#YoTambién fui abusada

Escrito por | Sucesos

¿Qué os ha parecido? Imagino que, especialmente, algunas amigas que a lo largo de mi vida me confesaron sus abusos y yo di la callada por respuesta, porque no tuve ovarios a decirles que a mí también me había pasado, estaréis flipando.

Creo que, después de 28 o 29 años, contar esta historia marcará un antes y un después y será, cuanto menos, liberador. No tanto por el trauma, que admito no tener, sino porque me duele en el alma cada vez que se pone en duda el testimonio de un niño y porque, cuando una criatura es abusada, le arrebatan su inocencia para siempre.

Yo tenía 5 o 6 años, no me acuerdo. Acababa de comenzar en un colegio enorme, nuevo para mí, debido a los horarios de mis padres. Me quedaba a madrugadores y al comedor.

A día de hoy, después del comedor los niños tienen actividades vigiladas por profesores, pero de aquella no era así. Ni siquiera el colegio estaba cerrado en su totalidad; de hecho en una ocasión, también en 1° de EGB, me escapé con dos amigas a un hospital contiguo.

El caso es que comías y hasta las 3 y algo de la tarde que se retomaban las clases, tenías dos lindas horas para hacer lo que quisieras en toda la extensión del colegio.

Recuerdo que yo estaba, no sé a santo de qué, en el pasillo de las clases de 1° de EGB, al final del cual había un baño.

Hasta ese momento, yo había sido perfectamente bien tratada por mis padres, tíos, abuelos, profesores, vecinos… Era una niña de cinco años y no contaba con motivos para desconfiar de nadie.

Donde la puerta del baño, a pocos metros de mí, había un chico que me llamó y yo, que no podía imaginar que se tratara de algo malo, me acerqué.

Me metió para el baño y me encerró en una de las puertas de los urinarios. Me bajó los pantalones y se los bajó él. Recuerdo frases como “mira lo que tengo aquí” y “a ver qué tienes tú”. Me obligó a tocarle el pene, por suerte no a masturbarle. Tampoco me violó.

Comencé a llorar desconsolada y a decirle que me dejara en paz, que dejase que me marchara. Me obligó a que primero le diera varios besos en la cara, fue tremendamente asqueroso.

Entonces, y ante el miedo de que llegara alguien, me dejó ir.

No comenté nada hasta que llegué a casa y soy incapaz de recordar cómo se lo conté a mis padres, que fueron al colegio al día siguiente.

Uno de los profesores que vigilaban el comedor -y que debía tener a los niños controlados en el patio y a la vista, sobre todo con la pasta que se pagaba-, me llevaba todas las mañanas, a madugadores,varias fotos de alumnos de COU para que identificara quien había sido.

“No sé, no sé”. En una ocasión, creí reconocer al culpable: “Me parece que es este”. Pero no hubo resultado. Los profesores y mis padres concluyeron que eran las invenciones de un niña, como si con cinco años supieras lo que es un pene erecto, que tiene vello y te pudieras inventar que te han encerrado en un baño.

Meses más tarde, en el anuario escolar estuve segura de que era él quien aparecía en una de las clases de COU… Pero no me atreví a decir nada.

Me acuerdo de que un día se lo relaté a otro familiar y me dijo que me callara.

Con 12 años tuve una crisis bastante fuerte durante el verano. Me bajó la regla, me di cuenta realmente de que era atea, la preadolescencia empezó a hacer mella en mí y, después de tantos años, la historia volvió a mi mente. Creo que se quedó esperando en mi memoria a largo plazo y ese día regresó.

Me acerqué a mi madre -estábamos en el pueblo- y, no recuerdo con qué palabras, le saqué el tema. “Ah, pero fue verdad”, contestó. Ahí fui consciente de que no me había creído ni Rita, mientras que aquel asqueroso llevaría siete años abusando de niñas, quizá ya de sus propias hijas. Sentí una rabia indescriptible.

Con 14 años, acudí por primera vez en mi vida a una psicóloga, debido a la muerte fe una de mis mejores amigas y a temas relacionados con mis altas capacidades.

“Hace poco, organizamos un retiro donde le pedimos a la gente que, con los ojos cerrados, levantaran la mano si habían sufrido abusos sexuales durante su infancia. Te sorprendería saber que más de la mitad la levantaron.

A mí misma me pasó. Cuando era pequeña, fui al cine con mi hermana mayor y unas amigas. Me senté en la esquina y un hombre mayor se pasó toda la película sobándome las piernas. Como ellas siempre estaban presumiendo de esto y de lo otro con Fulano y Mengano, yo se lo conté como un orgullo y lo empezaron a buscar horrorizadas, pero ya se había ido.

Ahora mismo tengo una paciente que fue violada durante toda su infancia por su abuelo y, para colmo, en cada cumpleaños, su madre la manda participar en una postal de <<Felicidades Abuelito>>.”

Ahí no pude más y solté mi ira, defendiendo que esa chica tenía que explicarle a su madre que su propio padre era un violador y no un abuelito entrañable, merecedor de recibir postales ni regalos.

“Yo no lo veo así, la verdad. Lo que hago es tratarla, pero que confesara la verdad solo serviría para destruir la familia y hacerle daño a su madre.

En cuanto a lo que te pasó, cuando te asalte el recuerdo por las noches -que por aquella época ocurría frecuentemente-, imagina que estás allí y que lo violas con un palo o le das una paliza”.

Aunque nunca entendí la terapia de la niña y el abuelo, sí me sirvió, más que el consejo, poder verbalizar aquello.

Recuerdo anécdotas curiosas de mi vida, como la desconfianza. Pensaba que todos los hombres eran violadores en potencia.

En una ocasión, también con 14-15 años, estaba viendo una serie y me llamó muchísimo la atención que los padres del niño lo dejasen ir a jugar a su habitación al futbolín con un amigo de la familia. Reconozco que, aunque en los últimos años en menor medida, siempre he visto posibles agresiones sexuales en casi todo.

Creo que este tema se hubiera quedado silenciado si, en lo difícil que es ser madre, no me hubiera hartado de los consejos de mi madre y no hubiera terminado por echarle en cara que tratara de darme clases de nada, cuando de su hija abusaron sexualmente en el colegio y la cosa se quedó igual. Que si se lo hacen a un hijo mío, les quemo el colegio y les como el alma.

La respuesta de mi madre, supongo que como mecanismo de defensa, porque a nadie le gusta que abusen de su hijo y no resolver absolutamente nada, fue que ella y mi padre habían ido al colegio y que allí no se había identificado a nadie. “Si SEGÚN TÚ te pasó eso, vete y denuncia”.

Según tú…

¡Según tú!

¡¡¡Según tú, hostia puta, me cago en Dios!!!

Si cuando en Psicología del Testimonio, en tercero de carrera, la profesora hablaba de cómo saber cuando un niño abusado decía la verdad no me podía acordar más de mí misma.

Ese según tú, justificación, mecanismo de defensa o lo que fuera, me hizo más daño que una patada en el estómago.

Y el vete y denuncia, sin contar que está prescrito, ¿a quién coño denuncio? ¿Con qué pruebas?

Ese hijo de puta hoy tendrá unos 46-47 años aproximadamente… Y a saber a cuanta gente ha hecho daño ya. A cuantos niños les arrancó la infancia, la inocencia.

Solo puedo desear que ojalá esté muerto, pediros que escuchéis siempre a vuestros hijos, recordaros que un niño no se inventa eso y poner mi granito de arena para frenar esta mierda.

Desgraciadamente, también tengo muchas historias de acoso sexual.

Y, para terminar, le quiero pedir perdón a una persona. A Virginia. A mi mejor amiga, que se tiene que estar quedando de piedra leyendo esto y a quien nunca me atreví a contarle nada pese a la confianza existente.

Siento que te enteres así y casi a los 34 años… Antes me fue imposible.

Última modificación: 19 octubre, 2017

7 Responses to :
#YoTambién fui abusada

  1. D.V. dice:

    No tienes que pedirme perdón por nada, sólo faltaba. Me duele en el alma que hayas tenido que sufrir eso, es increíble el daño que se le hace a una persona con algo así.

    Has sido muy valiente al contarlo en público (si no lo hubieras contado me parecería igual de bien), y sólo puedo decirte lo que ya sabes de siempre: que eres como una hermana para mi y que te quiero de corazón.

  2. Natalia dice:

    Que valiente por contar los que muchas callan! Imagino que todo lleva un proceso y que no debe ser nada fácil. Siento mucho que no t hayan escuchado cuando eras una niňa, ya no había marcha atrás, pero quizas el cabrón (perdón, no me cabe otro calificativo) hubiese recibido un escarmiento y no hubieses tenido que vivir con tanto peso encima. Me quedo con tu frase “Escuchad siempre a vuestros hijos”. Espero que estas vivencias sirvan para darnos cuenta que no nos pilla tan lejos el acoso y los abusos

  3. Mami rebelde dice:

    Me parece asqueroso q una niña tenga q pasar x eso y q no se la crea. Y es q la presión social tiene mucho q ver en este tema. Eres muy valiente!! Espero q esto te sirva xa poner punto y final a esa experiencia. La verdad es q yo muchas veces me he callado ante situación con tíos x vergüenza o x idiota o x educación y eso se tiene q acabar!!
    Pienso en mi hija y termino como poco detenida. Aunque entiendo q asumir y aceptar eso como madre es difícil… no guardes rencor a la tuya. No mereces pasarlo mal x esta historia. Un beso enorme

  4. Mamá Pingu dice:

    Vaya hijo de puta. Y desgraciadamente estamos rodeados de ellos. Tu historia es desgarradora, no solo por los hechos sino por la respuesta de tu entorno. Desgraciadamente sé lo que es que nadie te crea. Contar estas cosas no es nada fácil, gracias por hacerlo. Un fuerte abrazo.

  5. Anacris77 dice:

    Le has echado ovarios corazón! Sé y lo sé bien, que a nadie le gusta exponerse contando ciertas cosas y algo tan espantoso es aún más complicado, primero de reconocer, y segundo de decirlo en voz alta.
    Qué decirte? Nada puede hacer que esto no haya sucedido y eso es lo único que ayudaría, poder volver al pasado y evitar que sufrieras esto. Lo único que se me ocurre es, bueno que coño lo que me apetece realmente es buscar a ese malnacido y cortársela con unas tijeras de poda.
    Un abrazo enorme

  6. Lady Cat dice:

    Muchísimas gracias a todas, gracias infinitas.
    Mil besos.

  7. remorada dice:

    Después de más de una semana sin leer blogs me encuentro con esto y me da rabia, nadie tendría que pasar por algo así, ni por el acoso ni por el descrédito… todo tiene consecuencias, si bien por suerte no fueron daños físicos, hay daño en el alma… creces lleno de desconfianza y se afectan las relaciones con otras personas. no es justo.

    Es imperdonable y solo puedo felicitarte por tener el valor de hablar públicamente del tema y hacernos reflexionar.

    un abrazo <3

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