, está bien, son como el típico adolescente que no puede evitar, en plena pubertad, que se le escapen gallos porque es lo que hay, le está cambiando la voz y no hay más, culpa tendrá, criaturica (Manel Navarro, cielo mío, esto no aplica a tu caso. Lo tuyo fue otra cosa. Pero te apoyo y te llevo en el corazón. Llámame, <<do it for this lover>>).

Pero a partir de esa edad, queridos padres, tenéis que enseñar a vuestros vástagos lo que es susurrar, hablar bajito y en suma, controlar su tono de voz. Si no ocurre que los críos asumen como algo normal comunicarse a berrido limpio como orangutanes en celo llamando a la hembra a la cópula. Y teniendo en cuenta que son niños, supongo que ni están en la selva ni están llamando a nadie a kilómetros para cohabitar.

No obstante esto a los padres (la mayoría, se entiende, no todos, no os pongáis nerviosos y empecéis ya a teclear mentando a mi madre) parece no importarles. No conozco a nadie que haya invertido cinco minutos en explicarle a su descendencia que no se debe gritar por muchos motivos y que se esfuerce por hacer que los niños no anden por ahí chillando.Son niños, ¿qué quieres que haga? Son niños pero tienen más de cuatro años y, que yo sepa, en ningún libro de pediatría se especifica como rasgo normal y característico de los niños que berreen. Así que lo que quiero que hagas, querida madre y orgullosa de serlo, abanderada del club de yo soy madre ante todo y mis hijos son lo primero para mí (es verdad que lo primero para la mayoría de las madres suele ser el coche y tú eres un ser divino y extraordinario por haber parido y querer a tus hijos, ajá), es que ENSEÑES A TU HIJO A HABLAR EN UN TONO DE VOZ ADECUADO.

Ah y de lo de correr, ¿qué me decís de lo de ir al trote por todas partes, llevándose por delante a quien sea que se interponga en su camino? Y no quiera Dios, el Cosmos o El Topo Gigio que el niño se caiga o se haga daño al chocarse contra ti porque cuatro horas después (lo que tarda la madre ejemplar en dejar de hablar con sus amigas, mirar el móvil, hablar un poco más con las amigas, responder diez Whatsapp’s y hacer ocho llamadas, echar un vistazo por los alrededores y darse cuenta de que el niño no está) aparecerá esa madre diez viniendo hacia ti como un toro de lidia a inquirir qué has osado hacerle a su preciado niño (al que no le estaba haciendo ni pajolero caso).

De darse el supuesto contrario, en el cual el niño da contra una persona mayor y le tira algo al suelo (o directamente es la persona quien da con sus huesecitos en el pavimento), la madre diez saldrá con el consabido es un niño, ¿qué quiere que le haga? Pues como es un niño y no un caballo, quiero que lo enseñes a caminar, a disculparse y que te disculpes tú también. Así, a bote pronto, ¿eh? Que si me lo pienso un poco más seguro que se me ocurren más cosas.

Continúo que hay más: ¿y esta moda de llevar a los niños a todas partes? Queridos padres, hay sitios a los que no procede llevar a niños, como por ejemplo a ver según qué películas o funciones de teatro, a ciertos restaurantes, etc. A mí me incomoda estar viendo una película que incluye en su guión a razón de siete tacos por palabra y una escena de sexo cada dos de otra cosa, con niños a mi lado, en la fila de delante o la de atrás. El sexo sí que creo que habría que normalizarlo empezando por los niños pero críos viendo cincuenta sombras más oscuras, tú me contarás qué pintan, contemplando el arsenal de la sala de juegos del señor Grey y haciendo preguntas a papá y mamá sin parar. Normalizar los pechos, los genitales y el sexo en general, bien. Normalizar el BDSM igual mejor para más adelante.

Además que vas con tus amigas a echarte unas risas o con tu pareja como castigo por haberse olvidado de una fecha señalada y tú vas a lo que vas, a ver un pastelón de película que no hay por dónde cogerlo y mofarte lo que no está en los escritos y claro, con críos cerca a mí me da sentimiento que se oigan ciertos comentarios. El mismo que me da estar intentando tener una comida de trabajo a una cena a la luz de las velas con mi chico y que se paseen la mamá y el papá de turno con el carrito 4×4 cada diez segundos al lado de nuestra mesa porque el niño está intensito y hay que andar paseándolo a ver si se duerme. Señores, que estamos intentando llegar a un acuerdo o decirnos cosas bonitas aquí, un poco de calma y de intimidad, por favor. Que si quisiera tener a gente y más concretamente niños encima de mí me habría ido a Mc Donald’s.

Pero eh, no importa que tú pagues no ya por la comida sino por el sitio y el ambiente, no importa que vayas a comer el plato más corriente del mundo por una pasta por la tontería de comerlo en un sitio de moda en un clima determinado. Ni snobismo, ni comida, ni ambiente zen ni leches: aquí estoy yo con mis pañales porque he venido. Y así fastidie a todo el restaurante, cine o lo que sea, yo esto no me lo pierdo por el insignificante detalle de tener bebés o niños pequeños.

Pues permitidme que os diga, padres que os apuntáis a un bombardeo no niño-friendly, que si quisiera vivir rodeada de niños, los habría tenido o estaría pensando en tenerlos. Pero ni soy madre ni quiero serlo. Así que si no estoy dispuesta a aguantar ni a mis propios hijos, que como serían míos obviamente los amaría con mi vida, no sé qué os hace pensar que voy a aguantar a los vuestros que no los conozco de nada.

Y es que, ¿sabéis que es a lo que más fobia le tengo, aún por delante de los niños? A los padres. A esos padres que se creen especiales porque ahora los padres son ellos, a esos que se creen sin pecado concebidos, que van dejando un reguero de saliva por donde quiera que pasan porque van cantando las alabanzas de la mapaternidad y se les llena la boca de hablar de lo maravilloso que es reproducirse.

A esos que creen que por tener hijos tienen absolutamente todos los derechos habidos y por haber pero ninguna responsabilidad ni obligación. A esos, querido/a  lector/a no es que les tenga fobia: es  que los odio con todas las fuerzas de mi alma.

PRINCIPESA DE PRESLAV

Pues yo me pongo la última y además, no he leído nada de lo que han puestos los compañeros para evitar que me influyan.

En este asunto creo que existe el problema del que he hablado en varias ocasiones y es que hay personas que se creen que por tener hijos:

  1. Son mejores personas que quienes no los tienen
  2. Se creen con más derechos que los demás.

Estas dos cosas me repatean el hígado porque es absolutamente mentira. Todos conocemos verdaderos hijos de puta que tienen hijos y todos odiamos que las familias entren primero en los aviones cuando llevas esperando la ostia de tiempo para embarcar.

Dicho esto, es la actitud de esos progenitores lo que lleva a muchas otras personas a odiar a los niños.

Me parece el mismo concepto crear hoteles dónde los niños no son bienvenidos como hacer cruceros sólo para homosexuales.

Nos llevamos las manos a la cabeza cuando alguien nos cuenta que se va de semana romántica con su pareja o sola a un hotel dónde sólo hay adultos y digo yo: ¿por qué? ¿Acaso no habéis soñado todos alguna vez con pasar un fin de semana de absoluto silencio en casa dónde un crío no te imponga su horario, sus gustos para elegir película y podáis rascaros la entrepierna felizmente hasta aburriros? ¿No? No me seáis hipócritas, que hasta el Premio Nobel de Maternidad lo ha pensado aunque sea durante un nanosegundo. Pues ese edén existe y se llama “hotel sin niños”, pero ojo, nadie te garantiza que los adultos que vayan a rodearte no sean unos gilipollas escandalosos y maleducados.

No sé si hay algún estudio que confirme esto que voy a decir pero el mayor problema que pueda ocasionar un niño en un restaurante, el cine o un hotel, es responsabilidad directa de su progenitor. Es a esa persona que pretende educar a sus hijos con un mando a distancia, mientras mira la pantalla de su móvil o charla con sus colegas, al que le deberíamos pedir responsabilidades si sus hijos nos molestan en cualquier parte.

Otro asunto que me fascina es la necesidad de algunos adultos por incluir a los niños en todo lo habido y por haber: sesiones de teta y cine, por ejemplo. ¿En serio? Al cine se va a estar en silencio y disfrutar de la película y la mayoría de gente a tu alrededor quiere estar en silencio y disfrutando de la película. Hay tiempo para todo y llevar a un lactante al cine no es uno de esos momentos. En mi humilde opinión, de la misma forma que rehacemos nuestra rutina cuando traemos al mundo a una criatura, debemos ser conscientes de que tenemos que prescindir de ciertas cosas hasta que la criatura alcance cierta edad y una de ellas es el cine. Y no es una cuestión de derechos, sino de coherencia: ¿te gusta tener al lado al típico pavo que se ha comprado una bolsa de patatas fritas y espera la conversación trascendental de la película para abrirla y engullirla? ¿Y qué pasa si el bebé, con su total derecho, se pone a llorar y montar escándalo?

El otro día me decía mi padre “me he pasado todo el viaje en avión escuchando berrear a un niño” y yo le pregunté “¿y?”. ¿Sabéis que me respondió? Que ojalá hubiera vuelos sin niños.
Pues hombre, en ese caso, ojalá hubiera viajes en metro sin tíos cerdos sobándonos el culo, viajes en tren sin ronquidos guturales, esperas en el médico sin señoras cuchicheando a viva voz, gente que se cuela en las largas colas para subir a una atracción, personas que gritan mientras comen en la mesa junto a ti… hay tantas cosas deseables.

No quiero un mundo sin niños, quiero un mundo sin gente maleducada

No es una cuestión de #niñofobia es una cuestión de #educación y ahí somos responsables los padres y madres de esas criaturas.

Última modificación: 22 mayo, 2017

13 Responses to :
Niñofobia o el arte de escurrir el bulto

  1. marigem dice:

    ¡¡¡Hola!!!
    Pues de acuerdo con todos. Como lady cat mis hijos son lo más de lo más, jejeje. Ya son mayores pero han sido pequeños y no los he llevado a todas partes ni a todas horas.
    A día de hoy, si me apetece estar en el cine viendo algo adulto(o Star Wars a las 22:30 como han dicho) no tengo porqué aguantar que un niño pida a gritos palomitas, ir al baño o que llore.
    Y cuando salgo a cenar no me gusta aguantar carreritas ni lloros, yo me tragué mcdonals y pizzahuts a tutiplén, ahora les toca a otros.
    Otra cosa es el día a día. El año pasado estaba en el banco cuando un bebé empezó a llorar y todos miraban fatal a la madre y la verdad, eso no es así, hay cosas que tenemos que hacer con ellos y no nos queda otra, ir al médico, al banco o a hacer un papel.
    Pero en uno de los conciertos de rock del grupo de mi hijo había niños pequeños, en un local con alcohol, con un lenguaje que no es soez pero no es de niños y con unas cosas…y hace años en un concierto de los Mojinos Escocíos había muchos críos, el propio Sevilla lo dejó caer, era de noche y el lenguaje era…de los Mojinos.
    Un abrazo y vaya rollo, casi hago un post yo, jejeje.

    1. La próxima vez te avisamos y escribes lo que quieras y te lo publicamos jajajaja. Gracias por leer y comentar.

  2. Mina dice:

    Yo soy niñofóbica y padrefóbica y madrefóbica (lo digo por el tema de ser políticamente correcta, no vaya a cometer el pecado de llamar “padres” a padres y madres y ya la he liado antes de poder ni siquiera expresar mi opinión). Y lo soy con razón. No tengo problemas en que haya niños a mi alrededor siempre y cuando sus padres se responsabilicen de ellos en todo momento (que para algo han decidido tenerlos y es su problema y no el mío ni el de la sociedad en general) y que los niños sean niños pero no bestias salvajes que no han visto otro ser humano en su vida.
    Lo que no concibo y no podré entender nunca es la gent que va con su prole y la aparca el el restaurante de turno y los deja asalvajados, sin preocuparse de que estén sentado ni molestar. Y por molestar, me refiero a que no se dediquen a corretear como pollos sin cabeza por todo el restaurante sin preocuparse de si hay más comensales o trabajadores, que ¡ojo! los trabajadores están trabajando, pero no les pagan por aguantar a bestias salvajes que van disfrazadas de niñ@. Sin ir más lejos, ayer fuimos a comer a un restaurante de tipo americano en el pueblo en el que vivimos. Pues había una mesa con críos. Y esos críos y sus padres y/o cuidadores, les dejaron abrir y cerrar una puerta que es la salida de emergencia del restuarante, sin importar si molestaban o no. Y creo que eso no es “cosa de niños”, es más bien que eres un maleducado y pasas de tu hijo como de la mierda, y te da igual si molesta o no porque estás pegado al puñetero teléfono móvil en vez de preocuparte de lo importante.
    Respecto al cine, me molestan tanto los niños asilvestrados como los adultos asilvestrados, pero con una diferencia: el niño se supone que va con un adulto que le tiene que supervisar. Y no me parece de recibo encontrar a niños de 6-8 años en una sesión que empieza a las 22.30, que sabes que antes de las 00.00 no va a terminar y no son horas normales para que un niño se vaya a la cama.
    Y sí, he estado usando el término genérico “niño” en vez de “niño y niña” porque lo de ser poíticamente correcta me tiene hasta el moño que no llevo, que parece que en cualquier momento hasta respirar va a ser políticamente incorrecto.
    Ah! Y como he leído en el post, parece que hay progenitores (¿debería escribir también progenitoras para ser políticamente correcta? modo ironía off) que piensan que por el simple hecho de ser padres tienen más derechos que nadie. Y no olvidemos que mis derechos terminan donde empiezan los de los demás. Y que si hay negocios en los que se prohibe la entrada a menores de edad es tan simple como entender que hay gente que en determinados momentos y situaciones no quiere tener un niño cerca (con independencia de que sean padres o no).

    1. Gracias por leernos y comentar!

  3. La Tita Pank dice:

    Muy interesantes todos los puntos de vista y la sinceridad con la que lo abordáis.
    En el fondo es una cuestión de educación. Los niños que molestan son odiosos y más lo son sus padres, que lo permiten tan ricamente.
    Pero el odio hacia los niños en general… eso ya es psicopático.
    Mañana tendréis mi post 🙂

    1. Somos todos muy fans tuyo, así que esperamos con ganas ese post 😃

  4. María (Miren Casavieja) dice:

    En el mensaje general sí estoy de acuerdo con vosotros, y lo sabéis.
    Cuando salgo sola con mi partenaire no nos apetece estar rodeado de padres que no están pendientes de sus hijos. E incluso cuando sean mayores no descarto irnos a un hotel kidsfree.
    No entiendo que ahora haya que adaptar todo a los niños. En una biblioteca se está en silencio, en el cine se está en silencio (y ahí tenéis las salas con juegos y pausa a la mitad de la peli que están triunfando). Mis hijos no son precisamente niños educaditos… Los mayores son bastante horribles pero saben guardar silencio cuando toca.
    Pero eso sí, no permito que nadie les mire mal por ir hablar con su tono de voz estridente en el bus, o mientras se ríen por una broma en el metro. Porque eso sí son cosas de niños.
    Muchas gracias!!

  5. No pensaba participar en el carnaval, pero con esta entrada tan completa me habéis animado, jejeje. De momento empiezo por aquí, y empezando por daros las gracias por la honestidad, por dejar de lado la corrección política y por la variedad aunque todas o casi todas habléis desde la maternidad.

    Estoy de acuerdo en lo fundamental: la responsabilidad normalmente es y debe ser de los padres. A mí mismo como padre me enerva a menudo la actitud pasota de otros, cuyos hijos no ya es que me molesten a mí, es que se meten con la mía.

    Nosotros como familia tratamos de evitar lugares donde creamos que la niña se va a aburrir y vaya a protestar. Y si nos confiamos y metemos la pata, reculamos y salimos por la puerta, o nos turnamos para estar con ella o lo que haga falta en función de las circunstancias. Visitamos museos o exposiciones con otros amigos con hijos con los que podamos repartirnos para que alguien esté siempre fuera jugando con los peques, y si estamos en un bar o en una reunión social y la niña se cansa, uno se va con ella a la calle o donde haga falta, lo que a veces nos convierte en improvisados animadores infantiles para hijos ajenos de desconocidos más despreocupados.

    Ahora bien… 😉

    – Aunque es cierto que falta sentido de los límites o sentido común de adónde no es apropiado ir con un niño pequeño, creo que diferimos en cuáles son esos límites. Las horas de ir a dormir son, por ejemplo, muy relativas. Ni todos los niños duermen lo mismo, ni todos tienen que madrugar para ir al cole o a la guardería al día siguiente. Para algunos estar fuera a las 22:00 es una osadía irresponsable, pero otros se van a diario a dormir a las 23:00 y no tiene sentido forzarlos a dormir antes porque es imposible. Nosotros tuvimos nuestro año de estar a las 20:00 como un reloj en casa para evitar el Apocalipsis; ahora sabemos que podemos cenar fuera sin problema.
    También se intuye en el texto y los comentarios que con niños uno está abocado a restaurantes de comida rápida. Pues oye, no sé por qué. Mientras no moleste a otros comensales, a mi hija le gusta más una lubina al horno que una pizza del PizzaHut, qué le voy a hacer.

    – Sobre el embarque prioritario en los aviones se puede discutir mucho. A mí nunca me ha molestado, ni cuando no era padre ni ahora que lo soy. De hecho, ahora que tenemos una niña, hemos preferido a veces embarcar los últimos para pasar el menor tiempo posible recluidos en el avión. En cualquier caso, si yo me quejara de lo mucho que molestan los niños en el avión, a lo mejor sería lógico que fuera partidario de cualquier medida que facilitara la vida de esos niños para evitar que se agobien, no sé… Desde luego yo ahora como padre soy el primero que quiere que mi hija tenga un buen vuelo y no proteste, y peor que yo no lo pasaría nadie si se pusiera a llorar.

    – Sobre el ejemplo de la sesión teta del cine, me llama la atención que defendamos la creación de espacios para los sin-hijos y exijamos que los con-hijos se resignen a los restos. Yo no he utilizado dichas sesiones. Me hizo gracia conocerlas pero puedo vivir sin ello y creo que mi hija pasaría más miedo y aburrimiento que otra cosa. Ahora bien, me parece estupendo si alguien quiere ir asumiendo el tipo de experiencia que va a tener. Igual que a uno le gusta ir al cine «normal» sin molestias en el asiento de al lado, nadie lo obliga a asistir a la sesión-teta para tener que aguantar ruidos de bebés, ¿no? Otra cosa es que discutamos si es la mejor forma de enseñar a un niño a comportarse en el cine, pero si no queremos que vayan a las sesiones normales, por algún sitio habrá que empezar… Hace mucho más tiempo que hay visitas al museo con niños, conciertos para familias (de música clásica, incluso, que parece que obliga más silencio)… y no veo que sean experiencias muy diferentes de un cine para ir con niños pequeños.

    – Más que «niñofobia», yo veo simplemente un caso más del individualismo hacia el que vamos. «A mí que no me molesten». «Yo pago lo mío y que cada uno se pague lo suyo», si lo extendemos al resto del estado social del bienestar. Es una actitud que nos da gustirrinín en el momento, pero que se da muy fácilmente la vuelta cuando nos toca ser ese anciano que da por culo porque anda despacio o ese padre que tiene que viajar con dos niños en el tren y está al borde del suicidio.
    Nos centramos muchos en hoteles y restaurantes pero, ¿por qué no cerrar también las puertas de los museos a los niños, por ejemplo? Porque son espacios donde parece que uno va a disfrutar del arte en silencio y a recrearse en la contemplación. ¿O de los conciertos? Mientras sean negocios privados, tienen todo el derecho del mundo a decidir a quién dejan entrar, me parece estupendo; pero de ahí a que sea un logro del que presumir como sociedad… Yo no lo veo.
    Es cierto que hay gimnasios para mujeres, bares para homosexuales, etc., pero son casos más puntuales que hacen que un grupo de personas concreto se sienta más a gusto. No se generaliza con la prohibición a otro grupo de personas para crear más lugares sin hombres, sin mujeres, sin gays, sin heteros, sin ancianos… No deja de ser tristemente paradójico que al mismo tiempo que se empieza a fomentar que los perros puedan montar en metro (caso de Madrid) se discuta si hay que separar a los niños en el tren.

    – Llega un punto en que nos aislamos tanto de lo que nos molesta para ser felices que no es raro que uno llegue a los 30 sin haber tenido prácticamente contacto con un bebé en su vida. No tenemos ni idea de cómo funciona un bebé, de lo que necesita, de lo que le conviene. Y yo el primero, ojo. No sé si no nos estamos pasando un poco con aislarlos del mundo de los adultos, unas veces porque creemos que es lo mejor para ellos y otras porque es más cómodo para nosotros. Que sí, que los hijos de los demás no son nuestros, pero tampoco es mío tu padre y tengo que convivir con él cuando monopolizan los autobuses urbanos de Madrid porque no pueden acceder al metro con sus problemas de movilidad.

    – Y por último: me parece muy peligroso e irrespetuoso generalizar de la manera que se está haciendo, igual que cualquier otra generalización basada en algo tan trivial como la edad. «Los niños molestan, los niños dan por culo, los niños chillan». Ay, esta juventud. Pues según el carácter del niño y según la suerte y el empeño que hayan tenido sus padres educándolo, coñe. De mi hija de 2 años no creo que pueda quejarse mucha gente en ningún restaurante, y es un plan que hacemos a menudo porque nos parece relativamente asumible. Y oye, cerrando el hilo que inició un poco toda esta polémica, muchas veces ella come tanto como un adulto si pedimos con un poco de ojo. Vaya si le sale a cuenta al restaurante.

    Perdón por el tocho, pero habéis empezado vosotros XD. Un placer, jajaja.

    1. marigem dice:

      ¡¡Hola!!! Me doy por aludida con lo de la comida rápida. A ver que a mis hijos los llevaba a restaurantes porque sabían comportarse, tampoco es plan de renunciar a todo por ser padres, pero nosotros comíamos, tomábamos el café y nos íbamos o los llevaba a jugar fuera, pero es que hay gente que confunde el comedor de un restaurante con la zona de juegos de Macdonalds y tampoco es eso. Hace poco en un restaurante vi al camarero hacer milagros para no tirar soperas o bandejas con café hirviendo sobre niños que corrían de un lado al otro del comedor jugando al pilla pilla y los padres a lo suyo. Y te digo yo que si les llega a pasar algo denuncian al restaurante y piden indemnizaciones. A mí los niños jamás me han molestado pero todo tiene su momento y su lugar, y si se cansan, pues habrá que entretenerlos o llevárselos a otro sitio.
      En lo demás pienso parecido.

    2. Siempre es un placer leerte Enrique.
      – El embarque: evidentemente, a mí no me quita el sueño, era un simple ejemplo para seguir con el tono del post. Entiendo que las familias deban tener ciertos “derechos” en algunos asuntos y habrá momentos en los que me pueda beneficiar y momentos en los que decida no hacerlo. Sin más, era solo por poner un ejemplo.
      – Las sesiones teta: me decía ayer mi prima que en Madrid se hace para que las madres lactantes y sus bebés puedan conocer a otras personas en su misma situación. Genial, ¿y para eso van al cine? es decir, ¿qué hacen? ¿se ponen a sus bebes en ristre y se van al cine a ver una peli para conocer a más como ellas? No tiene sentido ¿no?
      Y en fin, me parece licito que haya espacios sin hijos (para adultos, mayores de 18, por llamarlo de alguna manera) como me parece licito que haya espacios solo para gente con hijos. El tema es, que hay espacios para todos y que lo mismo que no nos llevamos las manos a la cabeza por espacios para hijos, no lo hagamos por el contrario.

      El último párrafo que comentas me parece esencial y añado que de mi hija de 2 años tampoco creo que pueda quejarse ni Klaus.

      Besos

  6. Creo que aquí se está mezclando la niñofobia con la mala educación. O más que confundir es que la mala educación de los padres genera niñofobia. Se trata de convivir…los que tenemos hijos con los que no. No entiendo que hacen los niños en el cine en una sesión de noche entre semana, como no entiendo que hacen en una bar dormidos sobres los abrigos mientras sus padres se ponen hasta el culo de cubatas. Aquí creo que nuestro malestar se traslada hacia los insensatos padres y no es un tema de niñofobia. Pero la gente que pone malas caras en aviones, transportes públicos, centros de salud xq hay un bebé que llora o un niño de 3 años que se mueve , o uno de 8 que habla alto debería hacérselo mirar. Los niños, niños son y hay gente que su sola presencia le incomoda, probablemente porque hace más ruido el padre mal educado que los 14 que han pasado desapercibidos porque sus hijos se portaban bien.

    1. Personalmente creo que la gente que pone malas caras en el transporte público a niños, también la pondrá si tiene al lado a un imbécil escuchando música sin auriculares o gritando con su interlocutor a quién se tiró el fin de semana. Es decir, ¿hay diferencia si te llora un niño de 8 meses en el metro que si te llora una adolescente desconsolada? yo creo que no, porque lo que molesta es el ruido.
      Por otro lado, el término #niñofobia es absolutamente exagerado (comparándolo con la homofobia por ejemplo). Siempre va a haber gente que se queje de todo y que el motivo de esa queja sea un niño no implica que odien a los niños o no les quieran ejercer sus derechos a ser niños.
      Yo particularmente sé que los niños son niños y no me puedo enfadar porque uno llore en un avión a mi lado (12 horas de vuelo), ahí nunca diré absolutamente nada a sus padres (ovbiamente), pero coño, tendré derecho a quejarme de la mierda de viaje que me ha dado la criatura ¿no?
      ¿Dónde veis la niñofobia en un hotel dónde solo pueden ir adultos?

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