Aventuras en el cole: Sobresaliente en Lengua

Escrito por | Literatura, Mapaternidad, Personal

Ayer por la tarde, terminé de leer Escrito en el agua, de Paula Hawkins y, comentando mis impresiones en el grupo de guasap de la redacción de esta nuestra revista, Chema se sorprendió de lo rápido que leo.

Afortunadamente, después de mis tres primeros años como madre, he vuelto a lo que siempre fue mi rutina. Aprendí a leer en Preescolar y siempre me llamaban la atención los libros recomendados para edades superiores a la que yo contaba.

Esto nos recordó a Virginia y a mí una anécdota acontecida en 7° de EGB.

Ese curso, tuvimos un profesor nuevo. No en el colegio, pues se trataba de un señor mayor que llevaba toda su vida allí, pero sí para nosotras.

Este hombre nos impartía Lengua e Historia.

En clase de Lengua bien -y tan bien, de eso va el post-, pero en Historia nos soltaba unas parrafadas que aburrían a las piedras. Sus clases eran soporíferas, por lo que decidimos rebautizarlo como La historia interminable. Esa frase, aparte del mote de dicho docente, encabezaba en mayúsculas la portada interior de las libretas de sus asignaturas. El pobre hombre nunca nos preguntó a qué venía eso, pero éramos tres las alumnas que tuvimos a bien adornar así el material escolar.

A principio de curso, LHI anunció que por cada libro que nos leyéramos e hiciéramos redacción, la cual leeríamos en clase, tendríamos un punto positivo en la evaluación.

Suponemos que estaba acostumbrado a que la gente no leyera, para incentivar así la subida de nota, o que como mucho hicieran una o dos redacciones a lo sumo… Pero dio con Virginia y conmigo.

Nosotras siempre hemos soltado un libro y cogido otro. Por tanto, era rara la semana que no interrumpiéramos la clase para leer al menos una redacción.

Así, sacáramos la nota que sacáramos en los exámenes de Lengua, nuestra nota era un 10 y todavía nos sobraban puntos para aprobar con Sobresaliente a la clase entera.

LHI estaba desesperado, pues nunca se había encontrado nada igual. Un día, después del segundo trimestre, nos pidió por favor que dejáramos de escribir redacciones de nuestras amplias lecturas, porque con menos esfuerzo sacábamos más nota que gente que igual se había preparado más los exámenes pero no tenía nuestro afán devorador de libros. Que era muy loable, sí, pero que estábamos en evidente ventaja y que ya era suficiente.

No recuerdo las palabras, pero lo dijo de una forma despectiva para alguna persona a quienes otros profesores peloteaban por motivos que no vienen al caso, y que se quedó ofendidísima cuando, por una vez, un profesor la hacía perder en una comparación. Que no le estuvo mal para descubrir que son odiosas, todo sea dicho.

El Fangoso, por su parte, también andaba mosqueado, y lejos de alegrarse, le indignaba que sacásemos notas más altas que otros compañeros más trabajadores (y enchufad@s, se le olvidó añadir) cuando dedicábamos más tiempo a leer, escribir obras de teatro, mandarnos cartas kilómetricas y montar movida que a la dignísima labor del estudio.

El caso era echarnos la bronca, ya fuera por una cosa o por la otra.

Y así sacamos Sobresaliente en Lengua, chavales. Temps era temps.

Última modificación: 29 abril, 2018

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