#YoTambién he sido víctima de abusos sexuales – Elisabeth I.

Escrito por | Actualidad, Sexo, Sin categoría, Sucesos

Llevo posponiendo este momento días.
Ahora estoy sentada frente a esta página en blanco, temblando un poco. No atino bien con las teclas y me he equivocado cinco veces al intentar meter mi contraseña para poder acceder a la página.
Tengo frío y una especie de nudo raro en el estómago. No son nervios, no es ansiedad. Es algo distinto que no logro identificar.

¿Cómo cuento esto?
¿Me creerá quien lo lea?
¿Cómo reaccionará la gente de mi círculo que no lo sabe?
¿Vais a juzgarme, quienes lo leáis?
¿Cómo va a ser el resto del día?

Esta historia la conocen mis padres (a quienes se lo conté a punto de cumplir los dieciocho años), dos amigas (que se enteraron hace, como mucho, seis meses) y punto. Cuatro personas.

Creo que me resulta más fácil verbalizarla que escribirla. Puedo irme a otro lugar mientras hablo, pensar en otra cosa, distanciarme de mí misma y contarlo de forma aséptica, como si estuviese hablando otra persona.
Escribirlo es diferente. Tengo que tener la mente y los dedos aquí, ahora. No puedo escribir en piloto automático. No sobre esto.

Bueno, o lo hago o no lo hago, así que ahí va:

No recuerdo cuántos años tenía yo cuando pasó por primera vez. De hecho, creo que ni la recuerdo.
Los recuerdos son difusos y se entremezclan.
Pero en una foto de mi segundo cumpleaños, esa persona aparece conmigo. Y por su cara sé que en aquel entonces esto ya ocurría. Daos cuenta: dos años. Con dos años ya estaba siendo abusada sexualmente.

Obviamente tenía que ser alguien de un círculo muy próximo al mío. Desde luego: la nieta de una vecina.
Era bastante mayor que yo y sí, habéis leído bien: nieta, en femenino.
Ah bueno, pero si es una mujer, no es para tanto. Mis ovarios flamencos.

Contaré lo que recuerdo: que esto es un juego muy divertido entre tú y yo y jugamos a esto y no a otra cosa porque a mí me gusta y como tú quieres ser mi amiguita y no quieres que dejemos de vernos para jugar, se hace lo que yo diga.
Y no se lo puedes contar a nadie, ¿me oyes?
-me sujetaba muy fuerte con su cara encima de la mía-. A NADIE. Porque nadie te creería, pensarían que eres una putita, una zorrita muy guarra y además ya no nos dejarían jugar más juntas.
Yo a esto no juego con todo el mundo, ¿sabes?, juego contigo porque te quiero mucho, es nuestro secreto de mejores amigas, ¿vale? Júralo.

Me quitaba la ropa y bueno, sin entrar mucho en detalles, pasaba de todo. Ponte arriba, ponte abajo (me aplastaba y me costaba respirar, cuando se colocaba sobre mí); tócame aquí; tócame allá, sí, así me gusta mucho -gemía-; no llores, no hagas ruido, déjame tocarte aquí, me gusta mucho porque es muy pequeñito y está apretado; haz esto, déjame hacerte esto; túmbate ahí desnuda hasta que yo te diga, que te quiero mirar…

También usaba elementos externos: revistas, ropa interior que hoy en día solo consigues en según qué sitios… y libros. No sé de dónde sacaba todo eso pero básicamente, me colocaba la ropa interior, tacones y me hacía posar para ella. Luego ya venía el resto.
Los libros y revistas eran lo que más asco me daba, me daba… ¿cómo decirlo sin que suene demasiado salvaje?, clases de anatomía: esto es un pene, esto son testículos, es lo que tienen los hombres. Esto es una vulva, esto una vagina. Lo que tienes tú. ¿Ves el pene este?, está flácido, así no se puede hacer nada con él. Tiene que ponerse duro y entonces se lo puedes meter a la mujer en la vagina porque ella está mojada, ya sabes (oh sí, hija de la gran puta, claro que lo sé, lo sé porque me lo has enseñado tú por medio de la experiencia empírica: “mira, esto significa que me gusta mucho, ahora podrías meterme una polla pero como no tienes… ven, tócalo, te digo que lo toques, que me gusta. Chúpame. No llores, si te resistes te tengo que sujetar y te haré daño, vamos, chupa, está rico. Quiero que te pase a ti también y probar a qué sabe, quiero mancharme los dedos con tu líquido, mira, déjame frotarte más y meterte más, a ver si así te mojas…)

Si pensáis que esto con una mujer es menos malo… no lo es. Te obligan a hacer cosas que no quieres hacer. Usan todo de lo que disponen anatomicamente y si no es suficiente, buscan algo que haga las veces de esposas, de pene… de todo.
Te violan, coño, te violan igual. Te soban, te meten las manos entre las piernas, todo lo que tienen y encuentran, va dentro. Te hacen tocarlas, te aprietan fuerte, te llenan de saliva y sudor y fluidos asquerosos, te sujetan muy fuerte, te atan, no te ahorran nada.
No por no tener pene es menos malo. Es asqueroso. Podrán no tener pene pero manos, dedos, lengua, juguetes… tienen.

Y no chilles. No te quejes. No llores. No digas nada. Júralo.

No recuerdo cómo me chantajeaba porque por aquella época, además de este problema, tenía otro de un carácter similar. Al no entrar en la categoría de abuso sexual, no lo voy a compartir en esta misma entrada.
El caso es que se me juntan los chantajes de un lado y del otro.

Pero lo que sí recuerdo es su cara cuando nos cruzábamos por el barrio, por el edificio. Su mirada. Su luego paso a por ti. Y a mis padres felices y contentos porque creían que iba a pasar la tarde jugando.

Recuerdo cómo terminó: trajo a otra niña. Nos metió a las dos en la habitación y comenzó a aleccionar a la otra y a quitarle la ropa. Creo que yo tendría unos siete años, ya era un poco más mayor como para poder reaccionar un poco.
La otra niña oponía resistencia y se le saltaban las lágrimas. La Hija De La Madre Que La Parió Y Se Quedó Más Ancha Que Larga, salió de la habitación a buscar algo y me dejó sola con la otra niña que estaba como catatónica, pobre mía. La chiquilla debía tener unos cuatro años.
Le pregunté si era la primera vez que I. quería jugar a eso con ella y asintió con la cabeza. Temblaba. Le caían las lágrimas por las mejillas.
La Enferma volvió rauda y veloz y le dije que se había acabado jugar a aquello, que o nos dejaba abrir la puerta y salir al resto de la casa o la otra niña y yo íbamos a empezar a chillar y a aporrear la puerta.
Se puso roja de ira. Pero accedió, abrió la puerta. Me llevé de la mano a la otra niña a donde estaban los adultos y les dije que yo me quería ir a mi casa, que no me encontraba bien.

Esa fue la última vez. Nunca más vino a buscarme y cada vez iba menos y menos a casa de sus abuelos.

Cuando ya tenía trece años, mi madre y yo nos la encontramos en el portal del edificio. Hablaban normalmente. Bueno, hablaba mi madre, ella miraba al frente. Y yo la miraba a ella fijamente, sin pestañear. Le estaba diciendo que lo recordaba todo y que ahora tenía la absoluta certeza de que lo que me había hecho estaba mal. Y ella lo sabía, lo sabía porque no atinaba a articular palabra y estaba roja como si le fuera a dar un ataque. (Supongo que cuando no ya no aguantó más) espetó que se le había olvidado comprarle algo a sus abuelos y salió corriendo.

A día de hoy sé que tiene un hijo. Sé dónde trabajaba. Y si por alguna casualidad de la vida, enferma de los mismísimos cojones, llegas a leer esto: algún día te volveré a ver. Algún día alguien me dirá dónde vives, dónde trabajas. Y te prometo que te iré a buscar y le contaré a tu hijo, tus hijos, lo que hacías, la clase de persona que eres. Te prometo que algún día te volveré a ver. Y no hará falta que te ponga un solo dedo encima para que te acuerdes de mí el resto de tu vida, puta enferma.

Última modificación: 19 octubre, 2017

4 Responses to :
#YoTambién he sido víctima de abusos sexuales – Elisabeth I.

  1. Buf, es escalofriante lo que cuentas, eres muy valiente de contarlo aquí, porque esto puede ayudar a otras víctimas de abusos a dejar de callar, a dejar de sentirse culpables por algo q no fue culpa suya, a sacarlo de una vez…gracias por explicar algo así, es importante darle visibilidad. Te mando un abrazo fuerte, ha tenido que ser horrible para tí, sólo de pensar que a mis hijos tmb les podría pasar, y que pasa más de lo que nos pensamos… Buf!! Lo siento mucho, siento que hayas tenido que pasar por esto.

  2. Lady Adanyl dice:

    No tengo palabras suficientes para describir lo nauseabundo que me parece esa “persona” si es que se la puede llamar así. Y encima tiene hijos… Sé que las palabras no pueden cambiar nada, ni hacer desaparecer todo lo que has sufrido. Pero desde aquí te mando un fuerte abrazo y todo mi apoyo. Espero que algún día esa persona pague por todo lo que ha hecho.

  3. Anacris77 dice:

    Repulsión. Esa es la palabra. Creo que en tu lugar a mí al volver a verla me hubieran invadido el instinto homicida. Bien por ti, porque creo que yo hubiera acabo en la cárcel y ella hecha cachitos pequeños. Como le he dicho a Eva, es lo que realmente apetece hacer a estos engendros.
    Un abrazo

  4. remorada dice:

    me he quedado descompuesta con esta experiencia, qué duro…

    pero no dejo de pensar en cómo tu agresora podía saber tanto de temas sexuales, usar ese lenguaje, conseguir esos artículos… posiblemente se lo “enseñó” otra persona, lo que no la disculpa en lo absoluto, ni mucho menos, pero da que pensar…

    muy poca gente tiene los recursos emocionales para romper círculos viciosos, fuiste fuerte con 7 años para salvar a otra niña y salvarte.

    T_T

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