Castigos escolares ejemplarizantes

Escrito por | Mapaternidad

Hace unos días saltó el escándalo: un niño había sido castigado por no hacer los deberes y lleva la friolera de 7 meses sin pisar un recreo.

Todo el mundo ha puesto el grito en el cielo. Ciertamente, parece desproporcionado semejante correctivo, y yo misma me escandalicé cuando leí sobre el particular.

Pero luego me puse a reflexionar, y creo que, en realidad, Eva y yo no nos podemos quejar al respecto. En los aproximadamente 2 años que tuvimos como tutor al Fangoso (en otros hilos ya os he hablado de este siniestro personaje), calculo que los 7 meses sin recreo, fácilmente los pudimos superar entre castigo y castigo en el patio rojo.

Creo que no había semana que no nos castigara mínimo un día. Ya no me acuerdo de los motivos, pero siempre había alguno. Cuando no era no llevar los deberes hechos, era por alguna queja sobre algún mote impuesto a algún compañero. Y si no, por reírnos en mitad de la clase de inglés.

Recuerdo un día en particular, que reinando en la clase un silencio sepulcral, Eva soltó una carcajada tan fuerte, que todos dimos un respingo del susto; el Fangoso se ofendió muchísimo, ya que se lo tomó como una afrenta y una falta de respeto a su buen hacer didáctico, y visiblemente mosqueado, dijo con voz atronadora:

– Señorita Eva, ¿¡qué es lo que le causa tanta gracia!? (Nos trataba de usted).

– Nada, nada. (Más risas).

– Nota para casa: me estuve riendo y no atendí en clase de inglés. (Siempre nos mandaba escribir las notas a nosotros mismos para que las firmaran nuestros padres).

Yo no sabía qué le había provocado a mi amiga tanta hilaridad, porque nos sentábamos muy lejos; pero se me contagió la risa imaginándome cualquier parida y me empecé a reír también, por lo que el Fangoso tronó de nuevo:

– Virginia, ¿usted también se ríe? El próximo recreo vengan las dos al patio rojo a hacerme compañía.

Esta era una de tantas. Lo mejor es que estar en el patio rojo, consistía básicamente en estar sentadas aburridas mientras él vigilaba el patio y se fumaba un cigarro detrás de otro, echándonos el humo en la cara (sí, fuimos fumadoras pasivas unos cuantos años. Y oye, eso a nadie le escandalizaba, se daba por normal), y cuando ya no podíamos más del tedio, nos poníamos a hacer el pino en la pared, o a criticar a cualquiera de clase que nos cayera mal en sus narices.

La verdad, yo creo que se lo pasaba mejor teniéndonos allí castigadas, que solo.

En otra ocasión, también con la clase en absoluto silencio, algo no le salió muy bien a Eva, y se escuchó con fuerza:

– ¡MIERDAAA!

Ese día el Fangoso se cabreó muchísimo, y fue otro día añadido de patio rojo.

Como estas, cientos.

Así que me río yo de los 7 meses de castigo del mojoncito de la noticia.

Tenemos la piel muy fina, y ya no nos acordamos de cuando en aquellos maravillosos 60, se corregían los malos comportamientos a regletazo limpio, tirones de coleta y bofetadas a mano abierta.

A nosotras por fortuna, eso ya no nos tocó. Pero patio rojo, tenemos para varias reencarnaciones.

Última modificación: 7 junio, 2018

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